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Mujeres en los negocios: ellas se proyectan

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Las universitarias, desde que inician su carrera, suelen tener claro adónde quieren llegar. Incluso si irán a tener hijos o no. La planificación es su ley.

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Christy Walton es la mujer más rica del mundo. Sin embargo, cuando se trata de reseñar cómo registró sus US$25,3 billones, el común de medios no se detiene en esta rubia de 57 años, sino en su marido –John T. Walton– y en especial en quien fuera su suegro, Sam Walton, el hombre que en el estado sureño de Arkansas, en 1962, abrió la tienda que originó el imperio Walmart. Padre e hijo están muertos.

Christy es su heredera. A esto se reduce la gracia de esta dama. ¿Profesión? Ya se dijo: las reseñas la pasan de largo. No se detienen en ella, por más que lleve siete años consecutivos liderando la lista de las más acaudaladas, según la revista Forbes.

La peruana Elia King no está presente en el mentado ránking, pero en 1994 –por mérito propio– se convirtió en la primera gerente general mujer que en el mundo tuvo Eli Lily, una de las compañías farmacéuticas más sólidas de EE.UU. Siete años después, Elia, que se hizo ingeniera civil en la Universidad de Austin, Texas, tenía a su cargo la operación de esta multinacional en la región andina y Centroamérica.

Hoy dirige Rais Vida, su próspera empresa de productos naturales para la belleza y cuidado personal. Cuando decidió seguir una carrera, fue tan inusual la opción que tomó, que fue la única mujer en su facultad. A diferencia de Christy, Elia King no le debe nada a nadie (salvo al ejemplo de sus padres).

Somos más

El pasado marzo, el INEI informó que cada año ingresan 187.200 mujeres al mercado laboral. El porcentaje de postulantes del sexo femenino a las universidades estatales y particulares de todo el país ha crecido 14,1% en 2010 respecto a 2008, según la Dirección de Estadística de la Asamblea Nacional de Rectores (ANR). En total fueron 266.161 mujeres. De estas ingresaron 127.740, cifra no muy distante a la del total de varones: 130.701.

Pese a esta diferencia, el director de este órgano de la ANR, Elipio Moreno, señala que la población de mujeres graduadas viene superando a la de hombres. Año a año estos se matriculan en mayor cantidad, pero también son los que más desertan. ¿La causa? Necesidad de trabajo, sostiene Moreno. Pese a que la mujer también enfrenta esta situación, es más persistente y no abandona sus estudios, añade en base a sus más de diez años en estos menesteres. ¿Cuáles son las nuevas carreras que hoy concitan el interés de las chicas? La ANR no cuenta con esa información.

En la Universidad del Pacífico, de acuerdo con su experiencia de 24 años como docente, la doctora en Economía, Elsa del Castillo, manifiesta que la presencia de estudiantes de uno y otro sexo ha sido por lo general pareja. Durante sus años de estudiante en esta casa de estudios la hoy también directora de la escuela de posgrado no recuerda desbalance alguno de ese tipo en ninguna de las tres carreras que entonces se ofrecían: Administración, Economía y Contabilidad.

Pero no siempre fue así. Próxima a cumplir 50 años de vida institucional, en un principio sus aulas estuvieron pobladas únicamente por varones. El profesor Estuardo Marrou, recientemente nombrado rector emérito de esta su alma máter, hace memoria y señala que tuvieron que pasar cuatro años
para que –en 1966– ingrese el primer grupo de diez o quince señoritas.

Por su parte, el arquitecto Luis Soldevilla, docente y director de la Oficina Central de Admisión de la Universidad Nacional de Ingeniería, advierte que salvo la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Artes, donde el promedio de alumnos hombres y mujeres es parejo, en la UNI la presencia masculina continúa siendo muy significativa.

En especial en la Facultad de Ciencias,–precisa– a cuyas especialidades de Matemáticas y Física, por ejemplo, para el examen de admisión del periodo 2011-I se presentó solo una postulante, respectivamente.

A Elia King, cuando estudiante de Ingeniería Civil en Texas, por ser la única mujer de su promoción más de una vez le dijeron: “¿Qué haces acá? ¡Deberías estar en la cocina!”. Sin perder el buen humor, ella respondía que sí, que podía hacer las cosas bien tanto en la cocina como en Ingeniería.

“Fue una época sensacional”, afirma la hoy empresaria. Su madre, Teresa Chiong, se hizo químico-farmacéutica en la Universidad de Trujillo. “Como mujer profesional, seguramente ha sido una de las pioneras en el país”, cuenta con orgullo. No debe sorprendernos, entonces, que años después Elia se trazara una meta laboral tan clara.

Cuestión de papel

Desde que ingresan a la Universidad del Pacífico, y más allá de la carrera que vayan a seguir, Elsa del Castillo ha encontrado un punto que establece una marcada diferencia según el sexo de sus alumnos: las expectativas laborales.

“En las aulas del primer curso de cachimbos que he dictado por años –Introducción a los Negocios– siempre he hecho esta pregunta: ‘Si te proyectas a cuando tengas 40 años, ¿dónde te ves?’. Y a través de los años he encontrado que las mujeres suelen trazar su plan de desarrollo personal y profesional desde jóvenes cachimbas, mientras que los varones tienen la foto de adónde quieren llegar, pero no tienen tan definido el camino.

Las chicas son capaces de decirte dónde quieren hacer su posgrado terminada la universidad y a qué edad, también a qué edad podrían casarse –o si es que han decidido no hacerlo–, incluso cuantos hijos querrían tener. Tienen también claro si se van a desarrollar en el mundo de la gran empresa local o internacional, si ese será más bien un paso para adquirir experiencia y formar luego su propia empresa o si más bien se proyectan en el mundo de las organizaciones de la sociedad civil. Los chicos, en cambio, te pueden decir en qué tipo de organización se ven trabajando y cuánto esperan ganar a los 40, pero habitualmente no hablan de detalles tan específicos como las chicas”, señala la docente. La preocupación femenina por el cuidado de los hijos –añade– está presente desde que inician sus respectivas carreras.

“Son conscientes de que es difícil avanzar al mismo ritmo que los varones debido a ese tema, pero cuentan por lo general con que su madre las irá a ayudar en la crianza. Otras prevén que la opción será trabajar en empresas con políticas laborales claras de balance de vida personal-laboral y, por supuesto, que contarán con el apoyo de personal en casa y también con el esposo. Este factor, sin embargo, no es uno que ellas consideren que se irá a dar al principio de su vida laboral, sino cuando bordeen los 30 años. Por esta razón asumen que deben dar pasos firmes en sus primeros empleos y avanzar lo suficiente para cuando quieran tener familia estén en posiciones en las que estas facilidades existan”, comenta.

Hay un tema cada vez más presente en el pensamiento de las cachimbas, destaca la doctora en Economía: “No consideran necesariamente el matrimonio ni el tener hijos. Y las que sí, no quieren dejar nada de lado por ello: buscan éxito profesional, buenos puestos, experiencias de vida enriquecedoras y complementarias a su vida laboral, posgrados, etc.”.

A fines de los 60, Elia King no planificó a tal punto su vida laboral. Pero, ni bien terminó el colegio, sin que supieran sus padres postuló a una beca en la Universidad de Austin. Sí, ya sabemos que la ganó y todo lo que vino después. En casa sus padres celebraron su atrevimiento.

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