Responsabilidad Social Empresarial

Los esfuerzos ambientales del empresariado ecuatoriano

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Día a día, las empresas ecuatorianas están demostrando su compromiso ecológico, llegando incluso, hasta las Naciones Unidas.

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En el año 2000, las Naciones Unidas crearon el proyecto Pacto Global (Global Compact) para promover prácticas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en diferentes organizaciones. Su enfoque abarca diferentes vertientes, como los derechos humanos, la seguridad ocupacional o el cuidado ambiental.

Al momento, es el organismo de ciudadanía corporativa más grande a nivel global, con más de 6.500 instituciones participantes en más de 135 países. Ecuador no es la excepción y desde el 2004 cuenta con 15 empresas adscritas al programa. Entre los participantes locales constan entidades públicas, como el Consejo Provincial de Pichincha y la Empresa Eléctrica Quito; académicas, como la Espae -la escuela de negocios de la Politécnica del Litoral, Espol-; organismos de RSE, como el Consorcio Ecuatoriano para la Responsabilidad Social y el Instituto de Responsabilidad Social; ONG’s, como el Centro Ecuatoriano de Derecho Ambiental; negocios, como Mutualista Pichincha y Comercial Orgu; y, por supuesto, subsidiarias de multinacionales, como Telefónica Movistar o Diners Club.

“Debido a la crisis mundial, los empresarios líderes en todo el mundo han empezado a comprender la importancia de crear valores sustentables a largo plazo a través de prácticas de RSE”, dice Matthias Stausberg, vocero de Pacto Global.

Lo atribuye a varios factores como es la creciente relevancia que ha adquirido el desempeño ambiental y social para la comunidad financiera y al hecho de que “una nueva clase de comprador informado ha emergido, el cual demanda más datos sobre las prácticas responsables de una empresa”.

Apuesta sustentable. Sin necesidad de formar parte de la red global, hay empresas ecuatorianas que también demuestran su compromiso ecológico, como el gremio químico. Desde 1999 acogió el proceso Responsible Care (RC) para mejorar el desempeño en materia de salud, seguridad y especialmente lo ambiental. Esta iniciativa existe desde 1985 y ha sido adoptada por 53 países. En Ecuador se coordina a través de la Asociación de Productores Químicos (Aproque) y participan 48 empresas de Guayaquil, Quito y Cuenca. Miguel Costales, su director ejecutivo, dice que desde 2001 hasta 2008, estas industrias invirtieron US$6,5 millones en estas políticas.

Desde hace más de 30 años, el ingenio San Carlos utiliza el bagazo de la caña para operar su maquinaria sin recurrir a combustibles derivados del petróleo. La empresa destinó en 2008 más de US$1millón para diferentes programas de sostenibilidad como reforestación, la reutilización del aceite usado en máquinas y un nuevo sistema cerrado de uso de agua que les permitió reducir 315 m3 por hora en consumo. Augusto Ayala, gerente administrativo, afirma que para 2009 el presupuesto en este rubro creció en US$500 mil.

Desde 2008 Aerogal es la primera aerolínea en contar con una certificación ambiental como Smart Voyager por parte de la Corporación de Conservación y Desarrollo.

“Este programa busca que los operadores y líneas aéreas realicen cambios en su actividad de manera que se reduzcan impactos ambientales, se minimicen riesgos, se mejoren las condiciones a los trabajadores y se generen beneficios a la población local”, dice Gabriela Sommerfeld, presidenta ejecutiva de esta aerolínea.

A través de su división Bayer CropScience, la multinacional, desarrolla desde 2002 el programa Agrovida, mediante el cual se capacita a agricultores de Guayas, Babahoyo, Los Ríos, El Oro, Manabí y Pichincha en el uso seguro y eficiente de los productos fitosanitarios, al que destina alrededor de US$ 40.000 anuales, dice Claudia Gómez, jefa de Comunicación. Son ya 15.800 los beneficiados por estas capacitaciones. Otra acción de la farmacéutica consistirá la reforestación de Cerro Colorado, ubicado en la vía Guayaquil-Daule.

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