No olvidar este concepto: responsabilidad social universitaria

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Entendida como una reflexión sobre el significado social de la producción de conocimiento y la formación profesional de líderes, la RSU toma va tomando fuerza en distintas latitudes. Aquí presentamos una iniciativa impulsada por la U. de Chile que une a académicos, alumnos y emprendedores.

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Hace ya varios años irrumpió con fuerza la Responsabilidad Social Empresarial (RSE). En las compañías se comenzó a hablar de buenas prácticas, de políticas de compensaciones y de beneficios para la ciudadanía. En la actualidad esas palabras han dejado de ser un cóctel de nobles intenciones y se han ido consolidando en todo el mundo.

Algo parecido se espera y proyecta para el ámbito académico con la llamada Responsabilidad Social Universitaria (RSU), entendida como una reflexión sobre el significado social de la producción de conocimiento y la formación profesional de líderes. 

El concepto ya se ha ido adoptando en distintas latitudes y un caso interesante lo relata Verónica Pizarro, docente del Departamento de Control de Gestión de la Universidad de Chile, quien participa en una iniciativa creada en esa institución y que, con el apoyo de los estudiantes de pregrado, brinda asesorías gratuitas a emprendedores en distintas materias de negocios: costos, marketing, presupuestos, gestión de clientes y recursos humanos, por ejemplo.

“La RSU es un concepto nuevo (...) La idea es que se transforme en un modo de docencia, con una metodología de enseñanza que se llama A+S, aprendizaje más servicio, en la que el alumno se inserta en la realidad de manera temprana, antes de egresar y de introducirse en el mundo laboral”, explica Pizarro.

La propuesta tiene también otros alcances. Por lo pronto, el beneficio social de entregar herramientas a pequeños y medianos emprendimientos. “Los elementos que nos inspiraron son sus necesidades propias, como los conocimientos sobre costos, gestión, estrategia y control”, agrega.

La instancia se gestó en 2006, año en que el Centro de Alumnos y profesores de la Facultad de Economía y Negocios de esa Universidad coincidieron en la necesidad de darle mayor dinamismo al paso de los estudiantes por las aulas. Es decir, que las clases no sólo fueran teoría y que los jóvenes tuvieran la oportunidad de la práctica.

“El alumno asume la función real de asesor de una empresa, lo que conlleva conocimientos y habilidades duras y blandas, como el liderazgo y el trabajo en equipo. Son varios aspectos los que van desarrollando directa e indirectamente, desde la puntualidad y el compromiso hasta la lealtad y la confianza”, dice la académica.

Características y operación

Las asesorías, en general, duran un semestre, que es la extensión que tienen los cursos en la universidad y, en cuanto a la operación de las mismas, lo normal es que en cada curso (costos, marketing, recursos humanos, etcétera) los alumnos se dividan por el número de empresas acogidas al programa. Así, a lo largo del período van trabajando esa área del negocio para, al finalizar, entregarle a la Pyme varios productos. Entre ellos, un informe con las problemáticas detectadas, un proceso de enseñanza y herramientras tecnológicas para que puedan aplicarlas en asuntos similares en el futuro.

En tanto, las compañías que se adhieren al programa pueden hacerlo de diversas formas. Una es, simplemente, acercarse a la Universidad de Chile. Otra es que la institución las seleccione a través de ferias de emprendimientos, municipalidades, la difusión en medios de comunicación y otras redes.

En cuanto al perfil de los participantes, Pizarro sostiene que es variado. En ocasiones son personas sin estudios superiores, de emprendedores por sobrevivencia. En otros, de individuos que sí tienen formación. “Cada curso tiene un perfil particular”, añade.

Resultados

Desde que comenzó la iniciativa hasta ahora, han sido asesorados más de 250 emprendedores. “No es que les hagamos un curso y luego los dejamos. La idea es mantenerlos en el largo plazo porque, por ejemplo, si una persona toma un semestre el curso de costos, si está comprometido con la Universidad y si contribuyó con nuestros alumnos, al siguiente período puede tomar las asesorías de presupuestos, marketing u otras, de modo que va potenciando cada vez más sus capacidades. Por otro lado, va ampliando su red de contactos”, complementa Pizarro.

Además, han adherido al proyecto compañías medianas, fundaciones y Organizaciones no Gubernamentales (ONG).

“Los resultados han sido muy buenos. Hacemos mediciones de motivación y los estudiantes están comprometidos. Sienten que están aplicando lo aprendido. Por el lado de la responsabilidad social, el alumno observa la realidad del emprendedor, la del sacrificio y la de que cualquier problemática le va a afectar demasiado a su negocio, que son oportunidades que en la vida laboral no siempre van a tener”, finaliza.

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