Si se adopta una perspectiva a largo plazo, se observa que en los últimos años las diferencias entre hombres y mujeres en múltiples aspectos que afectan el mercado laboral se han reducido sustancialmente. Sin embargo, todavía persisten importantes diferencias en cuanto a los índices de empleo, los niveles salariales o la proporción de puestos directivos ocupados por hombres o mujeres. Por poner un ejemplo, en los países desarrollados, la brecha salarial se sitúa en torno al 10 %, y en España podría llegar al 17 %. Ahora, el estudio ¿Participar o ganar? Mujeres, hombres y competitividad demuestra que los estereotipos de género constituyen una desventaja para las mujeres a la hora de competir en el ámbito laboral.

Pedro Rey Biel, profesor asociado de ESADE, y Nagore Iriberri, profesora de la Universidad del País Vasco, han llevado a cabo este estudio para tratar de comprender si las mujeres tienen un desempeño inferior en entornos competitivos y, en caso afirmativo, por qué. Para ello, han trabajado con estudiantes universitarios de ambos géneros, a los cuales han planteado diferentes tareas académicas (una masculina y otra femenina, según los estereotipos) con informaciones diversas para medir el abanico de resultados.

Los resultados obtenidos señalan que, en condiciones competitivas (estudiadas a través de experimentos de comportamiento en que han participado 640 hombres y mujeres), solo se observan diferencias de género importantes en el desempeño de una tarea cuando se dan tres situaciones: 1) existe un fuerte estereotipo según el cual las mujeres son peores en dicha tarea; 2) se refuerza el estereotipo recordando a los participantes aspectos que les hagan pensar en la cuestión de género, y 3) las mujeres creen que el estereotipo es cierto.

Los resultados muestran que la existencia de diferencias de género en el desempeño es altamente sensible a la tarea que se ha utilizado para medir el desempeño, a los estereotipos existentes y a las condiciones informativas.

Se ha demostrado que las mujeres solo compiten peor cuando existe un estereotipo según el cual las mujeres son peores en dicha tarea. Asimismo, se observan peores resultados cuando se refuerza dicho estereotipo, por ejemplo, recordando el género del contrincante. Y, por último, se evidencia que quienes peor compiten son aquellas chicas que creen que el estereotipo es cierto. Es una cuestión de creencias, más que de realidades.

Técnicamente, de todos los resultados del estudio se deduce que el bajo desempeño de las mujeres no depende del género de su rival, sino de los estereotipos que tienen preconcebidos sobre el sexo de su oponente antes de realizar una tarea. Es lo que los autores denominan la “amenaza del estereotipo” (negativo), que opera sobre un colectivo y acaba provocando que este colectivo se desenvuelva peor.

Como ha indicado Pedro Rey, “debería estudiarse el efecto de corregir ideas falsas preconcebidas sobre la capacidad relativamente menor de las mujeres para realizar trabajos tradicionalmente del ámbito masculino, ya que dichas percepciones no son ciertas”. Los estereotipos afectan las decisiones y el rendimiento de cualquier persona, por lo cual es importante socialmente reducirlos. Es conveniente evitar la clasificación de tareas en femeninas y masculinas, así como los estereotipos en torno a ciertas disciplinas académicas.

Se ha avanzado mucho en este terreno, pero todavía queda bastante trabajo que hacer para aumentar la visibilidad de las mujeres en campos históricamente masculinos. Entre otras recomendaciones, el estudio señala la importancia de dar visibilidad a las mujeres que trabajan y destacan en campos históricamente masculinos y construir role models (modelos a seguir) para derribar estereotipos y, con ello, incrementar su competitividad.

Pero ¿debe el mercado valorar tanto la competitividad? ¿Es un factor tan relevante? La cuestión, según Pedro Rey Biel, es que el mercado de trabajo o el mundo académico son ámbitos competitivos y la competitividad está vinculada con el estatus económico. Estudiar la brecha de competitividad también puede explicar, en parte, por qué las mujeres ganan menos o acaban ocupando puestos de trabajo menos remunerados, y así poder eliminar posibles desigualdades.

Mujeres, hombres y competitividad_v2 (300)

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