El equilibrio de poder global ha cambiado radicalmente en los últimos años debido a la globalización y al ascenso de nuevos países. Asia se está volviendo cada vez más rica y crece a pasos de gigante. Muchos países en vías de desarrollo se han convertido en países desarrollados y ahora ejercen un nuevo rol. En este sentido, “vivimos en la tercera época de globalización desde la Revolución Industrial, la era de la convergencia y las divisiones internas” ha señalado Branko Milanovic, economista y profesor visitante del Graduate Center de la City University of New York durante su diálogo con Javier Solana, presidente de ESADEgeo, en el campus de ESADE en Madrid.

Milanovic ha explicado que para pensar correctamente acerca de la globalización, hay que tomar perspectiva histórica, como una repetición de la primera globalización que tuvo lugar desde mediados del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial. Esa globalización, respaldada por la Revolución Industrial en Europa occidental, transformó el mapa económico del mundo al hacer a Europa mucho más rica, política y militarmente más poderosa que cualquier otra parte del mundo. Permitió a Occidente ejercer influencia y liderazgo global, a veces a costa de otros países.

Ahora, con el ascenso de de gigantes como China, India e Indonesia, así como de países superpoblados como Vietnam y Tailandia, Asia está alcanzando los ingresos occidentales, y tanto Solana como Milanovic creen que tendremos que gestionar el resentimiento de los nuevos “perdedores la globalización”, que paradójicamente ahora son las clases medias de Occidente. Esto provoca que “el crecimiento de China se correlacione cada vez más con la crisis de los países desarrollados y esta circunstancia hace que algunos políticos apuesten por medidas radicales para paliar los efectos sobre sus economías internas”. Otras soluciones que políticos como Bernie Sanders proponen para corregir los desequilibrios de la globalización son políticas redistributivas o una mayor inversión en el Estado del bienestar.

En cuanto a los cambios tecnológicos, Javier Solana ha comentado el impacto de la desigualdad de crecimiento y desarrollo tecnológico, citando la creciente brecha que se ha producido tras el vertiginoso desarrollo y robotización de empresas punteras de tecnología en China, como Huawei. Solana cree que el cambio tecnológico en China ha sucedido en un periodo muy corto de tiempo, lo cual supone que los cambios sociales y económicos relacionados han sido drásticos, tanto dentro de China como en el resto del mundo. “China no solo ha dado un giro económico, sino que se ha convertido en tan solo una década en un líder en varios sectores, entre ellos el tecnológico, algo que nadie esperaba”, ha comentado Milanovic.

“¿Qué pasaría si China exporta su modelo o si otros países copian su modelo de crecimiento? China es mucho más competitivo que otros países occidentales, que se autodenominan capitalistas”, ha observado Javier Solana. Milanovic ha añadido que “el sistema capitalista en China tiene unas características muy particulares y que implican a veces grandes contradicciones, por ejemplo, que la ausencia del Estado de Derecho genere corrupción, y la corrupción ponga en riesgo una administración eficiente”. El experto cree existe un riesgo de que estas contradicciones pongan en cuestión la legitimidad del propio sistema chino y por extensión, del capitalismo.

Solana y Milanovic también han debatido en ESADE en qué medida las instituciones de Bretton Woods ya no son válidas para representar la realidad del nuevo equilibrio global, como ocurrió con la Sociedad de las Naciones en el siglo XX, debido a que Estados Unidos decidió no formar parte de esta organización y esto derivó en su obsolescencia y su incapacidad para representar el sistema internacional. Ahora de nuevo “los cambios globales y el surgimiento de nuevas superpotencias suponen grandes cambios en el peso global del resto de los jugadores globales, pero las instituciones globales no han reflejado esta nueva realidad”, ha señalado Milanovic.

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Sobre el autor: ESADE es una institución académica internacional con más de cincuenta años de historia. Su principal patrimonio son las personas: profesores y profesionales al servicio de la formación y de la investigación. Desde sus aulas ESADE aboga por el rigor y la excelencia académica, contribuyendo así al debate público y a la transformación social. El amplio reconocimiento de ESADE, avalado por los principales ránkings internacionales, destaca por la calidad de su enseñanza, su carácter internacional y su marcada orientación al desarrollo integral de las competencias, tanto profesionales como personales. Desde que celebró su 50º aniversario, ESADE ha adoptado ‘Inspiring Futures’ como lema institucional. Con ello, la escuela muestra su intención de fomentar el espíritu renovador en el mundo de la Empresa y el Derecho.

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