Educación

El polémico uniforme neutro que en México busca luchar contra la violencia hacia las mujeres

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A días de que se anunciara la polémica iniciativa, que partió como una norma donde niños y niñas podrían vestir el uniforme que quisieran, el gobierno mexicano le dio un vuelco y ahora se orientará solo a alumnas, quienes podrán usar pantalón en vez de falda.

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Se anunció a principios de junio generando polémica entre la comunidad educativa, los que no entendían bien las razones de fondo para permitir que los escolares de enseñanza básica pudieran optar por vestir pantalón o falda como parte de su uniforme. Lo que en principio se gestó para acabar con la violencia y la diferenciación de género, considerando a niños y niñas, se modificó recientemente por el gobierno mexicano y ahora la medida solo se aplicaría a las alumnas.

Si bien la iniciativa, como estaba diseñada en un primer momento, fue aplaudida por varios, también causó resquemores, sobre todo, entre algunas organizaciones como La Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF) que manifestó que la igualdad no se resolvía permitiendo que las niñas usaran pantalones y los niños falda.

Por el contrario, quienes estaban de acuerdo afirmaban que se trataba de una positiva iniciativa, pero que era solo un paso para frenar principalmente la violencia contra las mujeres y abrir espacios para los alumnos trans, quienes al no poder vestir de acuerdo a su identidad de género no se sentían cómodos. Este doble foco de acción tenía medianamente satisfechos a quienes entienden los problemas que trae esta aparente simple vestimenta.

Tanto para María Cristina Camacho, profesora de la licenciatura en Sociología en UNAM, como para Roberto Baeza, coordinador de incidencia y política de Fundación Arcoiris, se trataba de un simple paso pero significativo que podría haber generado nuevos modelos para la igualdad.

El que ahora la medida solo sea dirigida a las niñas, pone énfasis en la lucha contra la violencia a la mujer. Es con respecto a esto que Camacho dice: “Me parece que la medida, fuera de los posibles errores de aplicación y de la resistencia a su aceptación que parece traer consigo, es una alternativa emergente al no poder resolver el problema de la violencia de género hacia las mujeres, pues la equidad que se plantea en la misma no va en función de la inclusión y de la obtención de los mismo derechos, obligaciones y libertades, sino que el punto que el punto prioritario es reducir esa violencia que no han podido detener”.

Camacho continúa y asegura que en una sociedad como la mexicana, en la que la violencia en contra de las mujeres y la falta de equidad para lograr la igualdad con respecto a los hombres se puede corroborar con el aumento de las cifras de femicidios en los últimos años, permite afirmar que siguen constituyéndose como un sector vulnerable. Una muestra de esto son las cifras registradas por el Secretariado Ejecutivo: en el primer cuatrimestre del 2019 murieron 1.199 mujeres por violencia, es decir, cada dos horas y media. Y estos números han tenido una fuerte alza. Las víctimas aumentaron 97% en cuatro años. En los primeros cuatro meses de 2015, se registraron 610 femicidios; en 2016 fueron 847; en 2017 se registraron 967; y el año pasado fueron 1,142.

Los estados que más concentran estas cifras son: Estado de México, Jalisco, Guanajuato, Veracruz, Chihuahua y Ciudad de México.

Es necesario, entonces, de acuerdo con la académica, reconocer la limitada idea de la perspectiva de género, ya que la medida del uniforme neutro es una salida que resuelve de forma inmediata pero no de forma permanente ni con la profundidad necesaria, es decir, se otorga libertad a las niñas con el uso de pantalón pero los significados no cambian.

Con licencia para florecer

Aunque el gobierno anunció que la medida no incluirá a los niños, Baeza, de Fundación Arcoiris, y Franco Fuica, encargado de legislación y políticas públicas de OTD Chile, analizan el positivo escenario de permitir que alumnos trans puedan vestir como deseen.

Baeza afirma que "de esta forma es posible encaminar a posicionar nuevos modelos de aprendizaje y convivencia entre niños y niñas, uno mucho más equitativo e igualitario, donde logremos derribar prejuicios y estereotipos”. Y Fuica agrega que “para las personas trans, la expresión masculina, femenina y binaria, o no binaria, poder utilizar ropas que no están asignadas a su género tradicionalmente los libera muchísimo y permite florecer, sobre todo, en temas de personalidad”.

Esto, porque generalmente los estudiantes trans suelen repetir de curso y aislarse, así como ser víctimas de bullying. “Cuando son libres de verse como quieran, el problema ya no es cómo el resto los percibe. Una problemática que al resolverse los ayuda a sacarse mejores notas o tener más amigos, por ejemplo. Pero en sí, para las personas trans con las que he hablado es muy agotador vestirse de forma obligada con ropas de un género que no se siente propio, ellos sienten que se están disfrazando a diario. Sería crucial para ellos poder elegir sin que haya cuestionamientos detrás de eso, que no los celebren ni vapuleen", dice Fuica.

¿Cómo integrar este tipo de medidas?

Tomar este tipo de decisiones y pretender implementarlas en las escuelas no es sencillo, muestra de esto es lo que pasó en México. Pero existen casos en otros países. En 2015, el Departamento de Educación de Puerto Rico presentó una medida donde se detallaba que los varones que no se sintieran cómodos con la vestimenta por su identidad de género, podrían cambiarla. Dos años más tarde, cientos de colegios británicos optaron por implementar la política que permitía a niños y niñas usar falda o pantalón según su preferencia o establecer un uniforme unisex tanto en colegios primarios como secundarios. Y en 2018, Japón comenzó a introducir uniformes que facilitaran la expresión de género en vez de responder a estereotipos tradicionales.

En el caso de optar por introducir uniformes nuetros, para Baeza es un reto importante para quienes decidan hacerlo y para las escuelas, "porque en Ciudad de México los colegios tienen reglas al interior de sus espacios, y si bien se deben acatar las leyes será al final del día un desafíos por no tener las suficientes herramientas. Pero hay aliados dentro de las escuelas que podrán apostar con ejemplos, casos ejemplificadores, que ayuden a otras escuelas a plantear algunas soluciones en caso de que un estudiante quiera usar el uniforme que decida".

Para Camacho y Baeza, este tipo de iniciativas debe complementarse con otros programas, con estrategias de prevención, de sensibilización y comprensión. La académica profundiza explicando que se deben formular programas precisos, dirigidos a la prevención, la disminución y, por supuesto, a la erradicación de la violencia de género dentro y fuera de la escuela. "Asimismo, hay que considerar dentro de dichos programas la difusión de información clara sobre la diferencia entre igualdad y equidad, el reconocimiento de los derechos de las minorías, así como el cumplimiento de los mismos, lo cual no es una tarea fácil ni inmediata, como se ha podido observar”, aclara.

Fuica, además, enfatiza en que hay que considerar que dentro de las aulas hay un universo pequeño de personas que están en proceso de crecimiento y que traen una enorme carga valórica de sus hogares, y es muy complejo. "En ese sentido, se deben pensar planes dentro de los Objetivos Transversales de la educación y que efectivamente se trabajan como la igualdad, no discriminación, respeto y cuidado que requieren en ciertas personas con diferencias, en caso de compañeros sordos, ciegos, con asperger o algún tipo de asma, etc, porque hay millones de diferencias, y cuando el curso es consciente de que esto sucede hay mayor cuidado".

Y, ¿en Chile? Consultado sobre si una iniciativa de este tipo pueda implementarse en este país, el encargado de legislación y políticas públicas de OTD Chile dice: "Creería que es posible en algunos establecimientos, pero para lograr llegar al 100% deberían pasar 10 a 15 años, o quizá menos, pero siempre con un trabajo muy orientado a la lógica de la libertad. Y sí es posible mientras haya una chispita que idique que así sea y que inicie esto". Sin embargo, Fuica concluye con una reflexión final sobre el uso de uniforme y alumnos trans. Para él, "deben utilizar el uniforme que quieran para hacer desaparecer la lógica del uniforme que es muy de la producción y del trabajo en serie, donde se necesita marcar quién eres tú y quién soy yo, es importante cuestionar todos los niveles".

Ante el tema de los uniformes en general, Camacho aclara que "este sirve para distinguir la pertenencia a una comunidad, colectividad o grupo e, incluso, para homologar la forma de vestir y borrar las diferencias sociales, pero al mismo tiempo, representa la forma de distinguir las diferencias de género".

Es por esto que implementar una medida como el uniforme neutro, que ha sido aplicado en otros países, no debería generar polémica, sino que ser integrado con total confianza y esperando así acabar con prejuicios y limitaciones para todos los niños y jóvenes. Después de todo, como afirman los especialistas, es un simple paso que puede aliviar a miles de niños trans y al mismo tiempo ser un grano de arena en la lucha contra la violencia a las mujeres.

FOTO: UNSPLASH.COM

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