Recursos Humanos

Chile busca mineros

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La minería de ese país debe enfrentar millonarias inversiones con un déficit crónico de capital humano. Y las soluciones sólo vendrán en el mediano plazo.

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Son las 8 de la tarde del miércoles 20 de abril y Pedro Elissetche, geólogo de Codelco, toma en el aeropuerto de Santiago un avión con destino a Antofagasta. Un viaje que realiza regularmente hace varios años, para cumplir un sistema de turno de nueve días en Calama, trabajando para la minera, y cinco de descanso en Santiago. Muchos de sus colegas están en la misma situación. Claro, el lugar de las faenas queda a más de 1.600 kilómetros de Santiago, donde viven sus familias, y sus esposas se rehúsan a radicarse en Calama, una ciudad apartada y con malos servicios.

“Durante la Semana Santa estaré solo”, dice Elissetche, quien arrienda una casa junto a colegas con cuyos turnos casi nunca coincide. “Me he perdido de varios cumpleaños y fechas familiares importantes”. A pesar de los buenos salarios, las condiciones para trabajar en minería son poco atractivas. La altura y las condiciones climáticas adversas ahuyentan a los trabajadores en un rubro que se ha llenado de inversiones en los últimos años debido a la escalada en los precios de los metales. Y las universidades no entregan suficientes profesionales especializados en el rubro. ¿Resultado? Un déficit crónico de capital humano profesional y técnico.

Durante los próximos cinco años se necesitará llenar cerca de 23.000 vacantes –6.000 de las cuales serán profesionales–, si se quiere echar a andar inversiones que suman US$ 55.000 millones, de las cuales US$ 15.000 millones provendrían sólo de Codelco, dice Alberto Salas, presidente de la Sociedad Nacional de Minería, uno de los gremios más importantes en Chile en el rubro. Pero, según los cálculos de los especialistas, no habrá suficientes trabajadores calificados para ello.

El director del departamento de ingeniería en minas de la facultad de ingeniería civil industrial de la Universidad de Chile, Aldo Casali, dice que entre las seis universidades que ofrecen la carrera de ingeniería en minas, egresan cada año unos 150 alumnos. Pocos en comparación con los egresados de ingeniería industrial, que completan 150 sólo en la Universidad de Chile. Peor aún, en los últimos 20 años la actividad minera creció cinco veces y la cantidad de ingenieros en minas lo hizo en 1,5 vez.

Chile dispone hoy de una de las carteras más grandes de proyectos de inversión en la minería del cobre a nivel mundial para la próxima década”, dice Laurence Golborne, ministro de Energía y Minería. “Por esto la necesidad de profesionales va a ir creciendo”. Para Marcelo Awad, presidente ejecutivo de Antofagasta Minerals, el brazo minero del grupo Luksic, el talento es parte fundamental de la viabilidad o factibilidad de futuras iniciativas, e incluso de la continuidad operacional. Y si las empresas no cuentan con el personal suficiente, los proyectos deberían ajustarse o incluso postergarse.

Por el momento, las grandes mineras están sencillamente jugando a la silla musical, levantándose entre ellas a altos ejecutivos. Para muestra, un botón: a fines de abril, Codelco fichó en uno de sus puestos clave a Jorge Gómez, quien trabajaba como vicepresidente de operaciones de Antofagasta Minerals, para hacerse cargo de las divisiones de El Teniente, Andina y Ventanas.

En todos los países mineros la situación se repite. De hecho, muchas universidades en Estados Unidos y Australia han cerrado carreras de minería. Muchos profesionales chilenos son requeridos por mineras en otros lugares, lo que le pone mayor presión a la industria local.

En Perú la situación es parecida, y afectará al mercado laboral minero chileno. Según Ricardo León, geólogo y gerente general de Downing Teal Chile, head hunter especializado en minería, en ese país el expertise en áreas como elaboración de los proyectos es menor. “Pronto se empezarán a realizar proyectos de mayor envergadura, para los cuales hay pocas personas calificadas y lo más seguro es que ese personal tendrá que salir de Chile”, dice León.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), de los más de siete millones de empleos ocupados en Chile, la minería captura un poco más de 217.000. Es cierto, el rubro es menos intensivo en mano de obra que los servicios o el retail. Pero la cifra puede ser baja si se considera que el 20% del PIB de Chile proviene de esta industria. La escasez de personal ha hecho que los salarios sean mucho más altos que en otros sectores, lo que abarata, en contraste, la automatización.

La renta promedio mensual de los geofísicos, por ejemplo, al segundo año de egreso, es de unos US$ 3.200, mientras que un ingeniero industrial gana US$ 2.100, según un estudio de Trabajando.com. Sin embargo, la diferencia parece no ser suficiente para compensar las malas condiciones laborales del sector. “Cuando te hablan del sueldo, nadie te dice lo que significa vivir lejos de la familia”, dice Elissetche, quien también preside el Colegio de Geólogos de Chile.

El tema es clave en un mundo en que la calidad de vida tiene cada vez más valor. “Entre ganar el doble lejos de casa, o quedarse en Santiago ganando la mitad, muchos egresados prefieren lo segundo”, dice León. Además, hay rubros mucho más glamorosos a los ojos de los estudiantes, como el de las finanzas. Claudio Rodríguez, consultor de la misma empresa y profesor de la carrera de ingeniería en minas de la Universidad de Santiago (USACH), dice que el 90% de los egresados de la carrera no trabaja en la minería.

Nicolás Iturra, geólogo que se fue por seis años como consultor en hidrogeología en la empresa Montgomery & Associates, agrega que mucha gente estudia carreras mineras buscando mejores salarios, pero pronto se cansa y elige otro tipo de ocupaciones. “Esto produce una rotación importante de personal”, dice Iturra, quien estudia un magíster en la Fundación Centro Internacional de Hidrología Subterránea, en España. “Y no siempre quedan los mejores”, agrega.

El ingeniero Luis Jara, quien trabaja en la empresa canadiense de ejecución de proyectos SNC Lavalin, prestando servicios para la minera Collahuasi, aboga por la transparencia. “Se debería comentar a los estudiantes de ingeniería en minas las ventajas y desventajas" del trabajo, para que sepan que van a tener un buen pasar económico, pero un impacto negativo en calidad de vida”, dice recordando que las temperaturas de las faenas pueden ir desde los 40°C en verano y los -28°C en invierno.

La falta de gente nueva ha llevado a que el promedio de edad de los trabajadores de la minería sea cercano a los 50 años, mientras que en el total del país es cercano a los 42 y en industrias como la pesca, a los 40. “Este es uno de los pocos rubros donde se busca que la gente prolongue al máximo su vida útil”, dice León. Además, la industria sufre de una vieja tradición: que la minería es un trabajo sólo de hombres (basta decir que hasta hace poco el ingreso de una mujer a una faena era considerado mala suerte).

Hoy el 92% de los empleos mineros (200.000) son ocupados por hombres y sólo un 8% (17.000) por mujeres. Golborne dice que, aunque en los últimos tres años la incorporación femenina al sector aumentó un 41%, su participación aún es insuficiente: Alcanza sólo un 7,4%, según cifras de Comunidad Mujer.

Las mujeres reciben pocos incentivos y tienen problemas adicionales a los de los hombres, como la maternidad. Viviana Cristinich, ingeniera de gestión para la División Ministro Hales de Codelco (con un 12% de dotación femenina), en Calama, dice que lo más complicado de trabajar en una faena son las emergencias familiares. “En especial cuando algo les sucede a los hijos”, dice.

EN LAS AULAS

Para muchos, la industria se ha quedado atrás en difundir los aspectos positivos de trabajar en ella a nivel escolar y universitario. Se la percibe como altamente contaminante y sin mucha tecnología aplicada. “Aún muchos ven la minería como un sector de pala y picota, cuando es posiblemente el sector con mayor desarrollo e inovación tecnológica aplicada en Chile.”, dice Awad.

Según Rodríguez, de Downing Teal, muchas universidades cometen el error de potenciar poco las carreras mineras y priorizar otras que requieren de menos infraestructura y son más baratas de costear. Pero las universidades dicen que no hay suficiente demanda. “La Universidad Católica y nosotros hacemos esfuerzos para que los alumnos estudien carreras afines a la minería, pero no es fácil”, dice Casali, de la Universidad de Chile.

Juan Pablo Vargas, jefe de la carrera de ingeniería en minas de la USACH, reconoce que las entidades educacionales han reaccionado tarde, pero recuerda que la crisis de precios de los metales de fines de los 90 postergó muchos proyectos mineros, los que desincentivó la generación de una nueva oferta educacional. “Las universidades privadas, por ejemplo, llevan muy poco tiempo formando profesionales en este ámbito”, dice.

Pero la industria también tiene responsabilidad en el tema. “Tenemos un retraso en salir a seducir a las nuevas generaciones”, dice Awad. Para Casali, la solución pasa por una mayor vinculación entre las mineras y las universidades. Y eso ha aumentado durante los últimos años: las empresas están yendo a las casas de estudio a comunicar las bondades del sector a los alumnos, invierten más en investigación y laboratorios, y, sobre todo, entregan más becas. En la Universidad de Chile, por ejemplo, hay 11 becados de un curso de 30 y tres laboratorios fueron financiados por privados. “La relación entre mineras y universidades es una inyección a la vena en la captación de alumnos”, dice Casali. “Se necesita que las mineras financien ese tipo de carreras”, por ejemplo, para captar buenos profesores”.

Según María Olivia Recart, vicepresidenta de asuntos externos de BHP Billiton y ex subsecretaria de Hacienda, los centros de formación técnica y los institutos profesionales deben adaptar sus currículos a las competencias requeridas por la industria. En esta línea BHP Billiton tiene el programa de “Graduados”, que busca incorporar profesionales talentosos a la empresa. “Está enfocado a jóvenes profesionales recién titulados provenientes de Chile y el extranjero”, dice Recart. También posee el Centro de Entrenamiento Industrial y Minero (Ceim) y su escuela formadora de oficios, que opera en el norte y provee de técnicos a toda la industria minera, y permite a personas de otras industrias revalidar sus competencias y aplicarlas luego a áreas específicas de la minería. 

Antofagasta Minerals, por su lado, ha generado programas de pasantías en faenas, seminarios, apoyo a profesores, con las actualizaciones tecnológicas y de gestión, becas para alumnos destacados, facilidades para realizar sus prácticas y memorias en sus operaciones, además de visitas a terreno de ramos específicos de minería. “Damos apoyo a alumnos de magíster para permitir ir acercando el mundo universitario a la minería”, dice Awad.

Por su parte, Anglo American Chile cuenta con el programa Pre-Graduate que premia a los mejores alumnos de las carreras de Ingeniería Civil en Minas, Metalurgia y Geología de las principales universidades del país, cuenta Miguel Ángel Durán, presidente ejecutivo de la compañía. 

El Ministerio de Energía y Minería también hace lo suyo, apoyando la inversión en educación superior y técnica. “Como ejemplo, puedo mencionar el laboratorio de análisis minero que Enami entregó al Liceo de Cabildo, a través de las universidades, nuestros programas sociales como el Programa de Apoyo a la Minería Artesanal (PAMMA) y del desarrollo de capacitaciones a nivel técnico”, dice el ministro Golborne.

Pero Ricardo León, de Downing Teal Chile, va más allá y sugiere que la industria debiera hacia el largo plazo trabajar directamente en los colegios para atraer talentos a las carreras de minería. “Esta industria en sumamente meritocrática, por lo que las grandes mineras debieran ir a los colegios municipalizados y subvencionados, para entusiasmar a aquellos que quieran sacrificarse, con el objetivo de romper su brecha social”, dice León. Anglo American cuenta con un programa para entrenar a jóvenes de entre 18 y 21 años, egresados de enseñanza media de escuelas técnicas de comunidades cercanas, para insertarlos en el mundo laboral.

Para Golborne este tema también es clave. Según el ministro, la secretaría de Estado está enfocada en crear conciencia en colegios para que desde las primeras etapas los niños y jóvenes conozcan los beneficios de desempeñarse profesionalmente en la minería. “El año pasado inauguramos el mes de la minería con una clase a alumnos del Instituto Nacional sobre minería, y queremos encantar a los chilenos con el sector, para que la minería sea cada día una parte más importante de nuestra cultura y desarrollo”, dice el ministro.

Una experiencia que León asegura que ya se realiza en Brasil. Ése es el caso de la empresa Rhio’s Recursos Humanos, que recorre varios colegios todos los años, reuniéndose con alumnos de los dos últimos años, explicándoles las bondades de la minería. Lo claro es que todos los esfuerzos, tanto públicos como privados, tendrán que ponerse en marcha de inmediato para evitar que la gran minería termine padeciendo de un blackout.

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