Recursos Humanos

Mobbing ascendente: el rechazo al nuevo jefe

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La exclusión social, ataques personales o infravaloración del trabajo son algunas de las acciones que componen el acoso laboral de los empleados hacia el nuevo directivo que no aceptan.

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Cuando un directivo se incorpora a su nuevo puesto de trabajo y tiene a su cargo a un grupo de subordinados, se expone a las críticas y a los juicios de valor de los empleados que tiene a su cargo.

Nuevos métodos no aceptados por los trabajadores, un puesto ansiado por los colaboradores, comportamiento autoritario o la arrogancia son algunos de los motivos que llevan a los jefes a sufrir el mobbing ascendente, que ocurre cuando una persona que ostenta un rango jerárquico superior en la organización se ve agredida por uno o varios subalternos.

El investigador Iñaki Piñuel Zabala en su libro “Cómo sobrevivir al acoso psicológico en el trabajo, nadie está libre de esta práctica”, hace referencia al mobbing ascendente.

El experto explica que este tipo de acoso se da cuando un funcionario que ostenta un cargo superior dentro de la organización genera resistencia de parte de los subordinados. Esto puede desencadenarse cuando una persona se incorpora a la empresa con un puesto de responsabilidad, y sus métodos de trabajo no son compartidos por los empleados más antiguos. También se registra cuando los subordinados sienten que ese cargo debió ser ocupado por uno de ellos y no por alguien de afuera. Asimismo se observa cuando un trabajador es ascendido a un puesto de responsabilidad mayor y sus antiguos compañeros no están de acuerdo con la elección.

Algunos de los comportamientos propios del mobbing ascendente son el aislamiento social, la evaluación negativa de su trabajo creando sensación de inutilidad y ataques contra su vida íntima o personal. Estas agresiones son algunas de las más características en este tipo de mobbing que, por su complejidad, se convierten en objeto de análisis de psicólogos y expertos en Desarrollo de Personas como la profesora de la Universidad de Santo Tomás, Beatriz Pereira, quien lo describe como “un fenómeno social multi causal y de alta complejidad, en el que intervienen básicamente cuatro elementos: la víctima o víctimas; el acosador o acosadores; la interacción o relación causal entre ellos; y, por último, el contexto social y organizacional”.

Teniendo en cuenta el mobbing ascendente, la experta señala, además, que algunas de las causas en el acosador o acosadores obedecen a aspectos plenamente conscientes, pero otras más complicadas de tratar responden a factores inconscientes, relacionados directamente con los estilos de liderazgo y características de la personalidad de la víctima.

Asimismo, Lidia Arbaiza, profesora de la Universidad Esan de Perú y experta en Recursos Humanos, coincide con la opinión de Pereira y explica que desde hace poco estos modelos de agresión se están llevando a cabo en muchas empresas.

Según la experta, en muchos casos ello “se debe al estrés, a la poca capacidad de liderazgo y la falta de control de las situaciones”.

Dirigiéndose a la raíz del problema, la profesora Beatriz Pereira explica que la falta de comunicación sería es uno de los síntomas o signos de presencia de mobbing, además de una señal de desmejora del clima laboral que debilita los flujos de información existentes en la empresa y aumenta el estrés laboral derivando en problemas organizacionales y de incertidumbre general.

En este sentido, la profesora proponía un taller de comunicación efectiva o de comunicación estratégica y asertiva como un paliativo, sin embargo reconoce que ello “no soluciona las complejas variables presentes ocasionadas por el Síndrome de Mobbing”.

El impacto sobre la empresa. Este tipo de acoso produce efectos sobre la salud de las organizaciones además de generar ambientes de trabajo hostiles, con un clima organizacional vulnerable y una asociación negativa con la satisfacción y compromiso laboral, lo que afecta las interacciones.

También el fenómeno tiene efectos negativos sobre la salud física y mental de la víctima, quien experimentará sentimientos de estrés, tensión y ansiedad, diversos conflictos, sentimientos de humillación y pérdida de autoestima, fracasos o apatía. La persona puede tener problemas de concentración, generar auto percepciones de menoscabo, relaciones tensas, sentimientos irracionales de culpabilidad, ausencia de confianza, actitud negativa y frustrada.

Esto puede llevar a depresiones y/o trastornos psicológicos en diferentes niveles, socio-fobia, insomnio, molestias músculo- esqueléticas y abuso de sustancias (alcohol, tabaco).

Para comprender mejor estos efectos, hay que tener en cuenta que el conjunto de síntomas que presentan algunas víctimas de mobbing -incluyendo los psicológicos, psicosomáticos y músculo-esqueléticos-, suponen una indicación similar a la del estrés post- traumático (PTSD).

Los expertos recomiendan que generar motivación en los directivos es la mejor técnica para evitar este tipo de acoso cuando se incorporan a un nuevo cargo. Así, se instalan medidas preventivas oportunas tanto en la evaluación, control y erradicación del síndrome. Junto con ello, Lidia Arbaiza propone técnicas de relajación y ejercicios de resistencia para no caer en la provocación, y saber manejar la situación de acoso.

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