Por Robert Tornabell, profesor emérito y ex decano de ESADE Business School.

No es fácil recomendar un cambio de rumbo a todo un hemisferio tan querido en España, por nuestra comunidad de culturas, valores e idioma (en el caso de los países hispanos), en un momento, como el actual, en que la Unión Europea (UE) y, en especial, la zona euro (ZE) se debaten en una difícil encrucijada.

La UE de los 29 no tiene el liderazgo necesario para resolver la crisis de Ucrania y el enfrentamiento con Rusia, el principal suministrador de gas natural a través de unos gasoductos que fluyen desde distintos puntos en que actualmente se producen fricciones. La zona euro no ha resuelto tampoco la crisis de Grecia y ahora se pone de manifiesto que no puede crearse una moneda única con unas políticas fiscales son distintas y sin una unión bancaria (que solo se ha logrado recientemente). Y, por si fuera poco, cabe la posibilidad de que el Reino Unido plantee un referéndum para una eventual salida de la UE, porque una parte de su población y los partidos políticos británicos menos europeístas desean tener su propio sistema, aunque ya mantienen su moneda propia y disponen de un margen de maniobra mucho mayor que los demás países de la UE.

América Latina: la oportunidad de una mayor integración

Por motivos históricos y, no en poca medida, por su geografía, América Latina ha tenido muchas dificultades para crear zonas de libre comercio –si bien ha suscrito acuerdos muy interesantes: el Mercosur, la Alianza del Pacífico y, en el caso de México, el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y el Canadá. Durante siglos, las fuerzas centrífugas la impulsaron hacia los intercambios con el exterior, mientras que las centrípetas, que conducirían a una mayor integración de todo el hemisferio, no ganaron la fuerza suficiente. Ciertamente, Simón Bolívar, el libertador de las Américas, se anticipó casi dos siglos cuando escribió La carta de Jamaica, en que proponía la creación de unos verdaderos estados unidos de América, en contraposición a los que se creaban en el norte, los actuales Estados Unidos. A fin de cuentas, la primera universidad del hemisferio se creó en México, muchos años antes de que naciera la Universidad de Harvard.

Europa es un denso tejido de infraestructuras, con autopistas, vías férreas e incluso fluviales. En América Latina, la Panamericana, que debía llegar hasta los confines del cono Sur, no pudo vencer las selvas del Darién (Panamá) y han quedado al margen las vías hacia el Brasil y Argentina. No ha sido posible aprovechar una de las mayores cuencas fluviales del mundo, posiblemente porque los Andes, con sus ramales en forma de “y” en dirección a Colombia y Venezuela –donde se halla Arataca, el “Macondo” de Gabriel García Márquez– no han encontrado las vías más apropiadas para conectar con el noreste del Brasil.

La dependencia de los ciclos de las materias primas

Ningún país de América Latina tiene un mercado suficiente para generar demandas agregadas que sostengan la oferta de la industria y promuevan unos servicios avanzados. Las políticas autárquicas que favorecieron Celso Furtado y Antônio Delfim Netto, y todos los que defendieron la sustitución de las importaciones, conllevaron una pérdida notable de competitividad. Y, sin duda por eso, se crearon las asociaciones de libre comercio. Brasil y México representan casi dos tercios del producto interior bruto de América Latina, pero, a pesar de su tamaño, no han podido escapar al ciclo bajista de las materias primas que exportan. En el primer trimestre de este año, se ha puesto de manifiesto que la desaceleración del PIB de China y de su comercio exterior, unido a un ciclo bajista en la UE, han ocasionado una persistente caída de precios y de la demanda de las materias primas industriales y agrarias de las cuales dependía el crecimiento de todos los países de América Latina. Desde Chile (cobre y oro) y Argentina (cereales, soja y ganado) hasta toda la cuenca del Atlántico, pues también cayeron los precios del petróleo y del gas natural, que habían sido la base para las exportaciones de Bolivia, el Brasil y, desde luego, Venezuela y México. En la cuenca del Pacífico, el Perú, Ecuador y Colombia experimentaron las mismas consecuencias. Ante una situación que se alarga demasiado en tiempo, con toda la modestia nos permitimos plantear, pues, las recomendaciones siguientes.

Recomendaciones desde el otro lado del Atlántico

Las resumimos en estos puntos:

1) crear reservas de divisas con los ingresos de las exportaciones de las materias primas, como hizo Chile, para hacer frente a las fases de caída de los precios internacionales y dotarlas de manera suficiente en la fase alcista;

2) diversificar las economías, evitando la sobreprotección de la industria, pues solo en los mercados internacionales podemos defender nuestra propia producción interna;

3) contener la inflación y tener una balanza de pagos por cuenta corriente (BPCC) ajustada, pues es bien conocido que los déficits de la BPCC son consecuencia tanto de la inflación galopante como del ahorro insuficiente (público y privado) y de una balanza fiscal negativa, por recaudaciones insuficientes de impuestos justos y soportables;

4) promover el avance hacia una mayor igualdad social –el presidente Lula consiguió duplicar la clase media en poco más de una década–;

5) no endeudarse en dólares, y cubrir las necesidades de financiación de la Hacienda pública con emisiones en la moneda nacional, y tener en cuenta la línea roja que se plantea en el siguiente gráfico.

Gráfico 1. Saldo de la balanza de pagos por cuenta corriente y de la deuda extranjera a corto plazo en comparación con las reservas (en US$)

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Fuente: Fondo Monetario Internacional

Para cada país, sería recomendable que la suma del saldo de la PBCC (si es deficitario) más la deuda extranjera (normalmente en US$) no estuviera por debajo de las reservas de divisas de cada banco central. En el gráfico adjunto (año 2013), Argentina estaba perdiendo reservas, mientras que Chile, Colombia, el Brasil y el Perú quedaban muy por encima y acumulaban reservas para los momentos difíciles.

6) La sexta recomendación se refiere al desarrollo de los mercados de capitales, algo que se propuso la Alianza del Pacífico para tener fuentes de financiación en moneda local y no haber de recurrir al mercado de Nueva York. Pero no solo eso: es necesario también proteger los derechos de los pequeños accionistas. A tal efecto, en el gráfico siguiente, se indica lo que representa el valor capitalizado de una bolsa –por ejemplo, la de São Paulo (BOVESPA)– en proporción al PIB y, en el otro eje, la calificación del grado de transparencia con respecto a los accionistas minoritarios.

Gráfico 2. Protección de los minoritarios y eficiencia de la bolsa

Fuente: Banco Central Europeo, Stock Exchanges Efficiency

7) La séptima recomendación tiene que ver con la oportunidad de tender puentes hacia la UE, aprovechando la cabeza de playa de las empresas españolas, que son las que más han invertido en América Latina y que podrían acompañar a las multinacionales americanas que ya cotizan en el índice LATIBEX de la bolsa de valores española para acciones y títulos de deuda.

Mark Twain escribió que una misma lengua separaba a los Estados Unidos de Inglaterra. Esperemos que el castellano y el portugués nos permitan estrechar los lazos de amistad y culturales para reforzar los intercambios de inversiones y el comercio exterior.

Las previsiones del Banco Mundial

La última previsión del Banco Mundial para América Latina señala lo que nadie esperaba: la gran región podría situarse a tan solo cuatro décimas de una recesión. Este estancamiento podría repuntar al 2 % de crecimiento en 2016 y llegar al 2,7 % en 2017. Las causas son las que hemos presentado en este artículo.

Robert Tornabell es profesor emérito y ex decano de ESADE Business School.

Este post es una adaptación del artículo publicado en The ESADE Alumni Magazine, No. 151 July-September 2015, bajo el título “Latin America needs a change in direction“.

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Sobre el autor: ESADE es una institución académica internacional con más de cincuenta años de historia. Su principal patrimonio son las personas: profesores y profesionales al servicio de la formación y de la investigación. Desde sus aulas ESADE aboga por el rigor y la excelencia académica, contribuyendo así al debate público y a la transformación social. El amplio reconocimiento de ESADE, avalado por los principales ránkings internacionales, destaca por la calidad de su enseñanza, su carácter internacional y su marcada orientación al desarrollo integral de las competencias, tanto profesionales como personales. Desde que celebró su 50º aniversario, ESADE ha adoptado ‘Inspiring Futures’ como lema institucional. Con ello, la escuela muestra su intención de fomentar el espíritu renovador en el mundo de la Empresa y el Derecho.

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