Está comprobado con datos a lo largo de muchas décadas que, para generar sociedades sostenibles, necesitamos tener más mujeres involucradas en las economías de sus familias, comunidades y países, generando valor a través de empleos de calidad o de sus emprendimientos.

La mitad de la población son mujeres y apartarlas de las economías es como volar un jet con un solo motor: No sólo es ineficiente, sino que, después de cierto tiempo, puede ser desastroso.

Medir las brechas ha aportado valor, porque se ha despertado la consciencia sobre la gravedad del problema y el impacto para todos de la no igualdad. Gracias a la medición de las brechas se han empezado a tomar iniciativas que han producido ciertos avances en algunas áreas, como la salud o la educación.

Sin embargo, la medición de las brechas también tiene limitantes importantes, porque se ha estado enfocando en síntomas, por un lado, y no ha logrado un diseño de soluciones integrales con impacto en las economías de las familias o los países, por otro lado. Tanto es así, que la brecha económica es mayor que nunca: serán necesarios 202 años para que se cierre totalmente. 

Como lo demuestra la medicina, un medicamento que resuelve un síntoma puede esconder la verdadera enfermedad. Si los medicamentos se utilizan para disminuir los síntomas, dejamos que la enfermedad avance silenciosa y, cuando esta se manifieste con fuerza, puede ser muy tarde para combatirla.

También se han hecho avances importantes para elevar la consciencia sobre el sesgo inconsciente de las personas, lo que llaman expertas, como Herminia Ibarra, de INSEAD, “second generation bias”. Pero la Neurociencia ha demostrado que todos tenemos sesgos y estos hacen parte de quienes somos como seres humanos: una mezcla de genética, educación y experiencias que determinan una forma particular de pensar.

Cambiar las creencias de las personas es un camino difícil y largo. Incluso, se ha comprobado, en los últimos años, que las políticas de género tienen efectos contraproducentes en las culturas organizativas, generando mayores conflictos y tensiones, así como rechazo y reacciones fuertes. En lugar de colaborar más, nos enfrentamos más.

¿Cuál es entonces el camino al cambio? ¿A un cambio profundo, duradero, desde el respeto hacia la esencia del Ser y las creencias de las personas?
La Teoría de las Ventanas Rotas, aplicada con éxito durante los años 80 en entornos conflictivos, ha demostrado que el cambio en el entorno produce cambios naturales en los comportamientos de las personas que lo habitan.

Trasladando este aprendizaje al contexto actual, creemos que un cambio en el contexto en el que vivimos a nivel familiar, en el que trabajamos o convivimos como sociedad, nos pueden ayudar a cambiar naturalmente el comportamiento de todos los seres humanos que lo habitan hacia una natural inclusión de todos sus miembros.

Para ello, en lugar de empeñarnos en cambiar comportamientos a través de discursos y políticas que imponen la igualdad -que pueden sentirse de forma inconsciente como amenazas- nuestra propuesta es cambiar el diseño de las políticas, las prácticas o las estructuras organizativas, para generar entornos colaborativos en donde los hombres y las mujeres puedan explotar su potencial y cumplir sus sueños.

En su libro What Works, la profesora Iris Bohnet, Decana de la Kennedy School de la Universidad de Harvard -con quien tuve el honor de compartir una conversación muy interesante hace pocas semanas-, da múltiples ejemplos sobre estos tipos de modelos inclusivos. Los diseños de los equipos de trabajo, los procesos de reclutamiento, las políticas de pago, de incentivos o de desarrollo son los que van a producir estos cambios profundos que tantas décadas de medición y diagnóstico no han logrado.

En otras palabras, es el momento de pasar de la medición a la acción con un cambio radical de perspectiva.

Nuestra Conferencia Euro-Americana de Liderazgo Colaborativo busca precisamente esto: compartir con ustedes prácticas que han funcionado, historias de éxito y modelos que nos pueden producir el impacto y el progreso social que necesitamos para tener países, organizaciones y familias sostenibles. Es la única manera para dejar a nuestros hijos países en donde tengan oportunidades mejores.

Prof. Camelia Ilie – Cardoza
Dean and Chair
Executive Education and Center for Collaborative & Women Leadership

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