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Becas y playas: Australia se alza en el horizonte

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El gobierno oceánico está empeñado en capturar mayor diversidad de estudiantes en sus universidades y escuelas de negocios, por lo que está dispuesto a apostar fuerte por América Latina. Conozca la oferta y sepa qué tienen que decir las escuelas latinoamericanas frente a la ofensiva.

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En 2008 Robert Morrison, chileno de 30 años, decidió dejar “stand by” su empresa de eventos de música electrónica, Street Machine, y tomar un avión rumbo a Australia para realizar un MBA en la Macquarie Graduate School of Managment.

¿Las razones? “Quería que fuera un país que se hablará inglés y además me llamaba la atención la vida en las playas, lo bonito del país, la gente y el surf”, comenta al recordar el año de programa intensivo que vivió estudiando y trabajando de forma part time en Sidney. 

Para Morrinson, su experiencia es 100% recomendable, ya que “el estilo de vida del australiano es algo de lo que hay que aprender. Son gozadores, eficientes y trabajan lo justo y necesario”, dice.

Si bien el caso de Morrison nace de sus propios intereses y expectativas, el gobierno de Australia quiere que esto sea más que un caso aislado, pues de un tiempo a esta parte ha puesto sus ojos en el mercado de candidatos latinoamericanos a cursar un MBA.

“El gobierno australiano ha lanzado una nueva campaña en América Latina para promover sus programas con más fuerza”, dice Sofía Pereira, agregada de Educación de Australia para la región. Una apuesta que ya en 2010 atrajo a 860 latinoamericanos, entre argentinos, brasileños, chilenos, colombianos, mexicanos y peruanos, quienes optaron por cursar postgrados en Administración en Australia. Un modesto 2,2% de ese subconjunto de becarios, pero que amenaza con crecer.

Después de todo, desde 2004 el principal país oceánico se encuentra impulsando becas totales y parciales de programa de estudios de postgrados (Endeavour Awards) para estudiantes internacionales de postgrado con una inversión anual de US$ 200 millones, lo que le ha valido la llegada de 85.000 estudiantes de todas las áreas en 2010. El problema, es que la mayor captura proviene de Asia, por lo que “hoy el desafío es aumentar la proporción de estudiantes no asiáticos, para dotar de mayor diversidad y riqueza cultural a su oferta”, dice Yamileth Otero, gerente general de Latino Australia, una empresa apoyada por el gobierno australiano, dedicada a difundir y apoyar las postulaciones de latinoamericanos. 

Según Otero, las principales razones para optar por Australia, por parte los latinoamericanos que quieren hacer un MBA, se debe a que la vida del estudiante permite trabajar 20 horas semanales. “La jornada laboral es remunerada en promedio con US$ 20 la hora, por lo que si bien el costo de vida es alto, puede ser perfectamente solventado. Además si comparas los programas pueden ser hasta un 40% más económico que otros países desarrollados”, dice. Algo que se vuelve más atractivo para quienes tienen pareja, pues las becas para los acompañantes comportan visas de trabajo sin restricciones.

Si ya se está entusiasmando y piensa en comprarse una tabla de surf antes de ir a postular, espere un poco, y analice la oferta académica.

Australia posee 5 escuelas de negocios con presencia en ránkings internacionales (ver tabla). La más recurrente es Melburne Business School, la única catalogada por el Ránking de Escuelas Globales de AméricaEconomía (41º), que además de medir los atributos normales de las mejores escuelas de fuera de América Latina, incluye un indicador de conexión de esas instituciones con la región.

Escuelas top de Australia

Jane Prior, director de programas academicos de esta B-School australiana, comenta que este logro se debe a que “nuestro cuerpo estudiantil es muy internacionalizado: más del 75% son extranjeros, y no más de 10% son de un solo país”, amén de poseer un faculty con profesores internacionales de las mejores escuelas, como las de las universidades de Harvard, Chicago o Hong Kong.

Costo de oportunidad

Pese a que la oferta australiana es atractiva y lleva la palabra mágica de “becas”, por algunas razones no se congestionan las embajadas y consulados de ese país en las distintas ciudades de América Latina.

Como en todo, hay desventajas.

Por ejemplo, los estudiantes latinoamericanos, una vez vueltos a su país de origen, invirtieron tiempo y conocimientos en mercados distintos a los que van a trabajar, por lo que sus redes de contactos y conocimientos específicos están al otro lado del Pacífico. La Escuela de Negocios de la Universidad de Melbourne, pese a ser una de las más globales de Australia, marca tan sólo 26% en su indicador de conexión con América Latina, según el Ránking Global de AméricaEconomía.

En este lado del Océano, en cambio, la conexión es obviamente total. Algo importante para una región que usa intensivamente las redes de contacto y que tiene contextos específicos que hay que conocer para operar negocios.

Neil Camacho, director administrativo de Maestrías y Career Services de la costarricense- nicaragüense, Incae Business School, dice que “las escuelas de negocios de América Latina, están constantemente preparando a los profesionales para que puedan enfrentar situaciones de crisis económicas como la que vivimos en el 2007, por lo tanto, la gran ventaja es la preparación que entregan este tipo de MBA, no solo para la región sino a nivel global”.

Por otro lado, Ramón Molina, director ejecutivo de la Escuela de Negocios de la chilena Universidad Adolfo Ibañez, recalca la oportunidad de generar un networking para aplicar a mediano plazo una vez finalizado el programa. “En los programas se desarrollan redes tanto con gente que trabaja en la región como con personas que tienen intereses de participar en un futuro”, señala Molina.

Otra diferencia no menor es el costo de realizar un MBA. Sin contar becas mediante, realizar un postgrado en negocios y administración en Australia significa pagar un 40% más, sin incluir los gastos de traslado que serán mayores que un país de América Latina. Por ejemplo el MBA full time de Macquarie Graduate School cuesta US$ 50.000 aprox, mientras que el mismo programa en la UAI bordea los US$ 30.000.

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