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Especial Mujeres: Las poderosas de Chile

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Han alcanzado metas relevantes y ostentan cargos de poder en muy diversas áreas de ejercicio profesional. Y aunque entre ellas no se conozcan, ni tengan el mismo signo político, estas chilenas poderosas comparten valores en común: la creatividad, como factor de innovación; la voluntad  de alcanzar sus objetivos; y una férrea vocación que las impulsa a todo evento. Éstas son sus historias.

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Entre lo público y lo privado

María Olivia Recart estudió ingeniería en la Universidad de Concepción. Tras titularse se casó prontamente con uno de sus profesores e inició su carrera profesional “desde abajo”, como ella misma dice.  En su carrera profesional se ha desempeñado en variadas funciones en los ámbitos privado y público. Tal vez la posición más vistosa fue la de subsecretaria de Hacienda durante el gobierno de Michelle Bachelet (2006-2010). Actualmente es vicepresidenta de asuntos externos de la minera anglo-australiana BHP Billiton en Chile.

“He tenido la suerte de trabajar en lo que me gusta y con excelentes jefes”, cuenta Recart. “Me gustan los jefes que te llevan a un nivel de destrezas que no sabías que tenías”, traspasando a sus subordinados su experiencia de que es posible llegar alto, innovando y atrapando todo el conocimiento que nos pasa por el lado.

No sólo los jefes han sido un buen pilar para esta profesional. “Cuando egresé se vivía una etapa histórica en Chile, que fue la transición  de la dictadura a la democracia”, explica. “Eso marcó mucho a mi generación porque estábamos participando de un proceso único”.

“Durante el gobierno de Patricio Aylwin, me tocó ser  parte del equipo del Ministerio de Hacienda, pero sin un cargo específico”, recuerda.

De ahí saltó a la Fundación Chile, donde estuvo 14 años, para luego retornar a Hacienda como subsecretaria entre 2004 y 2009.

“En cada etapa de lo que he vivido he aprendido todo lo que debía aprovechando mi apertura mental”, explica. “Uno puede mirar las cosas como un vaso medio lleno o medio vacío. Pero lo realmente importante es donde uno pone el foco. Y a mí me gusta trabajar en lugares donde aporto valor”.

Sola en el mundo minero

Pilar Oyarzún es abogada y se dedicó a una especialidad que pocos eligen en su profesión: la minería.

Hasta hoy el minero es un mundo preferentemente masculino. Pero cuando Oyarzún partió, a instancias de uno de sus profesores de la Universidad Católica, lo era aún más.
Tal fue su éxito que con el tiempo llegaría a independizarse y formar dos compañías paralelas: un bufete de abogados con su propio apellido, Oyarzún y Asociados, y una con servicios más amplios, Chile Registros.

“Me inicié en dos estudios jurídicos de asesoría para empresas mineras”, cuenta. “Era la única mujer y, obviamente, me miraban raro. Pero no era la única discriminada: a los geógrafos también los miraban un poco en menos”, recuerda.

Luego de esas experiencias optó por independizarse y montar la oficina propia, Oyarzún y Asociados, sin trayectoria en el ámbito de las leyes.

“Partí de a poco, pero me llegaron clientes porque ya me había dado a conocer y era la única que me dedicaba exclusivamente a la minería”, dice.

El estudio fue creciendo lentamente y decidió formar otra empresa, Chile Registros,  que abarca no sólo el sector minero sino también otros servicios, como derechos de aguas, energía e impacto ambiental.

La política de esta abogada es estar siempre innovando e incursionando en nuevas áreas en las cuales ve oportunidades, incluyendo más recientemente temas de acoso sexual en las empresas.

Por eso, su equipo de profesionales, que en conjunto suma 28 personas, es interdisciplinario: hay geógrafos, sociólogos, geólogos y especialistas en topografía y mapas, abogados de ambos géneros, aunque mayoritariamente mujeres. Ella es la mayor del equipo.

“Desarrollamos una propuesta para que Isla de Pascua fuera declarada zona protegida”, señala. “Cada vez estamos más relacionados con temas de vínculos con comunidades”.
 “Esta experiencia ha sido la más creativa”, dice, “porque se ha ido uniendo el derecho con asesorías en otros ámbitos como energía, derechos de aguas que son fundamentales para el desarrollo de cualquier proyecto; así como estudios de impacto ambiental y sobre las comunidades que están en su entorno”.

La decana

La doctora Cecilia Sepúlveda es decana de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Durante su primer período en el cargo, no sólo fue la primera en hacerlo en su facultad, sino en toda la universidad.

“Fui la primera decana electa, en el 2006 hasta el 2010”, comenta, “para luego ser reelecta por el período que termina en 2013”.

Proveniente de una familia de escasos recursos de Iquique, inició sus estudios de medicina en la Universidad de Chile, para luego especializarse en inmunología en Francia, donde vivió el exilio junto a su marido e hijos.

“En mi último año de carrera se produjo el golpe de Estado (1973)”, recuerda. “Tuve la fortuna de hacer mi especialidad en el Instituto Luis Pasteur”.

Cuando retornó algunos años después, la inmunología era una especialidad poco común en el país, pero se hizo muy relevante a partir de 1980 con los primeros casos de sida.

“El VIH puso de relieve mi especialidad en un período muy particular. En esa etapa realicé mucho trabajo clínico, de investigación en laboratorio y también de docencia en la universidad”.

A partir de 1984 se hizo cargo del Departamento de Inmunología de la Universidad de Chile y su principal actividad comenzó a ser la docencia.

“Cuando mis tres hijos estaban chicos era más difícil dedicarme a la carrera”, plantea. “Pero afortunadamente tuve siempre el apoyo de mi madre y de mi marido”.

La Facultad de Medicina que ella comanda es enorme, con más de 4.000 personas, entre docentes, estudiantes y funcionarios.Ello implica un desafío para la buena gestión, que es una exigencia de su cargo.

“Para realizar una buena gestión, y no sólo en el área financiera, ha sido fundamental escuchar a toda la gente, todos los estamentos que conforman la universidad”, explica. “Ése ha sido un gran desafío para mí”.

El desafío ha sido especialmente grande, agrega, porque tiene una fuerte fiscalización sobre sí y debe rendir cuentas anualmente.

Pero cuando deje su puesto se irá muy satisfecha de los logros alcanzados.

“Estamos realizando numerosos proyectos que serán de gran relevancia para la universidad. El más relevante es un cambio curricular, orientado a que los alumnos tengan una formación más vinculada a la velocidad de los cambios en la ciencia.
Sin ir más lejos, elementos tan relevantes como el descubrimiento de la llamada partícula Dios se han dado a una velocidad inusitada, tanto que el científico que enarboló esa teoría aún está vivo.

“Es importante agilizar nuestros planes de estudio cada vez más, para que los estudiantes salgan realmente preparados para los desafíos que les esperan”.

Diversa a toda  prueba

Anita Holuigui estudió ingeniería comercial en la Universidad Católica, pero su desempeño profesional ha estado más ligado a las comunicaciones, un campo que le fascina y la ha hecho dudar si su verdadera vocación es el periodismo.

“En realidad ambas tareas me apasionan, pero a lo largo de mi trayectoria se dieron  las cosas para que me fuera dedicando más a las comunicaciones”, explica.

Impulsada por su marido, el ejecutivo y empresario Felipe Lamarca, hace varios años decidió comprar Radio Galaxia, que actualmente forma parte del Grupo Dial, donde hoy Holuigui comparte propiedad con Copesa.

“Ha sido una gran experiencia”, plantea. “Para mí la vida no sería la misma si no estuviera marcada por esta gran diversidad”.

Experiencia internacional

Pamela Camus, country manager  de American Airlines en Chile, siente que su trayectoria ha sido diferente a la de otras mujeres ejecutivas de éxito, porque ha desarrollado casi toda su carrera en una sola empresa.

“Las firmas extranjeras aún son más avanzadas que las chilenas en términos de igualdad de género o discriminación por otro motivo”, comenta. “Aquí había más prejuicios porque las mujeres se casaban o tenían hijos”.

Y puede que tengan razón, porque las compañías locales se han adaptado más lentamente a esa tendencia internacional, “aunque está comprobado estadísticamente que las organizaciones donde hay más integración y más diversidad funcionan mejor”, agrega.

En ese sentido, reflexiona, “puede que hacer carrera haya sido más fácil para mí que para una mujer que haya trabajado en una empresa chilena”.

Cierto, pero también sucede que en las multinacionales generalmente se requiere a los ejecutivos cambiar varias veces de país para ascender a nuevos cargos. Camus reconoce que su caso ha sido excepcional, porque pudo ascender permaneciendo en Chile.

“Partí atendiendo pasajeros en el aeropuerto”, cuenta. “Luego pasé a funciones más administrativas, hasta que llegué a ocupar el puesto que tengo ahora”.

No sólo eso, también participó en la directiva de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Chile (AmCham), Comunidad Mujeres, Mujeres Empresarias y por diez años fue elegida entre las 100 mujeres líderes de Chile.

Comunicaciones en Chile y el mundo

Bárbara Rochefort estudió periodismo en la Universidad Diego Portales y ejerció la mayor parte de su carrera en  el área de comunicaciones corporativas.

“En los primeros años trabajé en medios de comunicación tradicionales, pero por poco tiempo”, recuerda. “Rápidamente me cambié a lo que se conoce por periodismo institucional. Me apasionó más”.

Luego, entró a la firma internacional Burson-Marsteller, luego emigró a Terra Chile y ahora retornó a Burson para hacerse cargo de la gerencia en el país.

“Han sido experiencias muy positivas, pero para nada planificadas”, explica. “Se han dado a lo largo del tiempo y las he tomado así, en la medida que se han presentado”.

Ella cree que es parte de su temperamento, no muy dado a mirar al largo plazo, sino más bien a ir paso a paso. “En general no tiendo espontáneamente a planificar demasiado”, plantea, “salvo que el trabajo así me lo exija. Pero en mi vida personal suelo actuar espontáneamente”.

Bárbara cree además que sus dos experiencias en Burson han sido muy diferentes.  “La primera vez entré casi como aprendiz y cuando volví, me tocó asumir el máximo cargo directivo en Chile”, concluye. “Conocí los dos lados, lo que me ayuda a entender mejor la empresa”.

Pero como esta historia es de final abierto, Bárbara no se anticipa a predecir su futuro. Sus palabras bien resumen lo que podrían decir todas estas protagonistas: “Ahora estoy feliz con lo que hago, pero más adelante, quién sabe”.

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