Liderazgo

Renuncia del papa: los desafíos cuando el jefe abandona el barco

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Cuando un líder deja la jerarquía casi siempre se generan turbulencias, pero no es el fin del mundo. A través de un análisis sobre lo que pasa en la Iglesia Católica y en otras compañías, se intenta dar respuesta a cómo asumir una dimisión de este nivel.

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Aunque no fue necesariamente un secreto en el Vaticano, la renuncia del papa Benedicto XVI sorprendió a mucha gente. El líder supremo de una de las mayores instituciones del mundo, del religioso, dio como excusa su edad avanzada y una salud frágil para abdicar del cargo el próximo 28 de febrero. Para algunos, el cardenal Joseph Ratzinger tuvo un acto de grandeza al reconocer su propia dificultad y renunciar entonces a uno de los puestos más influyentes del planeta y permitir que otro liderazgo asuma su trabajo. 

En el caso de la Iglesia Católica, la renuncia del papa es más que una simple dimisión de un líder mayor, al igual que en otras insituciones, donde estos asuntos son más bien complicados. Para tener una idea, la última vez que hubo una renuncia fue en el siglo XV. La decisión tiene impactos administrativos, pero también afecta sobre la fe de los seguidores al catolicismo y, en consecuencia, la influencia de la Iglesia en el mundo.

En el ámbito corporativo una dimisión de este tipo o la vacante que se genera cuando muere el líder son igual de sorpresivas. Cuando las cosas van mal, la renuncia puede hasta acabar siendo observada como una solución sensata. En varios casos, sin embargo, la salida del CEO, el presidente o el equivalente al puesto del papa es una señal de turbulencia. 

Uno de los ejemplos más emblemáticos de ese tipo de situación se dio en 2011, cuando Steve Jobs, co fundador y entonces CEO de Apple, murió. Además del vacío creativo y ejecutivo que dejó, surgió la desconfianza por parte del mercado en relación a la capacidad de su sucesor, Tim Cook, para dirigir la compañía con el mismo éxito. 

En 2008, Starbucks también pasó por una transición de liderazgo. En ese caso, sin embargo, nadie murió y los motivos fueron administrativos. El entonces directivo ejecutivo Jim Donald había conseguido expandir su compañía en el mundo, pasando de 9 mil a 15 mil tiendas, distribuidas en 43 países. Pero por más bonito que parezcan estas cifras, las cosas empezaron a ir mal. Frente a una creciente responsabilidad, el líder consiguió mantener la competitividad de la empresa. La solución: dejar el cargo. En su lugar asumió el fundador de la red, Howard Schultz, que recolocó los “rieles”. 

En el caso de la Iglesia Católica, sólo el tiempo dirá cuál será su rumbo. El próximo papa tendrá grandes desafíos y uno de ellos será convivir con la sombra de un predecedor vivo, algo que -en el caso de la institución religiosa- tiene un peso muy grande. Adecuar la “visión” de “compañía” a los nuevos tiempos es otro de los retos complicados, y que será decisivo para sobrevivir y mantener su influencia en el mundo. 

¿Existiría la Iglesia sin un papa?

En diferentes periodos de la historia, el papel del líder fue cuestionado, sea en las instituciones religiosas, políticas o en el mercado. En la era de “hágalo usted mismo” digital, donde la tecnología abre múltiples posibilidades para quien desea emprender, el liderazgo ha sido nuevamente puesto en tela de juicio, aunque algunos están en contra de eso. 

“Sólo el diablo es más antiguo que el liderazgo. Sin embargo, muchos creen que este fue un ángel caído que no supo liderar en su nivel de poder. Las cosas también funcionan sin líderes, pero funcionan mal y no permiten competir en la nueva sociedad del conocimiento, en el mundo de la tecnología y de la alta competitividad. El líder es fundamental porque su materia prima es generar compromiso. Como el compromiso sólo se da cuando existe la construcción de una legítima visión compartida, donde los objetivos comunes guían el comportamiento de los individuos y de la organización, elos líderes se vuelven fundamentales en todos los segmentos de la sociedad y no solamente en las empresas”, define Antonio Celso Mendes Webber, autor del libro “El líder en tela de juicio”. 

Y usted, ¿qué opina? ¿Es posible dirigir una empresa sin liderazgo?

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