Entrevista con Esther Giménez-Salinas, catedrática de Derecho Penal y Criminología de la Facultad de Derecho de ESADE y antigua Rectora de la Universitat Ramon Llull.

En los últimos cien años se ha ganado mucho con el acceso de las mujeres al derecho de voto y a la educación superior. Las mujeres demuestran hoy excelencia en cargos directivos. Sin embargo, no podemos decir todavía que se haya alcanzado un escenario de equidad. Los condicionantes y las responsabilidades que cumplen socialmente los hombres y las mujeres continúan siendo una barrera para el liderazgo femenino.  Esther Giménez-Salinas es una de las pocas mujeres que ocupaban, hasta hace poco, un cargo de rectorado en España. Actualmente es catedrática de Derecho Penal y Criminología en la Facultad de Derecho de ESADE.

¿Qué retos afrontan las mujeres para llegar a ocupar puestos de dirección en el ámbito de la educación superior?

En cifras globales, actualmente las mujeres que están estudiando en las universidades, tanto en Latinoamérica como en Europa, son el 56 %. Es decir, hay más mujeres estudiando que hombres y, en determinadas carreras, la proporción es de 3 a 1. Ello sucede incluso en carreras tradicionalmente más masculinas, como Medicina, puesto que, para acceder a ellas, se requiere una alta nota de corte y las mujeres tienen mejores currículums, en general. En cada promoción, destacan algunos hombres muy competitivos, pero, en cifras absolutas, los mejores expedientes los suelen tener las mujeres.

El problema es que, a medida que avanzan en los estudios de máster o de doctorado, aparece la famosa figura del “techo de cristal” o el “efecto tijeras”. En definitiva, surgen una serie de condicionantes en los cuales pesa, de una forma específica para la mujer, el tema de la conciliación de la vida familiar con la profesional, básicamente porque la carrera coincide con la época de tener hijos.

Es aquí donde empieza una separación progresiva (en las cifras que yo más conozco) con respecto a los universitarios. En el ámbito del doctorado, las proporciones están repartidas en un 50-50 por ciento; posteriormente, en el primer paso a profesores, ya se descompensan un poco y pasan a ser de un 40-60; en el segundo paso, ya son de 30-70, y, finalmente, al llegar a la categoría de catedrático, la presencia de mujeres queda reducida a un 18 o 20 por ciento. En el reto de seguir una carrera académica, las mujeres van perdiendo sus grandes opciones por el camino.

Las cifras, tanto en Europa como en Latinoamérica, son una constante en cuanto a las mujeres: son más en número y mejores estudiantes, y obtienen las mejores becas, pero luego, en un momento determinado, al llegar a una determinada edad, desaparecen. La pérdida del talento femenino, en términos económicos, es también una pérdida muy importante de la inversión que estamos haciendo en educación. Por ello, deberíamos hacer mayores esfuerzos por conciliar determinados aspectos para que el talento femenino no se pierda por el camino.

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¿Cómo ha sido el proceso de incorporación de las mujeres a las universidades? ¿Qué logros y avances se han realizado en este itinerario hacia una mayor equidad en el liderazgo y la gestión de los centros universitarios?

En España, hace poco se han cumplido cien años desde que, en 1910, una mujer pudo matricularse oficialmente en la universidad. Antes de esta fecha, para estudiar en la universidad, la mujer no solo tenía que pedir permiso a su padre y/o a su marido, sino que también necesitaba el permiso del rey. Es verdad que ya había algunas mujeres en la universidad, pero no podían matricularse oficialmente. Por ejemplo, yo soy jurista y, en mi campo, a finales del siglo XIX Concepción Arenal logró asistir a las clases de derecho vestida de hombre y acompañada de su marido, que era profesor, porque de otro modo no habría podido acceder a la universidad… ¡Y estamos hablando de hace solo cien años!

Pero, bueno, el sufragio universal también es relativamente reciente. El primer paso es ser sujeto de derechos. Cuando, gracias al sufragio universal, pasas a poder votar, ya tienes más capacidad para defender tus propios intereses. Y ello no implica que los derechos de las mujeres solo tengan que ser defendidos por estas. Soy contraria a considerar que esta es una cuestión solo de las mujeres. Aunque los movimientos feministas han sido de un gran valor y ellos cabe atribuirles en buena parte los éxitos obtenidos, considero que formalmente la igualdad es una cuestión que atañe a hombres y mujeres

En cien años, la situación ha cambiado muchísimo, y hoy el problema ya no es tanto si las mujeres tienen estudios o no…, sino identificar por qué, después de tantos años de estudios y de pasar ciertas etapas, llegan tan pocas mujeres a los puestos de dirección. El reto, pues, es estudiar a fondo cuáles son las soluciones para que no se pierdan por el camino.

Para que no se pierdan por el camino, ¿qué iniciativas específicas cree que deberían llevarse a cabo con el fin de promover el liderazgo de las mujeres?

Se ha avanzado mucho para que las mujeres accedan primero a la educación y después a la educación superior, y este era el primer paso. No hay equidad si el acceso a la educación no es igualitario. Si las niñas, desde pequeñas, todavía tienen determinadas cargas familiares, como por ejemplo cuidar a sus hermanos pequeños, e ir a la escuela parece que no es tan importante para ellas como para los chicos, ahí hay un problema.

Por ejemplo, en Catalunya, que es el caso que mejor conozco, prácticamente no se registran casos de falta de escolarización de niños pequeños. Los niños y las niñas acceden a ella por igual. Eso ya es un punto de partida importante. Si superamos completamente la etapa de la educación infantil, la primaria y la secundaria, lo importante después es que, una vez finalizados los estudios, exista también una distribución mucho más igualitaria de las cargas familiares. Un estudio muy reciente señala que la pensión media de las mujeres es un 38% menor que la de los hombres. Es decir, que si la pensión media de las mujeres es de 659 Euros al mes la de los hombres es de 1067. La discriminación, que comienza en esas cargas familiares desiguales (que, por cierto, son una actividad económica no reconocida socialmente), se refleja también en la pensión de la tercera edad. Es tremendo, ¿no?

Sin embargo, no soy demasiado partidaria de las políticas de cupos. Es verdad que, en algunos momentos, es importante la discriminación positiva para poder solucionar problemas de desigualdad muy pronunciada o como una respuesta muy concreta a algunos casos. Pero, con la política de cupos, parece que la mujer accede porque le toca por cupo y no por su valía personal… Muchas veces, cuando buscas a un conferenciante, cuando buscas perfiles para llevar a término determinados cargos, a veces es solo cuestión de pensar que también hay muchas mujeres válidas para desempeñarlos.

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Esade
Sobre el autor: ESADE es una institución académica internacional con más de cincuenta años de historia. Su principal patrimonio son las personas: profesores y profesionales al servicio de la formación y de la investigación. Desde sus aulas ESADE aboga por el rigor y la excelencia académica, contribuyendo así al debate público y a la transformación social. El amplio reconocimiento de ESADE, avalado por los principales ránkings internacionales, destaca por la calidad de su enseñanza, su carácter internacional y su marcada orientación al desarrollo integral de las competencias, tanto profesionales como personales. Desde que celebró su 50º aniversario, ESADE ha adoptado ‘Inspiring Futures’ como lema institucional. Con ello, la escuela muestra su intención de fomentar el espíritu renovador en el mundo de la Empresa y el Derecho.

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