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Ciudades con mar: ¿La alquimia para juntar ocio y negocio?

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Conteste rápido ¿En caso de poder optar, preferiría o no una ciudad con mar para vivir, trabajar y hacer negocios? Si dijo sí, pertenece a la mayoría que sueña con la integración de la calidad de vida y el desarrollo profesional. Ahora, si se detiene a pensarlo, tal vez cambie de opinión y vea otros elementos más relevantes para decidir dónde instalarse.

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Escucharles a barceloneses y cariocas decir que no se irían de su ciudad no es difícil de imaginar ni de oír. Esta convicción no sólo se extiende al ámbito de la vida social o familiar, sino que también atañe a lo laboral. ¿Qué tienen en común Barcelona y Rio de Janeiro? Pues que ambas ciudades tienen playa, puerto y encanto.  

“En las zonas costera el clima es más suave por la influencia del mar. Esto es una forma de atraer talentos. Pero además de costa es ideal que la ciudad tenga buen clima, suficiente días de sol, suficiente agua e instalaciones adecuadas”, explica José Ramón Pin, profesor de IESE Business School

Esto es uno de los argumentos que ha tenido Barcelona para que empresas de innovación se sitúen en sus tierras, lo que también ha contribuido a que se desarrollen los clusters de diseño y editorial. En estos casos el intercambio cultural es importante, lo que junto con otros aspectos ha permitido que Barcelona -y también Rio- sea una zona turística. 

“Esto crea una combinación de ocio y trabajo, lo que da una características especiales a la población: gente que es capaz de divertirse trabajando y viceversa, más atenta al cliente y más extrovertida”, dice Pin, pero también advierte que esto genera inconvenientes, como que “ el trabajo riguroso y la constancia sea algo más complicado de conseguir, porque están más acostumbrados a proyectos más cortos y en que los detalles no son tan importantes”. 

“Las personas prefieren vivir y trabajar cerca del mar, por el tema de la calidad de vida. Estas personas creen fuertemente que en eso es mejor el mar, y es muy difícil de convencerlos de irse a trabajar al interior”, explica Paulo Vicente, profesor de estrategia de Fundación Dom Cabral, una escuela de negocios enclavada en la mediterránea ciudad de Belo Horizonte.

Playa, bien. Puerto, mejor

Pero más allá de la playa, que puede incidir bastante poco en los negocios a menos que se esté en el rubro turístico, es el puerto el que genera mayores diferencias, porque genera un intercambio más fluido de productos, como sucede en ciudades como  Lima, en Perú,  y Montevideo, en Uruguay.

“Existe una ventaja indudable en el transporte marítimo, porque es más barato, al igual que la producción. Hoy en día hay abundante transporte marítimo a nivel mundial y los fletes son muy baratos", dice Pin. 

Sergio Luiz Pereira, profesor de supply chain y sustentabilidad de BSP, “de todos los sistemas de transporte que ha inventado el hombre, el medio marítimo, es lejos el más eficiente en relación a costo de energía por tonelada transportada. De este modo, los puertos son elemento orgánicos fundamentales para el desarrollo de la economía, porque son las puertas de entrada y salida de materias primas y productos terminados”.

Muchas compañías prefieren estar cerca del mar o de un puerto fluvial, porque es más barato el recurso logístico. También influye el que estas empresas exporten algún producto”, dice Vicente.

Así, según el último Ránking 2010 elaborado por AméricaEconomía, “Las mejores ciudades para hacer negocios en América Latina”, las calificadas en el tope fueron Miami, Santiago de Chile, Sâo Paulo, Ciudad de México, Rio de Janeiro y Buenos Aires. De ellas, Miami y Rio tienen mar, aunque Buenos Aires tiene puerto. 

“Puede que exista una mentalidad ribereña en las ciudades con mar, pero no creo que sea determinante en los negocios”, dice, Paulo Vicente, profesor de Fundación Dom Cabral. 

Al clima de negocios no lo afecta el mar

Lo que sí, es que a veces las ciudades costeras y turísticas a su vez, puedan ser más atractivas para los ejecutivos globales, que cambian de ciudad con frecuencia. Sin embargo, Pereira cree que así como Río de Janeiro tiene fama mundial como la Ciudad Maravillosa, eso no significa que Sao Paulo no se proyecte como ciudad turística, conservando además las características que la hacen la ciudad de negocios de Brasil por antonomasia. 

No todas las ciudades costeras tienen una buena infraestructura de carreteras y red ferroviaria. Por lo tanto, es urgente que el gobierno brasileño y también al sector privado inviertan no sólo en la modernización de los puertos, sino también en el modo de infraestructura de transporte”, dice Pereira.

Es que no todo es grito y plata a la orilla del mar, como algunos creen. Por lo mismo, Enzo Defilippi, profesor de la Escuela de Postgrado de la Universidad del Pacífico del Perú, asegura que el tema pasa por otros asuntos, como el nivel cultural y sistema educativo, junto con el respeto por la ley, o la exigibilidad de los contratos, a la hora de considerar moverse de una ciudad a otra. Y en eso no hay mar que suavice un mal clima de negocios. 

“Es más fácil que te paguen en Santiago que en Buenos Aires. Lima está en medio en ese aspecto, y cuando los peruanos vamos a países de El Caribe nos cuesta trabajar allá, a pesar que compartimos esta manera media caótica de organizar los asuntos”, dice. 

Un nivel educativo que permita encontrar mano de obra calificada, una cultura orientada a valores que premien la excelencia, nivel de confianza que permita la facilidad para hacer negocios, serían otros agentes que influirían en por qué escoger una ciudad para hacer negocios, según este académico peruano. 

También es importante la institucionalidad, porque cuando se hacen negocios se viene con una perspectiva de largo plazo y si se espera que las reglas del juego no se cambien abruptamente. Esto es para evitar el riesgo de hacer negocios”, agrega Defilippi.

Incluso, el tener puerto también podrían tener su lado oscuro, donde se puede presentar desde el surgimiento de un rechazo o una cierta inquietud hacia la interculturalidad, hasta la originación de barrios complejos, y que terminan siendo guettos sociales.

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