Gestión de Carrera

¿Qué modelo de educación necesita Perú?

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En medio de un archipiélago de propuestas educativas donde predomina el efectismo orientado a enseñar para postular a la universidad, la educación alternativa destaca como una isla de modernidad.

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En una visita guiada en las instalaciones del colegio La Casa de Cartón, Carlos Palacios, director de esta institución educativa, explica a un grupo de padres por qué se definen como un centro de educación alternativa. “Nos regimos por principios y objetivos distintos a los tradicionales, ubicándonos dentro de una corriente pedagógica que plantea una forma más humana de acceder a la experiencia educativa dentro de la escuela. En este contexto el afecto es un elemento trascendental, es el alma del trabajo pedagógico y principio base de nuestra propuesta”, dice.

Entre los recursos que emplean para desarrollar las habilidades intelectuales de sus alumnos –refiere Palacios– se encuentra una de las más interesantes novedades en el campo pedagógico: el método de proyectos, en el que destaca la participación de los estudiantes en su proceso de aprendizaje

“En los proyectos, los estudiantes participan en el proceso de indagación, investigación y producción material. Se pretende que los proyectos respondan a los intereses, las necesidades y las posibilidades de los estudiantes. A través de ellos, no solamente se atienden las exigencias curriculares oficiales, sino que también se potencian e integran a otras materias y áreas formativas”, refiere el director de La Casa de Cartón.

El método de proyectos se encuentra desarrollado nada menos que en Finlandia, país reconocido por tener el mejor sistema educativo del mundo, lo cual se ha ratificado en los últimos años al obtener sostenidamente el primer lugar en las famosas pruebas PISA. Del mismo modo en Cuba, país señalado por la Unesco como el de mayor desarrollo educativo en Latinoamérica, también aplica el mismo método.

Ciertamente las escuelas alternativas no solamente emplean el método de proyectos. También cuentan con una gama de herramientas pedagógicas que tienen por objetivo –refiere Carlos Palacios– desarrollar actitudes afines a los valores que promueven, como son la solidaridad, la búsqueda de la verdad, la libertad y la creatividad. Paralelamente se desarrollan las habilidades intelectuales y las destrezas.

Si bien ya existen en Perú varios colegios que han optado por un método alternativo, aún son islas de modernidad educativa. León Trahtemberg, miembro del Consejo Nacional de Educación en Perú, señala que la mayoría de los colegios “prefiere ir a lo seguro”, es decir, hacer lo que satisface a los padres, que es una educación tradicional, con currículo desintegrado tradicional, que entrena a los alumnos principalmente para responder a las preguntas que les harían las universidades si tuvieran que dar exámenes de ingreso hoy.

El problema con los nuevos modelos –apunta el especialista– es que las universidades y carreras del futuro aún no existen y, por otro lado, no es posible innovar si se mantienen las cosas tal cual. “La innovación vendrá de islas de calidad, de instituciones que se atrevan a ir contracorriente. Los padres tendrán que optar entre la educación tradicional o la que plantea una visión innovadora, y eso requiere coraje e intuición”, señala. 

Al hacer un panorama de la oferta educativa privada en el Perú, José Rivero, directivo del Grupo Impulsor Inversión por la Infancia y también miembro del Consejo Nacional de Educación, refiere que hay varios centros educativos particulares caracterizados por su excelencia académica, la mayoría de ellos basados en su propia tradición y tratando de responder a las exigencias económicas de sus alumnos. Otro tipo de centro educativo privado –añade– es el que se esfuerza por garantizar a padres y alumnos sobre todo el acceso a universidades y recientemente hay esfuerzos empresariales por asociar oferta de centros educativos en los que la tecnología y el inglés son las principales ofertas.

“Los resultados de evaluaciones censales hechas en el Perú indican que a mayor nivel socioeconómico de los estudiantes los colegios particulares presentan mejores resultados que los públicos. Sin embargo en contextos de pobreza la educación privada presenta resultados más deficitarios que los de las también deficitarias escuelas públicas. Es decir, contamos con una educación privada muy heterogénea en la que se combinan centros educativos de excelencia con centros informales que no debieran existir si hubiese acreditación institucional rigurosa”, observa el experto.

Rescatar lo mejor del mundo

En ese contexto ¿es viable la aplicación en el Perú de un modelo educativo de vanguardia como el finlandés? Los expertos coinciden en que no

Para León Trahtemberg, ningún modelo externo es aplicable al Perú porque son contextos y actores diferentes. “Lo que debe hacerse es recoger ideas de la observación de lo que hacen otros países pero la síntesis tiene que ser local”, dice. Y añade que si no se construye localmente el modelo, los funcionarios y actores de la educación no lo sentirán suyo, el Ministerio de Economía y Finanzas no lo financiará y morirá en el papel. “Hay que aprender de las experiencias exitosas nacionales”, subraya. 

Por su parte, José Rivero señala que el modelo finlandés no podría aplicarse en un país tan desigual y con tantos déficits acumulados como el Perú. “La tentación de pensar en modelos de desarrollo educativo exitosos en otros países y trasladarlos adaptados al nuestro siempre será grande”, menciona. 

Rivero recuerda que entidades de financiamiento internacional en las dos décadas pasadas trataron de trasladar modelos auspiciados por ellas mismas que a la postre no dieron resultado en sus propios países. A manera de ejemplo, señala el caso del modelo de municipalización privatizadora difundido a partir de la experiencia chilena, que es hoy severamente criticado y modificado en el país vecino.

“Sin embargo, hay lecciones de la mejor experiencia internacional que debiéramos tomar en cuenta”, dice Rivero, quien coincide con Trahtemberg.

En ese sentido, el especialista señala que un elemento central es el rol del Estado en materia educativa. “Se requiere un Estado proactivo y responsable, capaz de regular la educación de propiedad privada, de exigir y apoyar a quienes pretenden cumplir una función pública y, sobre todo, de fortalecer la educación que depende directamente de él”.

Rivero destaca la importancia de que el Estado logre un buen sistema nacional de educación pública que garantice el derecho a una educación de calidad de todos, particularmente la de quienes menos capacidades económicas tienen. “La calidad del sistema educativo público termina siendo el referente real y concreto de la calidad de la educación de un país”, puntualiza.

Ciertamente no se trata de trasladar experiencias sino de adaptarlas a la realidad local, considerando las particularidades del país. Manos (y cerebros) a la obra.

La tendencia hacia la privatización educativa

Según el Instituto de Investigación para el Desarrollo y la Defensa Nacional (Iniden), hacia fines de los noventa el sector público atendía al 85% de la matrícula del sistema educativo, en tanto el 15% restante era atendido por el sector privado. En lo que va del nuevo siglo, el panorama se modifica significativamente: la cobertura de atención del sector privado en 2011 creció 68% respecto a la de 2000, y se incrementó en poco más de un millón de estudiantes a costa de la caída creciente de matrícula en centros educativos estatales. 

La tendencia hacia la privatización educativa tiene también otras expresiones, apunta José Rivero. Entre 2000 y 2011 la oferta privada en servicios educativos aumentó en 12%, pues asistieron a uno de sus centros tres de cada diez estudiantes.
“Este fenómeno no podría haberse dado sin tres hechos o factores determinantes: a) la gradual devaluación de lo público en educación, b) la bonanza económica vigente y sus efectos en cuanto a percepciones, c) una clase política a espaldas de la educación como derecho básico de todos, particularmente de los más humildes”, dice el especialista.

¿Cómo funciona el modelo educativo finlandés?

Finlandia es reconocido como el país con el mejor sistema educativo de Europa, dado su persistente liderazgo en las pruebas PISA. Se dice, por ejemplo, que los niños finlandeses de hoy estarán en un futuro no muy lejano entre los profesionales más preparados del mundo. En el país el fracaso escolar es casi nulo y se dedica solamente el 6,25% del PIB a la educación.

Al respecto, José Rivero señala que el sistema público finlandés tiene la particularidad de que en él ningún alumno queda excluido. “Ello se ha logrado con centros públicos donde la enseñanza, materiales y comedor son gratuitos; la autonomía de los centros se expresa en las aulas; el currículo por aplicarse es decidido en cada municipio y por el profesor. La educación obligatoria comienza a los siete años y recién a los 10 u 11 los alumnos tienen calificación numérica”, dice.

Otro aspecto clave es que ser profesor en Finlandia es un honor y demanda exigencias, apunta Rivero. La nota de aspirantes a docentes en la universidad debe ser superior a 9 sobre 10 y después deben obtener máster para ejercer la docencia. “Son las pruebas más duras de todo el país”, afirma Xavier Melgarejo, el mayor experto español en el sistema educativo de Finlandia. De cada 1.600 estudiantes matriculados, solamente llega a ser elegido el 10% de los postulantes.

Y el premio a la dedicación es interesante. El pago anual promedio a los maestros finlandeses asciende a US$ 38.000, destaca José Rivero.

Durante los primeros seis años de primaria, los niños finlandeses –que comienzan el colegio a los 7 años– tienen en casi todas las asignaturas al mismo maestro. Recién en el quinto año de la escuela se aplican las calificaciones numéricas, de modo que no se fomenta la competencia ni las comparaciones entre alumnos.

En el sistema educativo finlandés rige el principio de una educación continua no dirigida a la evaluación. Se busca enseñar para la vida y cómo comportarse en sociedad, y que el niño “aprenda a aprender”. En este contexto se encuentra la herramienta de aprendizaje por proyectos, en los que participan activamente los alumnos.

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