Liderazgo

Mujeres al mando: seis historias

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A pesar del avance logrado en América Latina en el acceso de mujeres a puestos de poder, aún queda mucho terreno por transitar. AméricaEconomía invitó a seis mujeres líderes en la región a compartir sus propias experiencias sobre las principales resistencias y desafíos que debieron superar en el desarrollo de sus carreras.

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Son necesarias más mujeres líderes... La frase se sigue repitiendo en foros y seminarios locales e internacionales. Mucho se ha reflexionado sobre todo lo positivo que puede aportar la mujer a dirección de organizaciones públicas y privadas. Sin embargo, al margen de excepciones como Dilma Rousseff, Laura Chinchilla o Bachelet en el sector público y Angélica Fuentes o Maria das Graças Silva Foster en el privado, las estadísticas son tozudas. Se mantiene el abismo entre hombres y mujeres respecto a su acceso a posiciones de liderazgo. Según Fortune 500, sólo 12 CEO de las 500 empresas más grandes del mundo son mujeres. América Latina repite la tendencia macro: sólo 12 mujeres a la cabeza de multilatinas, entre las 500 mayores empresas del continente.

En una región tan vasta como Latinoamérica, con diferencias culturales considerables, las mujeres enfrentan desafíos particulares en contextos distintos. Las resistencias que deben superar en su trayectoria hacia roles de liderazgo pueden ser variadas, en dependencia de situaciones personales y contextos sociales. 

Precisamente por lo relevante que es conocer más a fondo sobre historias específicas de aquellas mujeres que ya tienen camino recorrido, AméricaEconomía invitó a seis mujeres que ocupan puestos de dirección en variados sectores y distintos países, responder la misma pregunta: ¿cuál fue la mayor resistencia o desafío que encontró en su carrera y trayectoria como líder y cómo logró superarlo? Las seis nos compartieron sus puntos de vista en respuestas muy personales, pero que a la vez son representativas de los obstáculos que deben superar las mujeres latinas, no importa su procedencia. 

De México, Martha Elena Galindo, CEO y fundadora de Galindo Publicidad

Realmente no creo que se trate de solamente un desafío, sino de varios.

Creo que el mayor, y el más constante, ha sido mantener el servicio y la lealtad de los clientes en un mercado estadounidense altamente competitivo y cada vez más sofisticado, a través del tiempo y la distancia, con un contacto primordialmente de tipo electrónico. Por eso mismo pienso también que es el logro más grande que profesionalmente he tenido. En tanto me conecto sobre todo con clientes corporativos, a lo largo de 21 años he transitado junto a ellos cambios económicos, tecnológicos, financieros, estructurales, organizacionales, fusiones, adquisiciones, incluso familiares.

En cuanto a otros retos que presenta el liderazgo, pues una debe tratar de aceptar la incertidumbre como parte de la rutina. Hay que entender el dinamismo de las subidas y bajadas, entenderlas como temporales, y siempre mantener claro el objetivo de independencia financiera, a pesar de la tentación de un sueldo seguro.

Finalmente, no es menos importante el desafío de equilibrar la chequera, las necesidades de los clientes y de los proveedores mientras mis hijos crecían en un país donde no tenía más familia. Y claro, dedicar tiempo a programar y combinar el descanso en períodos de viajes cortos de vacaciones y sin sentir que abandono el barco.

De Ecuador, Virginia Lasio, directora de Espae-Espol

Vengo de una familia en donde se podía hacer todo lo que uno se propusiera, no conocía “resistencias” y durante mis años de estudiante de colegio -en colegio de monjas, sólo femenino- nunca se dieron, y tampoco en mis decisiones sobre la universidad: decidimos junto a una compañera y aun mi mejor amiga, estudiar ingeniería mecánica en la ESPOL de Guayaquil. En nuestras familias la decisión se aceptó como cualquier otra, pero pronto nos dimos cuenta de que esa no era la norma; otra aspirante nos pidió apoyo, porque sus padres no la dejaban entrar a la ESPOL porque era una universidad para hombres…

Mi experiencia en la Universidad fue buena, aunque efectivamente éramos 42 alumnos: 40 hombres y 2 mujeres; todos compartíamos el entusiasmo por nuestras carreras y el estudio, así que no hubo diferencias. Ahora pensándolo, la Universidad no estaba preparada para las diferencias; durante años no hubo baños para mujeres…

Dada la carrera escogida, en el ámbito laboral también seguía siendo un lunar en un mundo masculino. Aunque debo reconocer que siempre me manejé bien y tanto mis colegas como yo tuvimos buenas experiencias trabajando juntos. 

Las cosas no fueron tan sencillas más tarde con familia e hijos. Creo que hay impedimentos reales, como el que una pueda confiar con quien quedan a cargo los hijos cuando se sale al trabajo. Pero hay otros que una misma se impone, producto de cultura y lo que se observa en el entorno. Creo que algunas de las “resistencias” son autoimpuestas. Así pensé que no seguiría estudiando después de haber obtenido el título profesional.

Después de mi carrera como ingeniero y ya con dos hijos, estaba en casa, desesperada; mi esposo llegó un día y me dijo: te inscribí en el MBA de ESPAE -ya no soportaba verme en la casa. Terminada la maestría me reinserté en el mercado laboral. Di un giro hacia actividades más administrativas y gerenciales. Mi estilo… nunca ha sido muy democrático, aunque me gusta que las personas tengan iniciativa y tomen decisiones y usualmente escucho. Recuerdo que en uno de mis trabajos, recién graduada de ingeniero en 1980, en el área de planificación de proyectos, uno de los gerentes me llamaba “la Thatcher”… 

Después de la experiencia con el MBA, creí que un doctorado era algo impensable porque no podría estar fuera estudiando por periodos largos. También esta oportunidad llegó de manera inesperada y descubrí que mi esposo y mis hijas podrían prescindir de mí por algún tiempo.

No he experimentado el techo de cristal, más bien creo que la metáfora del laberinto se ajusta más a mi experiencia: las oportunidades y los caminos son diversos y hay que irlos tomando a medida que se presentan. El liderazgo depende también de quienes trabajan con nosotros, “los famosos seguidores”. ¿Los atraemos? ¿Se autoseleccionan? Y los equipos con quienes he trabajado siempre me han permitido aprender, emprender proyectos interesantes y lograr grandes cosas.

De Argentina, María Silvina Moschini, fundadora de Intuic y presidenta de la sede argentina del Grupo KMGi.

El mayor desafío que debí afrontar en mi carrera como ejecutiva y emprendedora y en el camino para convertirme en mujer líder fue aprender a manejar grandes riesgos y a tomar decisiones, a veces contando con recursos limitados, y con mucho en juego.
Cuando comencé a incursionar en el mundo de los negocios, y decidí hacerlo por el lado tecnológico, sabía que me adentraba en un terreno en el que predomina, aún hoy, el liderazgo masculino. Pero también sabía que las mujeres tenemos excelentes condiciones para tener éxito en el universo tecnológico y sólo tenemos que animarnos, y que en eso yo quería ser pionera. 

Creo que como mujeres tenemos una presión extra, porque cuando incursionamos en estos sectores que tradicionalmente se consideran masculinos, tenemos todas las miradas sobre nosotras, como si estuvieran esperando a ver si realmente somos capaces de hacerlo.

Siempre me alentó e inspiró pensar en los casos de mujeres exitosas y las cifras que los respaldan, por ejemplo que las empresas de base tecnológica con líderes femeninas generan un retorno de la inversión 35% mayor y 12% más de beneficios que las conducidas netamente por hombres, según datos preliminares de un estudio de la Universidad de Stanford y Kauffman Foundation.

Otro desafío, de orden más concreto, fue el de manejar equipos dispersos alrededor del mundo. Por esa razón desarrollamos junto con mi partner TransparentBusiness, una compañía que permite manejar y coordinar equipos dispersos con muchísima eficiencia y hacer el seguimiento del trabajo realizado a través de capturas que se toman de la pantalla cuando el trabajador comienza a trabajar en un proyecto.

De Francia, Sophie Vurpillot, cofundadora y directora ejecutiva de Planet Expat en Chile

Uno podría esperar que la respuesta, considerando mi trayectoria, fuera que la presión social haya sido la barrera principal cuando decidí realizar la transición hacia el emprendimiento, luego de diez años de carrera en grandes corporaciones. A finales de 2012 decidí renunciar a un salario anual de 6 dígitos, un hermoso apartamento en Nueva York y una gran posición en Standard & Poor's, incluida una próxima promoción. Todo esto, para crear mi propia compañía en América Latina, con mi co-fundador Yamin Chalabi, quien estaba en una situación similar. 

Esto implicó empezar de cero a una edad en la cual amigos y network ya se aseguraban de alcanzar y conservar aquello por lo que habían trabajado tan duro y se habían sacrificado por conseguir, sea crear una familia, comprar un apartamento, consolidar sus conocimientos y habilidades, o todo en conjunto.

Convertirme en emprendedora después de una década de vida corporativa significó dejar atrás mi zona de confort, luego de que pasé años estableciéndola y ampliándola mediante constante esfuerzo. Durante un período de 10 años, ya yo había llegado a ser una consultora de experiencia, había trabajado en industrias tan distintas entre sí como el sector público francés y el entorno financiero de Wall Street; trabajé en Francia, el Reino Unido, Alemania, y EE.UU. Desarrollé un conocimiento a fondo del Six Sigma -métodos de mejoramiento de procesos de negocio, en management de proyectos y en management de cambio. Sabía cómo se conducen los negocios en EE.UU. y entonces tuve que asumir el reto de unirme a una compañía como mujer joven y extranjera en un rol de management de cambio. Mi carrera avanzaba rápido, como reconocimiento a un trabajo ininterrumpido e infatigable, que se tradujo en resultados tangibles para beneficio de la compañía a nivel global.

Comenzar mi propia empresa implicó tener que desarrollar nuevas habilidades muy rápido, habilidades como ventas, online marketing, recursos humanos y reclutamiento, aprender Español fluidamente, relaciones públicas, construcción del equipo y manejarlo, organización de eventos internacionales, y enseñar a nivel universitario, entre otras tantas. Comenzar este nuevo proyecto en América Latina significó unirme a un ecosistema completamente nuevo, del cual no conocía previamente las reglas. Eso sumado a que no tenía familia, amigos, o conexiones profesionales. A nivel de personalidad, también presupuso que yo debía dejar de ser tan perfeccionista y aprender a negociar y estar a bien con tomar cientos de decisiones diarias, a un ritmo acelerado. También impactó mi vida personal, en tanto el cofundador de Planet Expat es también mi esposo.

El primer año fue en extremo desafiante, aunque al mismo tiempo fue de lejos el período más interesante –tuvimos que aprender tantas habilidades y conocimientos nuevos, tan rápido, y teníamos que generar ganancias pronto, y encontrar algún tipo de balance entre la vida personal y la profesional. Mientras que antes mi alter ego en el trabajo era mi soporte en la casa, ahora compartíamos las mismas dudas y las mismas preocupaciones. 

El trabajo estaba ocupando nuestro espacio familiar de fines de semana y vacaciones. Tuvimos que ser cuidadosos en la forma que gastábamos nuestro dinero, porque nuestra primera prioridad era incrementar los salarios de nuestros primeros empleados, y probarles que ellos habían tomado la opción correcta al confiar en nosotros con sus futuros y sus carreras.
Pasados dos años desde entonces, ahora nos va muy bien, estamos tremendamente apasionados con lo que hacemos. Algunos de los proyectos en los cuales comenzamos a invertir el año pasado, ya finalmente están despegando. Nuestro equipo sigue creciendo y continuamos en expansión. 

Lo que hizo todo esto posible ha sido una combinación de factores. Pero el más importante ha sido contar con un gran equipo -para nosotros, eso significa contar con personas con una mentalidad que se amplía y crece, lo suficientemente humildes como para aceptar el desafío sobre lo que hacen día a día, gente brillante y también divertida. Ha sido sobre ambición, trabajo arduo y tenacidad -y no rendirse, en cambio seguir explorando opciones distintas hasta que encontramos soluciones. ¡El lado negativo de esto hubiera sido lo más probable obsesionarse! Por tanto también fue una oportunidad para identificar y aprovechar oportunidades de aprendizaje –de otras personas, en seminarios, clases y artículos. Otro factor esencial ha sido asegurarse de que estamos rodeados de la gente adecuada -talentosa, apasionada, amable, y humilde. Asegurar también las alianzas adecuadas que nos ayudaran a navegar el nuevo entorno. Esto último cobra especial importancia en América Latina y en Chile, donde las conexiones son una clave para el éxito. Desde esa perspectiva, ser extranjera puede que haya resultado ser beneficioso.

De Ecuador, Alexandra Pérez Salazar, administradora general del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito

Si bien a lo largo de mi carrera profesional he enfrentado muchos retos, generalmente puestos por las personas y circunstancias que he encontrado, considero que el reto más importante ha sido el que me he planteado a mí misma. Cada cargo que he ocupado me ha presentado nuevas situaciones y aprendizajes que aportan a mi desarrollo personal y profesional. Cada reto profesional, como por ejemplo asumir la administración general del Municipio de Quito o la dirección ejecutiva del Consejo de Modernización del Estado, ha supuesto una curva de aprendizaje en poco tiempo sobre temas complicados. Estoy convencida de que la consecución de cualquier objetivo propuesto implica un abordaje multidisciplinario y de trabajo en equipo. 

Por esta razón, puedo asegurar que la conformación y consolidación del equipo de trabajo, con profesionales preparados, así como un alto grado de compromiso, es uno de los pilares esenciales de mi gestión. Confío en la construcción colectiva de soluciones fundamentada en redes de trabajo.

En el sector público es fácil confundir el liderazgo con la imposición y la autoridad nacida de las normas. Hace mucho tiempo comprendí que la autoridad nace de la credibilidad y confianza que los otros tengan en la persona que asume el liderazgo y que la responsabilidad del líder debe ser facilitar los procesos moviendo los recursos, humanos, financieros y materiales, hacia los objetivos. 

Siempre tengo presente que trato con personas, y que como yo tienen necesidades y situaciones individuales que pueden afectar los resultados. Mi trabajo como líder está en la definición clara de las metas, identificación de las personas en las redes, tanto internas de la organización como de agentes externos; así como en la generación de las condiciones que se para lograr las metas. 

En consecuencia, tanto mi vida privada como profesional funciona sobre la base de la negociación y la conciliación de intereses para lograr los objetivos.

De Chile, María Angélica Zulic, directora de Laborum.com

Son muchas las mujeres que diariamente luchan por destacar y posicionarse como líder en distintos campos. Mi camino no ha sido distinto, como ejecutiva, profesional o referente en un tema específico, siempre he tenido en claro la importancia del rol femenino al interior de una organización.

Conozco el contexto donde confluyo, pero ello también tengo claro cuáles son las barreras a superar para las mujeres en alta dirección en Chile. Es verdad, en esta temática estamos atravesando por un largo proceso de transición, sin embargo los espacios continúan siendo pocos y las mujeres en directorios no superan el 5% en el país.

Los obstáculos que en general se han presentado para alcanzar altas gerencias y tener posiciones de liderazgo se refieren a dar continuidad a mi carrera. El tema de la familia es importante y se debe cumplir con distintos roles, entre ellos mamá, esposa e hija. Lo importante es conciliar y encontrar los métodos para no escindir tu ascenso profesional.

Una mujer puede ser excelente profesional, tener un talento máximo, pero si interrumpe su participación en el mundo laboral entre cuatro a seis años -lo que dura el periodo inicial de la maternidad- no va a tener las mismas oportunidades para posicionarse en una gerencia general, porque a igual carrera, un hombre te puede sobrepasar en experiencia. Frente a esto, es de suma importancia contar con el apoyo de la familia y especialmente de un compañero. 

En lo personal no fue sencillo conjugar ambas tareas y cuando fui mamá decidí volver a mi trabajo al mes y medio luego de tener a mis hijos, debido a las responsabilidades que tenía. Se debe ser lo suficientemente hábil para darle continuidad a tu carrera laboral, sin dejar de lado a la familia y sentir la culpabilidad por no estar presente lo suficiente. 

Este posicionamiento como líder, debe ir acompañado de la femineidad en el mundo laboral y no de la masculinización de la mujer, para lograr espacios que históricamente han sido de los hombres. Lo importante es asumir riesgos, aprovechar las oportunidades que se presentan y llevarlas adelante; no dejarlas pasar como una película, sino que tomarlas, ser asertiva y saber fijar los límites en el momento adecuado para hacer las cosas. Esa seguridad es la que permite traspasar energía a tus equipos de trabajo.

Otro de los aspectos que abordar como resistencia en el camino al liderazgo es la inequidad de género, sobre todo en países de América Latina. Sin embargo, hay que lograr un equilibro y ser proactivo. En mi caso la receta mágica es nunca detenerse: se debe que crear, innovar y aprovechar la polifuncionalidad que tienen las mujeres en el mundo empresarial.

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