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Los despachos de abogados ponen rumbo a Latinoamérica… ¿Y viceversa?

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Formar alianza con despachos latinoamericanos o crear marcas propias, son las estrategias que las firmas de abogados escogen para llegar a la región. La expansión se está articulando, en la mayoría de los casos, a través del eje Madrid-Miami-México.

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El derecho anglosajón es la referencia mundial en el ámbito legal, lo que ha impulsado el crecimiento internacional de los grandes despachos de abogados estadounidenses y británicos, que acostumbran a ser los líderes en los mercados en los que están presentes. 

La gran excepción es el sector legal español, donde frente a la pujanza de los despachos anglosajones, brillan las firmas nacionales, como Garrigues, Cuatrecasas o Uría. En algunos casos, su tamaño es tan grande que, por ejemplo, Garrigues es el primer despacho de Europa continental por facturación y número de profesionales, un hito teniendo en cuenta que su negocio prácticamente depende del mercado local.

Sin embargo, fuera de las fronteras nacionales, los bufetes españoles tienen una presencia muy escasa. Según los últimos datos del ránking de bufetes que elabora el diario económico Expansión, prácticamente ningún despacho español consigue más de un 10% de su negocio fuera de sus fronteras. Aun así, ocupan los primeros puestos en la clasificación de bufetes de Europa continental, en lucha directa con las firmas anglosajonas, que no sólo son líderes en sus respectivos países, sino también en la mayoría de las regiones donde se han instalado. 

Según explica Christian Mesía, profesor de ESCP Europe, experto en el área legal, esto último se debe a que “los despachos norteamericanos, en los años 80, fueron los primeros en atreverse a traspasar sus fronteras al exterior. Las empresas, debido a la internacionalización y la globalización de la economía, comienzan a necesitar asesoramiento legal en las operaciones de fusiones y adquisiciones que llevan a cabo en el extranjero, prefiriendo despachos que hablen su lengua materna”.

Con un escenario de crecimiento constante en su mercado doméstico, los bufetes españoles apenas se han internacionalizado y no han aprovechado regiones como Latinoamérica, donde el derecho local está inspirado en la legislación española por la tradición histórica y los lazos comerciales a ambos lados del Atlántico. Aun así, en los años anteriores a la crisis financiera internacional de 2008, y siguiendo a sus clientes en su expansión al otro lado del Atlántico, algunos despachos sí que aprovecharon, aunque tímidamente, para desembarcar en la región, principalmente a través de alianzas. Sin embargo, la crisis, según apunta Mesía, puso punto y final a esta salida al exterior y acabó con los planes de crecimiento de los despachos, hasta el punto de que algunos incluso tuvieron que replegarse.

Pero este escenario está cambiando. En los últimos seis meses, se ha desatado una carrera por establecerse definitivamente en Latinoamérica. El crecimiento económico de esta región en los últimos tiempos ha despertado el interés de los despachos anglosajones, pero también de los españoles, que quieren expandir su negocio animados por la internacionalización de sus clientes, que han visto en América Latina la oportunidad de diversificar geográficamente sus actividades y depender en menor medida de las ventas domésticas para recuperar su cifra de negocio. 

El paso más grande lo ha dado Garrigues, que acaba de anunciar que va a ejercer el derecho local en Colombia, Perú y México, además de iniciar contactos con posibles socios en Ecuador, Argentina, Venezuela, Costa Rica y Panamá; una decisión sin precedentes en el sector legal español.

En opinión de Marisa Méndez, profesora del área jurídica de IE Business School, hay varias razones de este reciente interés de los bufetes españoles por establecerse en la región: “Por un lado, los despachos siguen a sus clientes y España sigue siendo el segundo inversor en la zona, sumándose las pymes a la presencia de grandes empresas. Por otro, la estabilidad de la región y los contactos que los abogados han generado [con sus pares al otro lado del Atlántico] en las dos últimas décadas facilitan el desembarco”.

Sin embargo, esta experta advierte de que “es un error ver Latinoamérica como un todo, porque la realidad varía mucho de un país a otro, tanto en sofisticación del negocio como en la dificultad para asentarse o ejercer la profesión”. Ella destaca que hay jugadores locales muy asentados, “con una intensa gestión interna y, en varios casos, con una actitud muy flexible para incorporar las nuevas tendencias dentro del sector, desde segundas marcas (nueva imagen para ofrecer otro tipo de asesoramiento, generalmente low cost) a externalización y servicios virtuales”. Por eso, Méndez augura que “la competencia no será sencilla”.

Estrategias de internacionalización

Precisamente, por este motivo, cada despacho está siguiendo su propia estrategia para aterrizar en América Latina, ya que las reglas de juego son diferentes en función del país de destino. Por ejemplo, Brasil no permite que ningún despacho o abogado extranjero ejerza en su territorio, por lo que la única fórmula es entrar en el país a través de una alianza o tomar una participación en un despacho local. 

Firmas españolas como Albiñana & Suárez de Lezo o Roca Junyent han optado por la vía de las alianzas, al igual que Broseta, que a mediados de este año creó su propia red con firmas latinoamericanas como socios para asesorar clientes a ambos lados del Atlántico. Julio Veloso, socio de este bufete, coincide con la profesora Méndez, al asegurar que “está claro que Latinoamérica es el nuevo foco de los despachos españoles, por la salida masiva de empresas de nuestro país, tanto grandes como pymes, en muchos sectores”.

Parecido al modelo que ha seguido Garrigues, pero con una estrategia más modesta, es el caso de RHGR, que ha creado la marca Ontier para englobar su negocio internacional. Este pequeño despacho español está comprando participaciones, generalmente mayoritarias, en despachos ya establecidos en diferentes países latinoamericanos, de modo que está creciendo con presencia y marca propias. “América es una prioridad para nosotros”, asegura su consejero delegado, Bernardo Gutiérrez de la Roza. La firma tiene como objetivo desembarcar los próximos meses en Perú y Chile, y ya cuenta con presencia en México, Paraguay y Brasil. Su última apertura en el continente americano ha sido en Miami.

Independientemente de la estrategia que esté adoptando cada bufete, ya sea a través de oficinas propias o alianzas con socios locales, la expansión en Latinoamérica se está articulando, en la mayoría de los casos, a través del eje Madrid-Miami-México. Incluso las grandes firmas anglosajonas están utilizando esta vía para entrar en la región, ya que la mayoría tiene oficina en Madrid, a la que están encargando que lidere la expansión en Latinoamérica.

Es el caso, por ejemplo, de Jones Day, el despacho más grande de Estados Unidos, que acaba de abrir una sede en Miami a petición de la filial española. Mercedes Fernández, socia directora de la firma en Madrid, explica así la decisión: “Esta ciudad aglutina varias características, ya que no sólo es una puerta a Latinoamérica, sino también a Estados Unidos y es una ciudad idónea para las empresas españolas por la cultura y el idioma [con fuerte presencia de población y empresas españolas y latinoamericanas]”. 

Al mismo tiempo, este bufete acaba de reforzar su sede en México con la incorporación de cinco socios, que trabajan mano a mano con las oficinas de Miami y Madrid para asesorar a las compañías españolas en su internacionalización en América. Otro despacho anglosajón que acaba de completar este triángulo ha sido la americana White & Case, que empezó por Miami y México DF, y en marzo de este año aterrizó en Madrid. La angloamericana DLA Piper o la firma internacional con sede en Chicago Baker & McKenzie también están presentes en las tres ubicaciones.

Grandes multinacionales

A la hora de abarcar Latinoamérica, los grandes despachos multinacionales, la mayoría procedentes de Estados Unidos o Reino Unido, tienen más músculo financiero que las firmas españolas, lo que les permite aterrizar con estructura propia. Aun así, estas firmas están estudiando la mejor fórmula para entrar y suelen recurrir a sus oficinas en Madrid o Barcelona para diseñar la estrategia por los lazos culturales. Por ejemplo, DLA Piper fichó hace unos meses al ex presidente del Gobierno español José María Aznar como asesor de su consejo internacional. Tal y como explica Juan Picón, único español en la cúpula directiva mundial del despacho, este fichaje no es para apoyar el negocio en España, sino para contribuir al plan de desarrollo de la firma de abogados en Latinoamérica.

En el caso de los despachos españoles, la mayoría se ha decantado por establecer alianzas o acuerdos de best friends, que en la jerga legal significa trabajar en exclusiva con un socio local en cada país, e incluso se ha optado por compartir las oficinas de bufetes latinoamericanos y españoles a ambos lados del Atlántico para reducir costes a través de intercambios de abogados. Esto se debe a que el principal riesgo que perciben los expertos en los planes de internacionalización de los despachos de abogados es meramente financiero. 

Mesía, de ESCP-Europe, explica: “Los despachos más importantes de España están despidiendo a empleados y antes de embarcarse en un nuevo proyecto, necesitan tener asegurada cierta facturación”. Por eso, a medida que las alianzas vayan garantizando una mayor carga de trabajo, los bufetes más modestos podrían plantear fusiones entre iguales e, incluso, desembarcar con oficinas propias. 

El problema para que esta fórmula funcione en ambos sentidos es que todavía es pronto para que el flujo de actividad comercial esté equilibrado para ambas partes, ya que las compañías españolas siguen teniendo más actividad en Latinoamérica que al contrario, aunque cada vez hay más intereses de empresarios de esta región por desembarcar en Europa a través de España.

Aun así, hasta que este cambio de tendencia no sea una realidad, los expertos no creen que los despachos latinoamericanos aterricen en España en el corto plazo. Marisa Méndez, profesora de IE, cree que su desembarco en el país es una cuestión compleja. En su opinión, “la decisión puede verse favorecida por un tema de números (está aumentando la inversión latinoamericana en España) y si el volumen de trabajo en España es suficientemente atractivo para abrir una oficina propia en Madrid o Barcelona, algunos se podrían animar”. 

Sin embargo, esta experta asegura que, aun así, hay otros factores en juego que pueden retrasar esta toma de decisiones, como la cultura de la firma, es decir, el interés que tengan estos despachos por acompañar a sus clientes fuera de Latinoamérica o bien cederlos a su red de alianzas a firmas españolas y seguir centrados en el mercado doméstico, como durante años han hecho los despachos españoles. 

Según la profesora de IE, también influyen las previsiones de crecimiento del país de origen, ya que, los bufetes tienden a internacionalizarse en función de sus clientes y para eso es necesario que la economía del país siga al alza y sus compañías den el salto al otro lado del Atlántico a través de operaciones en España.

Según una encuesta que realizó el diario Expansión en septiembre de este año entre los socios directores de los principales despachos de abogados con actividad en España, en la próxima década se espera que una gran firma internacional protagonice una gran fusión con algún despacho nacional de referencia, pero para que ese interés se genere, es clave la presencia en Latinoamérica.

Sin embargo, según se desprende del mismo estudio, no habrá que esperar tanto para que se produzca el primer desembarco de un despacho latinoamericano en España, ya que los expertos calculan que se producirá en los próximos cinco años. Aun así, éstos no se atreven a aventurar ningún nombre, porque el desarrollo del tejido empresarial en el ámbito legal en Latinoamérica todavía no se ha desarrollado lo suficiente como para dar lugar a grandes firmas de abogados nacionales, ya que, de momento, en el sector priman lo que se conocen como boutiques, es decir, pequeños bufetes especializados en ámbitos concretos del derecho.

Universia Knowledge@Wharton

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