Educación

Joven colombiano relata cómo llegó a estudiar en el MIT

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Felipe Suárez tiene una vida común y corriente. Nació en Cartagena, pero su vida y sus costumbres son bogotanas. Allí conoció la pasión que lo llevará a la institución de educación más importante del mundo, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos.

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Felipe Suárez tiene una vida común y corriente. En su tiempo libre le gusta montar bicicleta y seguir por televisión a Nairo Quintana, Rigoberto Urán y los demás ciclistas colombianos. Hace una semana empezó un curso de idiomas y está aprendiendo a cocinar, pues siente que ahora que vivirá solo debe pulir sus habilidades culinarias.

Nació en Cartagena, pero su vida y sus costumbres son bogotanas. Allí se crió, estudió y conoció la pasión que lo llevará a la institución de educación más importante del mundo, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos.

En 2016 se graduó con doble titulación de ingeniería electrónica y matemáticas en la Universidad de los Andes, y aunque le fascina que esta ingeniería le permita “cacharrear” y saciar su curiosidad con diferentes aparatos, el amor que siente por la segunda carrera es aún mayor. Sólo al escucharlo hablar de ella, cualquiera puede deducir cuál de las dos es más importante. El amor por las matemáticas nació a los 15 años, mucho antes de pisar la universidad y aún más de plantearse como algo serio entrar al MIT.

“La primera vez que me di cuenta de que me gustaban mucho las matemáticas fue cuando asistí a un curso de entrenamiento en las olimpíadas de matemáticas. Eran unos entrenamientos dictados por estudiantes que habían participado en años anteriores, entonces uno se encontraba con un montón de gente a la que también le apasionaban las matemáticas y que sabían muchísimo más, incluso que los profesores, te explicaban mejor y hacían que fuera más entretenido. Eso fue totalmente transformador para mí”, explica.

Una cuestión de sueños y dinero

Presentarse a la mejor universidad del mundo, según el ranquin publicado recientemente por Quacquarelli Symonds (QS), no debe ser sencillo, empezando porque sólo el 10 % del MIT está conformado por estudiantes extranjeros. Sin embargo, este egresado de los Andes lo logró. Pruebas en inglés y matemáticas, cartas de recomendación, una presentación personal y otro mar de requisitos que exige la institución. Y pasó.

Pero allí empezaba otro reto. Sólo la matrícula cuesta US$25.000 (algo así como $76 millones) y los gastos entre alimentación y hospedaje, US$30.000. “Ellos (MIT) te ofrecen una beca por un año, que igual es muy limitada, cubre la matrícula por un año y un presupuesto de mantenimiento por nueve meses, pero el doctorado dura cinco años. Ellos te ayudan a buscar financiación externa, dar clases o conseguir un trabajo”, cuenta el estudiante.

Entre esas ayudas apareció una beca sólo para colombianos. Otros tres nacionales competían. Dos entrevistas y su historia académica, así como un promedio acumulado de 4,8 sobre 5 en ambas carreras dejaron más que satisfechos a los jurados, y así obtuvo una beca de la Fundación Mario Santo Domingo. Ahora cuenta con otros US$30.000 ($90 millones) para su primer año, y si su rendimiento académico es alto, se irá renovando cada año.

El MIT, un sueño entre ceja y ceja

La idea venía desde el colegio, pero una vez más le agradece a la universidad y a los profes que allí conoció, pues afianzaron esta meta. Suárez dice que “el posgrado no se trata de ranquin, sino de profesores. Uno dice: voy a hacer un doctorado por tal profesor, pero lo bueno del MIT es que todos los profes de allá son buenos”. Cita a Dina Katabi y Steven Johnson: se ha leído con avidez todas sus publicaciones.

Sin ir tan lejos, recordó a dos de sus docentes en los Andes, quienes habían estudiado también en el instituto estadounidense. “Eran clases muy bacanas, y de los dos tengo los mejores recuerdos, porque son los mejores en lo que dictan. No creía que el MIT fuera mera coincidencia. Te enseñan a transmitir el amor por el tema”.

El Instituto Tecnológico de Massachusetts, como su nombre lo indica, si bien cuenta con un total de 32 departamentos académicos, tiene un fuerte énfasis en la investigación y la ingeniería. Por los pasillos que recorrerá Felipe Suárez durante cinco años han pasado nada más y nada menos que 78 premios nobel. Y aunque esta cifra parezca abrumadora, su hoja de vida demuestra que el colombiano no tiene nada que temer, así él se esfuerce en decir que es un chico más.

Su paso por los Andes lo hizo merecedor de seis distinciones de Excelencia Semestral, dos distinciones Ramón de Zubiría y dos becas Henry Yerly, además de una pasantía de investigación en la Universidad de Cornell (EE. UU.).

Felipe Suárez cree que lo principal es demostrar que sí se puede. “Hay miles de personas de acá que están estudiando en universidades igualmente buenas, no soy un caso para nada excepcional. Sólo les digo que hay que aprovechar mucho el tiempo en la universidad, como las pasantías, grupos de investigación, incluso ser monitor. Aquí estoy para cualquier consulta, cualquier conversación al respecto. Tenemos que competir más fuerte que personas de otros países, pero se puede llegar”, concluye.

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