Por Heloise Buckland, investigadora del Instituto de Innovación Social de ESADE y co-autora, junto a David Murillo (ESADE), del informe La Innovación Social en América Latina que se presentará en la VIII Jornada del Instituto de Innovación Social de ESADE.

Las reglas de producción, consumo y propiedad están cambiando rápidamente y la innovación abierta de las empresas evoluciona hacia la economía orientada a lo común. Se están expandiendo nuevos modelos en que las tecnologías y las redes sociales fomentan la transición hacia una economía colaborativa. Forbes estima que los ingresos generados por la economía colaborativa alcanzaron los 3.500 millones de dólares en 2013.

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En este contexto cambiante, la innovación social está en auge y recibe el apoyo de diferentes sectores de desarrollo, con una tendencia general hacia nuevas formas de colaboración. Por un lado, existen los donantes privados, que invierten en programas que apoyan a los emprendedores de base pues entienden que las mejores ideas puedan surgir de cualquier persona del planeta. Por otro lado, los donantes tradicionales se están aproximando cada vez más a sus beneficiarios, gracias a los programas de innovación social. Además, las barreras entre los donantes y los inversores están desapareciendo: hay donantes que arriesgan capital e inversores que priorizan el impacto social.

En este sentido, la innovación social abre nuevos mercados y hace aumentar la inversión de impacto, de modo que el inversor que busca un doble retorno (social y económico) está cada vez más integrado dentro del sector financiero tradicional. La Global Impact Investment Network (GIIN) cifra en 9.000 millones de dólares la inversión de impacto a escala global en 2013, mientras que J.P. Morgan calcula que la inversión global de nuevo capital de impacto podría llegar a 1 billón de dólares en los próximos diez años, con inversiones especialmente en la agricultura, el agua, la vivienda, la educación, la salud, la energía y los servicios financieros en las economías de desarrollo emergente.

Mientras tanto, los beneficiarios están cada vez más implicados en el desarrollo y los procesos se democratizan a través de las tecnologías. Los beneficiarios de las inversiones de los bancos multilaterales dejan de ser agentes pasivos y adoptan un rol mucho más activo en los procesos de desarrollo. En este sentido, en los últimos años se ha observado un boom en la actividad del sector de las microfinanzas, el crowdfunding y la banca móvil gracias a las tecnologías, que han ofrecido muchas posibilidades de democratización de los procesos de desarrollo económico. Además, las nuevas tecnologías facilitan la transparencia y la posibilidad de evaluar el impacto de forma más participativa, al tiempo que exponen a los bancos a riesgos más altos en cuanto a la reputación.

El interés académico por la innovación social crece en todo el mundo, desde el desarrollo de la investigación académica hasta la inclusión de tema en las ofertas formativas. Crece también el impulso político a favor de la innovación social y gobiernos de diferentes regiones del mundo fomentan ecosistemas favorables a su desarrollo. Los agentes gubernamentales pueden desempeñar un papel importante como facilitadores, por ejemplo estableciendo nuevos contratos sociales entre el sector privado y la sociedad civil –como es el caso de los bonos de impacto social– o facilitando capital financiero para apoyar determinadas iniciativas en sus etapas iniciales. Sin embargo, en muchos casos, el contexto regulatorio todavía inhibe la innovación social.

En conclusión, está surgiendo una industria colaborativa y multisectorial, y ya existen casos de innovación social que resuelven problemas de acceso a los servicios básicos a millones de personas. Para que una iniciativa pueda llegar a ‘escalarse’, se requiere, en muchos casos, una dinámica compleja entre varios actores económicos: donantes que apuestan con capital inicial, gobiernos que ajustan el marco regulatorio e inversores que valoran el impacto social. A medida que este ecosistema está cada vez más desarrollado, van proliferando en distintas partes del mundo una serie de iniciativas que llegan a tener un impacto considerable.

Heloise Buckland es investigadora del Instituto de Innovación Social de ESADE. Asimismo, es co-autora, junto a David Murillo (ESADE), del informe La innovación social en América Latina que se presentará el 26 de febrero de 2015 en Barcelona, en el marco de la VIII Jornada del Instituto de Innovación Social de ESADE.

El informe ha sido elaborado por el Instituto de Innovación Social de ESADE con impulso del FOMIN (BID), y analiza las tendencias a escala internacional del desarrollo de proyectos innovadores que tienen un fin social en Latinoamérica y presenta un mapa de los principales actores del ecosistema. Dos estudios presentan casos inspiradores de innovación social en la región, que han contado con el apoyo del FOMIN: Socialab (Chile) y Compartamos con Colombia (Colombia).

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Esade
Sobre el autor: ESADE es una institución académica internacional con más de cincuenta años de historia. Su principal patrimonio son las personas: profesores y profesionales al servicio de la formación y de la investigación. Desde sus aulas ESADE aboga por el rigor y la excelencia académica, contribuyendo así al debate público y a la transformación social. El amplio reconocimiento de ESADE, avalado por los principales ránkings internacionales, destaca por la calidad de su enseñanza, su carácter internacional y su marcada orientación al desarrollo integral de las competencias, tanto profesionales como personales. Desde que celebró su 50º aniversario, ESADE ha adoptado ‘Inspiring Futures’ como lema institucional. Con ello, la escuela muestra su intención de fomentar el espíritu renovador en el mundo de la Empresa y el Derecho.

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