La solidaridad, según ha expresado el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, es fundamental a la hora de hacer frente a la pandemia de COVID-19 y a sus efectos socio-económicos a escala global. Sin embargo, cuando una de las medidas de protección contra la expansión del coronavirus es el distanciamiento social, cabe preguntarse cómo se expresa la solidaridad desde el confinamiento cuando el mejor apoyo que pueden ofrecer quienes no estamos en la primera línea de la atención sanitaria y de los cuidados a aquellas personas cuya salud se encuentra más en riesgo ante la posibilidad del contagio, es precisamente mantener la distancia física. El director del Instituto de Innovación Social de Esade, Ignasi Martí, ofreció sus reflexiones en torno a estas cuestiones en un webinar titulado “Solidaridad durante el confinamiento” en la plataforma digital de Esade Stay Connected, una iniciativa que responde al compromiso de la institución por aportar valor a la comunidad, mediante el conocimiento y el debate social en estos tiempos de crisis.

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En las últimas semanas hemos sido testigos de una miríada de iniciativas de personas en todo el mundo que, desde sus casas, han puesto su empeño y creatividad para encontrar formas de ofrecer apoyo moral y acompañamiento a sus seres queridos a la distancia, facilitadas, en buena parte, por las tecnologías digitales de comunicación. Sin embargo, también cabe preguntarse si estas muestras de solidaridad perdurarán una vez se haya encontrado una cura para esta pandemia, o si éstas se expresan por igual con las personas más desfavorecidas, más allá de nuestro entorno cercano. Las cuatro reflexiones que ofreció Ignasi Martí tienen que ver con esta perspectiva:

Celebrar la solidaridad en tiempos inciertos

Vivimos en tiempos de gran incertidumbre; no sabemos con seguridad cuánto tiempo se van a prolongar las medidas preventivas de distanciamiento social, cómo será el impacto socio-económico a medio y largo plazo; o cuánto tiempo se tardará en desarrollar una vacuna contra el SARS-CoV-2. En definitiva, no sabemos cómo será el mundo después del confinamiento. Mientras tanto, es importante celebrar todos los gestos de solidaridad que se expresan entre familiares y grupos de amigos, entre vecinos, en las asociaciones civiles y grupos de personas que se organizan para dar apoyo a quienes más lo necesitan –ofrecer compañía, compartir tiempo y dar espacio a la expresión de emociones de alegría, de tristeza, o ansiedad– en estos tiempos difíciles.

 ¿Qué tan sólida es la solidaridad?

Al contextualizar la solidaridad en esta crisis, Ignasi Martí se refirió al origen y a los usos históricos de la palabra, donde encontramos dos acepciones distintas. En primer lugar, su etimología se remite al latín solidus, calificativo de aquello que se presenta como sólido, o consistente. En segundo lugar, en torno a la Revolución Francesa surge otro uso de la palabra, que tiene que ver con ideas como la fraternidad y los derechos humanos y civiles, con hacer cosas por el bien común. Martí sugirió un vínculo entre ambos significados: ¿cuán sólidas o sostenibles serán estas formas de solidaridad que vemos hoy, cuando superemos esta crisis de salud pública? Se trata de una cuestión fundamental: si algo aprendieron las ONG y los gobiernos en la última crisis fue, precisamente, que la solidaridad que surge en estos contextos tiende a desaparecer, corre el riesgo de diluirse por fatiga, o porque cuando se ha salido de la crisis las personas vuelven a tener otras preocupaciones. La solidaridad necesita de condiciones que la hagan sostenible y, por tanto, es preciso nutrirla y reforzarla.

¿Qué pasa con las personas más desfavorecidas?

Otra reflexión importante tiene que ver con cómo inscribimos en este marco de solidaridad a las personas más desfavorecidas –en situación de pobreza, marginalidad, o riesgo de exclusión social–; cómo hacemos de este impulso colectivo un gesto extensivo e inclusivo que alcanza a personas que se encuentran más allá de nuestro entorno inmediato, y a quienes, quizás, percibimos como distintas a nosotros. Para la expresión de solidaridad no reproduzca una lógica de exclusión y desigualdad es necesaria la voluntad política que permita construir mecanismos institucionales que la garanticen, también, para quienes más la necesitan.

Cómo construir solidaridad desde aquí

Para sugerir cómo podemos construir redes sostenibles de solidaridad desde aquí, Martí volvió a insistir en la importancia de celebrar los gestos de solidaridad que se expresan de manera espontánea en estos tiempos, porque el cambio de perspectiva empieza por nosotros mismos. En este sentido, Martí hizo referencia a lo que el filósofo checo Jan Patočka llamó “la solidaridad de los conmovidos”: la experiencia personal ante una crisis o una tragedia nos permite responder a situaciones que deshumanizan con nuestra propia humanidad; preguntarnos cómo queremos continuar a partir de este momento, cómo queremos vivir junto a quienes se encuentran excluidos, e incluirles. En momentos como éste, las autoridades ponen el foco en problemas muy concretos y, para dar respuesta a la crisis, se genera una situación de excepcionalidad; pero no debemos olvidar otras cosas que están pasando y que seguirán ocurriendo una vez se supere esta pandemia. Por ello, es importante celebrar los gestos de solidaridad y, sobre ellos, construir la posibilidad de una solidaridad más inclusiva y sostenible en el tiempo.

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