En la actual economía digital y global, dominada por la lógica de los ganadores absolutos, el equilibrio entre los beneficios privados y los colectivos, y la capacidad que los ciudadanos digitales tienen para actuar libremente y por decisión propia, se ha vuelto insostenible. Un gran número de corporaciones y plataformas digitales recopilan datos de ciudadanos y los almacenan en sus propios servidores, de modo que los datos personales de dichos ciudadanos se encuentran dispersos en múltiples bancos de datos a los que no tienen acceso. Esta circunstancia ha erosionado la confianza depositada en estas grandes empresas y está generando una nueva consciencia en torno a qué datos estamos dispuestos a compartir, con quién y para qué. De la misma forma, la proliferación de políticas de privacidad intencionadamente complejas y opacas, y las malas prácticas en la explotación comercial de los datos personales, explican por qué el debate en torno al empoderamiento individual, la soberanía y la autodeterminación digital se encuentra hoy en un punto crítico. La batalla de los usuarios de internet por la propiedad de sus datos es hoy el motivo principal de muchos proyectos de investigación, formulación de políticas y medidas legislativas, que a su vez han suscitado el surgimiento de nuevas empresas y proyectos de innovación social.

Un estudio elaborado por el Instituto de Innovación Social de Esade, titulado My Data, My Rules: From data extractivism to digital empowerment propone una perspectiva acerca del empoderamiento digital, a partir del análisis de trece casos punteros –plataformas digitales e iniciativas de innovación social – que van más allá de la prevención del daño ocasionado por el mal uso de los datos y proporcionan modelos que permiten a los usuarios tener mayor control, capacidad de decisión e incluso beneficios en la gestión de sus datos personales. En términos generales, el estudio extrae cuatro recomendaciones o condiciones necesarias para dicho empoderamiento digital:

1. Dar fin a los silos de datos: las iniciativas estudiadas apuestan por la creación de plataformas centradas en los ciudadanos, que funcionen como agregadores de datos y establezcan un único punto de control para la gestión de la información personal. Esto permitiría a los ciudadanos obtener beneficios al compartir sus datos.

2. Diferenciar entre recolector y editor de servicios: los proveedores de servicios suelen administrar y almacenar directamente los datos de sus clientes, y luego los usan para varios fines. Las iniciativas de empoderamiento estudiadas cambian las reglas del juego y permiten a los ciudadanos almacenar de forma segura sus propios datos en un solo punto de agregación y gestión de datos. Las plataformas, como intermediarias entre el usuario y los proveedores de servicios, facilitan una mayor confianza en la relación de intercambio de datos. De este modo, cada persona puede obtener una imagen más completa de su huella digital y proporcionar información más consistente y menos fragmentada acerca de sí misma.

3. El consentimiento como requisito en todo el ciclo de vida de los datos: buena parte del debate en torno a la privacidad consiste en dotar a los ciudadanos de un rol decisivo en el manejo de sus datos, a través del consentimiento. A veces se olvida que el ciclo de vida de los datos incluye la recopilación, el almacenamiento, el procesamiento, el intercambio y el borrado de los datos. Las iniciativas estudiadas requieren el consentimiento de los usuarios para la recopilación y el intercambio de datos, así como en los casos donde en el procesamiento de los datos participan terceros, y ofrecen a los ciudadanos soluciones fáciles para el borrado de datos en caso de que éstos elijan ejercer este derecho legal. Algunas de ellas han creado políticas de privacidad en colaboración con sus usuarios e incluso los han incorporado en sus comités de ética para debatir qué reglas deberían aplicarse.

4. El dinero no es la única recompensa: algunas de las iniciativas analizadas incentivan el intercambio de datos bajo un esquema de monetización: las personas pueden compartir subconjuntos de datos personales a cambio de una retribución económica, pero ésta no es la única forma de recompensa. Existen otros modelos, como los paneles de datos –que permiten a los usuarios explorar sus propios datos, e incluso compararlos con los de otros–, o el acceso a nuevos productos y servicios. El altruismo de datos es común en las plataformas de salud e investigación, donde se considera que la donación de datos (como puede ser el ADN) contribuye al bien común.

Empoderamiento digital_vf

El estudio My Data, My Rules: From data extractivism to digital empowerment se presentó el pasado 17 de octubre y ha sido elaborado por Liliana Arroyo, Obaid Amjad y David Murillo, del Instituto de Innovación Social de Esade, y constituye la séptima edición de su Antena de Innovación Social. El estudio forma parte del programa RecerCaixa, financiado por “la Caixa” en colaboración con la Associació Catalana d’Universitats Públiques, y se centra en el empoderamiento digital.

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Fundada en 1958, Esade es una institución académica global, con campus en Barcelona y Madrid, y presente en todo el mundo a través de acuerdos de colaboración con 185 universidades y escuelas de negocios. Cada año, más de 11.000 alumnos participan en sus cursos, en las tres áreas formativas: Business School, Law School y Executive Education. Esade Alumni, la asociación de antiguos alumnos de Esade, cuenta con más de 60.000 antiguos alumnos y dispone de una red internacional de 72 chapters, con alumni de hasta 126 nacionalidades, presentes en más de cien países. Esade participa también en el parque de innovación empresarial Esade Creapolis, un ecosistema pionero que tiene como objetivo inspirar, facilitar y acelerar los procesos de innovación de las empresas que participan en él. De vocación internacional, Esade ocupa destacadas posiciones en los principales rankings mundiales de escuelas de negocios como Financial Times, QS, Bloomberg Businessweek o América Economía.

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