Responsabilidad Social Empresarial

Lombrices purificadoras

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La empresa chilena Biofiltro utiliza un sistema de limpieza de aguas industriales con lombrices y bacterias. Y ya lo vende en España, Nueva Zelanda, India y Brasil, entre otros países.

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Cientos de lombrices y bacterias trabajan a diario en la procesadora de carne de vacuno Faenagro, en la zona central de Chile. Como la parte principal de una piscina con capas filtrantes, son las encargadas de depurar el agua utilizada en los mataderos, que viene con residuos orgánicos.

Aunque la mayoría de la sangre es retirada previamente para ser vendida, quedan gotas que es necesario limpiar, dice Joaquín González, dueño de la empresa. Y estos microorganismos son los que mejor lo hacen. Además, depuran el agua con guano que surge del lavado de corrales y camiones.

El líquido tratado se lleva a un canal que pasa al lado del matadero y que se usa en el riego agrícola, además de no afectar al medio ambiente. Este sistema se conoce como biofiltro y es la base de las operaciones de la empresa homónima, Biofiltro, fundada en 2010 por los chilenos Matías Sjogren, Alex Villagra y Rafael Concha. Se basa en que la flora microbiana (lombrices y bacterias) se instala en un biorreactor con diferentes capas filtrantes que degradan los residuos orgánicos generados en aguas servidas y riles para purificar el agua y devolverla al medio ambiente o que sea usada nuevamente.

Ya han instalado 80 plantas en Chile, seis en Nueva Zelanda, cinco en España, tres en Brasil y dos en México. Además está pronta a inaugurar más en Vietnam, China e India. Hoy tiene oficinas en Silicon Valley (EE.UU.), Porto Alegre (Brasil), San Sebastián (España), Wellington (Nueva Zelanda) y Santiago (Chile).

Entre los clientes de Biofiltro están Agrofoods, Ambrosoli, Loncoleche, Fonterra, Gobierno de Chile, Municipalidad de Lampa y Maipú, los que utilizan el sistema para tratar el agua que se ensucia en sus procesos productivos. Ésta llega a la planta de tratamiento vía alcantarillado. Como parte importante de su crecimiento, Biofiltro ya tiene registrada la propiedad intelectual del sistema biofiltro en Estados Unidos, la Comunidad Europea, Nueva Zelanda y Australia. “Patentamos el proceso biológico que sucede al interior del sistema”, dice Matías Sjogren, CEO de Biofiltro.

El foco de crecimiento de Biofiltro está en el extranjero, afirma Sjogren. Y cómo no, si en base a datos de la empresa, existen US$ 1.000 billones en el mercado mundial para la instalación de sistemas de tratamiento de aguas sólo en lugares no atendidos. Además, 2.600 millones de personas no cuentan con sistemas de saneamiento. En países de rápido desarrollo, como China e India, menos del 3% de las aguas servidas son tratadas, lo que abre un interesante potencial.

En Chile el 77% de las aguas servidas son tratadas y hay un mercado interno de US$ 1.500 millones sólo en lugares no atendidos. De hecho, existe en el país un sistema similar, llamado “sistema Tohá”, desarrollado por el Dr. José Tohá en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. La diferencia, dice Sjogren, es que Biofiltro utiliza componentes distintos en la flora microbiana –además de las lombrices, emplea bacterias– y en cómo opera la microbiología del tratamiento.“Además, entregamos garantía sobre nuestro sistema y resultados, cosa que no muchos hacen y es fundamental”. 

Según Roberto Pizarro, académico de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Talca, Chile está bien posicionado en cuanto a saneamiento de agua desde el punto de vista ambiental, de salud y económico, porque gracias a los sistemas de tratamiento puede utilizar este recurso para la agricultura y exportar sus productos agrícolas.

En este contexto se enmarca, a su juicio, el sistema biofiltro como otra forma más de tratamiento de aguas servidas y riles, a un menor costo pero que debe ser operado correctamente. “Debe haber un control adecuado para no generar situaciones de cambios de temperatura, pH o acidez que puedan liquidar la fauna o la hidrobiología”, explica.

La oferta de Biofiltro va más allá del tratamiento de aguas servidas y riles. Producto de la acción de la flora microbiana en la depuración, se produce el humus de lombriz, que es vendido como fertilizante orgánico. Además, la activa reproducción de lombrices permite que éstas también puedan ser vendidas como alimento de aves o como fuente de proteínas para el agro. De hecho, en Estados Unidos esta proteína ya está comenzando a ser usada como suplemento alimenticio o medicina para estimular el sistema inmune humano.

Sjogren prefiere no dar datos de su facturación, pero afirma que una de sus metas es estar en 40 países en cinco años más. Además, la empresa se ganó el primer lugar de Cleantech Open 2011, en San Francisco, Estados Unidos, certamen de empresas de tecnologías limpias, donde participaron compañías de Suecia, Dinamarca, Reino Unido, Francia y Chile. También obtuvo el primer lugar dentro de los negocios de emprendimientos verdes en GreenStartUp 2011, concurso organizado por la Universidad del Desarrollo y la Fundación Chile.

Según Sjogren, el modelo de negocios ya genera cuatro líneas de ingreso: instalación de plantas de tratamiento; operación y mantención; venta de fertilizantes orgánicos, y venta de proteína. Además, el costo de instalación de las plantas de tratamiento por biofiltro es un 30% menor que las tradicionales y su costo de operación es un 70% más bajo a la misma capacidad que una tecnología tradicional.

Joaquín González explica que en Faenagro optaron por el sistema de biofiltro “por sus menores costos de construcción y operación”, explica. José María Peralta, investigador del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) del Ministerio de Agricultura de Chile, coincide en que este sistema es efectivo y de bajo costo de operación

en relación a una planta convencional. Esto se transforma en una ventaja aun más importante, pues según datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) el 70% del agua que se utiliza a nivel mundial se ocupa en el riego y es allí donde se destina principalmente el agua tratada.

Desde el punto de vista ambiental, agrega Sjogren, estas plantas no generan malos olores, a diferencia de las tradicionales, se utiliza un 80% menos de energía y no se generan lodos (compuestos contaminantes) producto del tratamiento, sino sólo humus que posteriormente se vende como abono.

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