El arquetipo del buen gerente dice que debe ser alguien disciplinado, trabajador, emocionalmente inteligente, líder y buen comunicador, además de tener los conocimientos suficientes de su ámbito profesional y un poco más allá. Sin embargo, muchos han olvidado incluir en el menú una virtud necesaria para tener éxito en los negocios como en cualquier área de la vida: la creatividad.

Aunque las definiciones varíen entre autores, se puede entender la creatividad como la generación de ideas valiosas, lo que evidencia la gran cercanía con la frase “generar valor” que se repite a diario en el universo de los negocios.

A fin de cuentas, un buen líder es el que logra (propicia, descubre) respuestas acertadas para problemas que no estaban en el catálogo de recetas. Es decir, el buen líder no puede darse el lujo de no ser creativo, aunque no se autoperciba así.

“Todos podemos ser creativos”, enfatiza Ramiro Casó, psicólogo de profesión, MBA de INCAE y estudioso de la conducta humana enfocada en el liderazgo y el desarrollo de las organizaciones.

Casó empieza restándole gravedad a la palabra “creatividad”. Nadie tiene que ser el Mozart de los negocios o caer en el prejuicio de las excentricidades de los grandes personajes de la historia. Hay personas súper dotadas de habilidades para los negocios, pero esos son casos especiales que no nos deben dirigir a la idea de que “ellos son los creativos y nosotros no”.

Esta característica de “genios creadores” es solo una de las categorías de creatividad conocida como “Big C”, pero después vienen otras que no necesariamente intimidan.

“Son la “Pro C”, grandes intérpretes con estilo propio; la “Little C”, la creatividad objetiva que cada día nos hace crear un platillo nuevo o descubrir un camino para evitar el trancón vial, por ejemplo; y la “Mini C”, referida a las ideas que flotan en nuestra cabeza sin que necesariamente se traduzcan en conductas o productos contundentes”, explica Casó.

Entonces de nuevo: todos podemos ser creativos y en los líderes es más un deber que una posibilidad, sobre todo en un mundo cambiante, poco dado a las recetas.

Hay que tumbar los mitos de que la creatividad es solo para los prodigios, para los pintores o para los beneficiados de musas que se posan de repente sobre los hombros de un afortunado. No: no hay que ser especial, se aplica a todas las áreas y ser creativo es algo que se trabaja en lo cotidiano.

La pregunta esencial es entonces cómo lograr la creatividad. Teniendo claro que es determinante saber plantear las preguntas correctas, mucho para los por procesos, los productos que se quieren, los lugares donde se actúe, las personas a cargo y las posibilidades de persuasión.

Dependerá también de las experiencias previas y el contexto de información a la mano, por lo que también resultan muy útiles los datos certeros y, por tanto, el aporte de las estadísticas o el desarrollo del Big Data, para poder trabajar sobre bases medibles. Los números son aliados de la creatividad, no sus enemigos.

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