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Hélice en el ADN: la empresa familiar Cicaré

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Sin estudios secundarios, un argentino creó su primer helicóptero. Cinco décadas después, sus hijos buscan sustentar la experimentación del padre en un continente de commodities.

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Provincia de Buenos Aires, principios de la década del 40: un chico de cuatro años le pregunta a su mamá por el objeto volador que pasa sobre el techo de su casa. “¿Está volando y no es un avión?”. Cuando la madre le explica que se trata de un helicóptero el chico le comenta que, cuando grande, quiere fabricar uno de esos objetos. “¿Por qué no?”, le contesta la madre, “si el que lo hizo es un hombre de carne y hueso como vos”. 

Ese niño, Augusto “Pirincho” Cicaré, se dedicó con ese objetivo a aprender mecánica con su padre y tornería con su tío. Se concentró tanto que incluso dejó la escuela en sexto grado de primaria para seguir aprendiendo en el taller familiar. Y lo logró: en 1956, a los 19 años, y tras dos años de trabajo, crea su primer helicóptero: el Cicaré CH-1. “Por más que uno tenga una buena idea, si no la lleva a la práctica no sirve de mucho”, explica “Pirincho” para AméricaEconomía.

Durante las siguientes décadas, Cicaré siguió fabricando más helicópteros en Argentina, creando modelos y financiando con recursos propios su experimentación aeronáutica. Además, patentó innovaciones, como un sistema de comandos de rotor principal de helicópteros. Y para mediados de los años 90 tanto la Policía Federal como la Fuerza Aérea Argentina contaron con sus simuladores de vuelo SVH-3. “Manifiesta gran capacidad de observación y de interpretación de los resultados de sus experimentos”, dice Luis Dambra, académico de IAE Business School que estudió el caso en el paper “Cicaré, Helicópteros Experimentales” (2013)

Sin embargo, tras pasar por distintos nombres legales como empresa, los cambios sociopolíticos de Argentina a principios de este siglo lo dejaron sin su industria de aeronaves. La crisis que afectó al país separó a Cicaré y a sus socios de entonces. Fue ahí que sus hijos, Fernando, Alfonso y Juan Manuel, entran en escena: en 2005 junto a “Pirincho” fundan Cicaré S.A. para fabricar y comercializar helicópteros livianos de diseño propio.

Bajo el liderazgo de Fernando, técnico en marketing y CEO de la compañía, se suman a la pasión del padre los estudios académicos de los hijos. Hoy el plan es equilibrar el crecimiento en ventas con la experimentación que por décadas llevó la denominación “Cicaré”. ¿Cómo equilibrar la vanguardia con lo mainstream?, ¿cómo financiar la experimentación en una América Latina de commodities?

Altos y bajos

La detención del negocio de helicópteros en 2001 -y su posterior resurgimiento- no fue algo nuevo para el patriarca Cicaré. Cada vez que se quedaba sin negocio creaba una nueva compañía: en 1972 fundó Cicaré Aeronáutica, en 1977 Industrias Cicaré y en 1993 Cicaré Helicópteros. La novedad es que cuando sus hijos entraron en escena y crearon Cicaré S.A. en 2005, se trató por primera vez de una empresa netamente familiar. “Reconoce sus limitaciones como manager y les da espacio a sus hijos para que tomen decisiones”, explica Dambra, de IAE. “Los fundadores por lo general no les dan espacio a sus herederos y en este caso les cede las decisiones respecto al management”, agrega.

Esta versión 2005 de la compañía nació por encargo del ejército argentino para fabricar un helicóptero de uso civil y militar. “El ejercito puso la demanda; nosotros el know-how”, explica Fernando Cicaré. Esta etapa se profesionalizó con la colaboración de ingenieros aeronáuticos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Plata. El helicóptero a construir fue el CH-14 y comenzaron exclusivamente para este proyecto. Sin embargo, la situación política argentina provocó que el Ministerio de Defensa suspendiera el proyecto tras 11 meses de avance. Quedaron en jaque, con la urgencia de inventar un plan para la compañía. 

En esta coyuntura, Fernando Cicaré evaluó los prototipos de su padre y cuáles podría poner en el mercado para generar caja. Se decidieron por el modelo CH-7, un helicóptero pequeño. “Para mantener viva una empresa de innovación y desarrollo hay que mantener un flujo constante de caja”, comenta el CEO. “Y el problema es que estamos en un país donde es muy difícil obtener financiamiento para experimentar”. Por eso la idea fue potenciar las ventas de los modelos de helicópteros pequeños, ya desarrollados, para financiar más I+D.

Hoy producen el simulador SVH-3, el CH-7B (un helicóptero monoplaza de uso deportivo) y el biplaza CH-7T ultraliviano (que alcanza 194 km/h), mientras desarrollan en paralelo nuevos modelos, como el CH-12 (biplaza de uso civil que se comercializará en un kit para armar). “Ahí el rol que juegan los hijos es balancear la exploración de nuevos conceptos con la explotación de ideas ya desarrolladas”, comenta Dambra. Los “chicos” Cicaré establecen así un equilibrio entre la exploración del padre y la sistematización de procesos que aportan como equipo.

El equipo de la compañía consiste en dos ingenieros aeronáuticos y uno industrial, seis técnicos, dos operarios, y los Cicaré. El núcleo familiar, además de Fernando y “Pirincho”, lo integran Alfonso Cicaré, estudiante de ingeniería aeronáutica que impulsa la distribución internacional de los productos, y Juan Manuel Cicaré, ingeniero agrónomo, que trabaja en la aplicación agrícola de los modelos. Ahora el asunto es cómo sostener en el tiempo esta estructura, para no colapsar como en las anteriores encarnaciones de la compañía Cicaré.

Giro internacional

Aunque “Pirincho” Cicaré por décadas recibió ofertas para trasladarse a Italia, EE.UU. o Brasil, nunca quiso dejar Argentina como su centro de operaciones. Pero eso no impidió que sus productos logren un objetivo internacional. “Fernando le está dando un vuelo a la compañía para posicionarse en Oceanía, Brasil, Estados Unidos y Europa”, dice Dambra. El objetivo del CEO es llegar a 2016 con un personal de 100 personas, con un 70% de personal calificado entre ingenieros y técnicos. Y profesionalizar las áreas de estrategia de negocios, de finanzas y de management. Así se busca pasar de un proyecto sustentado en la pasión de “Pirincho” a una industria consagrada, que sea capaz de sobrevivir a sus fundadores. 

De momento las energías están puestas en potenciar los modelos ya desarrollados, especialmente en el mercado chino, juntando recursos para seguir innovando. “En este escenario la clave es manejar el timing de lanzamiento de nuevos modelos, equilibrando el paso de la innovación a la explotación de los modelos y viceversa”, dice Dambra, de IAE. Porque un mal manejo de tiempos los podría dejar sin dinero para seguir innovando, o sin productos nuevos porque se olvidaron de generar innovación. 

Según el CEO de la compañía, este año lograron su meta de llegar a 24 unidades vendidas, que están en producción para ser entregadas. Los precios van desde el CH-7B, que vale US$ 75.000, hasta el CH-12 biplaza, que se vende a US$ 160.000. La estimación es que con las 100 personas que esperan tener para 2016, la producción alcanzará los 80 helicópteros por año, generando los recursos suficientes para sostener una industria experimental en Argentina. Ante el dilema de producir o desarrollar, la decisión fue equilibrar ambos y elevarse. “Sustentación”, le dicen en aerodinámica.

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