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El “mumpreneur” y empresa familiar en México

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En México, el cuidado de la familia es también una situación que enfrentan las mujeres, quienes sin embargo se ven obligadas a buscar el sustento para alimentar en primera instancia a sus hijos.

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Cada vez se ve a más mujeres en los cursos y talleres de programas de dirección de empresas familiares, lo que anticipa un cambio hacia una posición más equilibrada en favor del género femenino.

Los tiempos cambian empujados por las necesidades sociales y las nuevas tecnologías. En países europeos, como Francia y Gran Bretaña los altos costos del cuidado de los niños, que llega a superar los 200 pesos por hora (US$13), han obligado a las mujeres profesionistas a considerar iniciar un negocio.

En México, el cuidado de la familia es también una situación que enfrentan las mujeres, quienes sin embargo se ven obligadas a buscar el sustento para alimentar en primera instancia a sus hijos. De cada cinco empresas pequeñas y medianas (pymes) que se abren en el país, tres están lideradas por mujeres, quienes representan 16% del sector empresarial del país, de acuerdo con datos del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección, del Ipade.

Nuestra nación tiene aún una brecha de género muy amplia que reducir. El Foro Económico Mundial (WEF) ubica a México en la posición 83 de 135 países en ese rubro. Es más, 31% de las mujeres mexicanas ocupan puestos de alta dirección y 7% son miembros de la junta directiva. Sólo 2% de las mujeres trabajadoras son emprendedoras, contra 6% de los hombres.

“Explícita o implícitamente se asume el hecho que era el varón el responsable de crear la empresa y es su esposa quien atiende la familia. Desde luego que hay muchos modelos exitosos basados en esta filosofía y, lo que a mi juicio es más importante, surgidos del consenso entre las partes respecto a los repartos en las tareas y liderazgos”, señala.

La mujer, sostiene, ha sido Presidenta del Consejo de Familia, cuidando la educación, velando por la cohesión familiar en muchos casos, y asegurando un trato equitativo entre los miembros. Sin embargo, “esta visión reduccionista del rol de la mujer en los negocios de familia carece absolutamente de sentido…Cada vez más mujeres son y serán las fundadoras o las líderes continuadoras de los negocios de la familia”.

Como evidencia, el autor señala que en las últimas ediciones del Programa de Dirección de Empresas Familiares que dirige en el IE Business School, hay cada vez más participación femenina. “Claramente el papel de la mujer en el presente y futuro de las empresas familiares va a ser mucho más relevante” no sólo en gestión de la familia, sino también en áreas ejecutivas y de gobierno.

Cerrar la brecha de género beneficia a la productividad y a la competitividad. Según el Banco Mundial, la productividad podría aumentar hasta 25% en algunos países si las barreras discriminatorias contra la mujer desaparecieran.

El académico propone pedir a las empresas familiares ser responsables a la hora de tomar decisiones claves sobre los negocios y la familia.

“Que identifiquen y apoyen a los nuevos líderes, empresariales y familiares, que darán continuidad al proyecto. Sin anclarse en tópicos ni apriorismos. Que lo hagan valorando el talento. Nunca olvidemos, que a más talento, más competitivas serán las empresas. En suma, ni el talento ni la competitividad entienden de cuestiones de género”, concluye.

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