Educación
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Cómo mejorar la educación emocional en los niños y adolescentes

En ese sentido, es importante reforzar la inteligencia emocional en los niños desde temprana edad, entendida como la capacidad de reconocer, identificar y nombrar las emociones propias y las de los demás.

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Las clases a distancia han puesto a prueba la manera en que los padres pueden acompañar a los escolares en sus estudios, lo cual sigue siendo un proceso de adaptación en el que es esencial que los adultos eduquen socioemocionalmente a sus hijos. Los niños, al estar empezando a conocer sus emociones, no siempre tienen reacciones adecuadas ante ellas.

En ese sentido, es importante reforzar la inteligencia emocional en los niños desde temprana edad, entendida como la capacidad de reconocer, identificar y nombrar las emociones propias y las de los demás.

“Lo más importante es poder gestionar nuestras emociones, saber en qué momento actuar de cierta manera y reconocer lo que sentimos para poder manejarlo", explica Adriana Muente, psicóloga del Colegio Markham.

Es clave que acompañemos y ayudemos a identificar lo que van sintiendo los más pequeños de la casa, más aún en esta temporada en que permanecen más tiempo aislados. Por ello, Muente comparte consejos para que los padres mejoren la educación emocional en los niños y adolescentes:

  • Transmitirles calma. Ante el contexto en que vivimos y/o las malas noticias, deben asegurarle que lo que está pasando no es su culpa, y es posible solucionarlo y salir adelante. Esto, siempre y cuando usted también se encuentre en una situación tranquila para poder gestionar sus emociones, como el estrés, la ansiedad, el fastidio y el aburrimiento.
  • Ayudarlos a nombrar sus emociones. Cuando recién comienzan a hablar, los niños empiezan a nombrar cosas, pero poco a poco los padres deben ayudarles a nombrar sus emociones. Al principio están muy mezcladas con su sentir y sus sensaciones; por ejemplo, cuando dicen que tienen hambre o sueño, pero no dicen “estoy cansado”, “estoy aburrido” o “estoy triste”. Hay que ayudarlos en este proceso de distinguir sus emociones, porque la inteligencia emocional es un proceso.
  • Afirmarles que “sentir algo” está bien: Los niños comienzan a sentir ciertas emociones que a veces los abruman. Luego de darles nombre a las emociones, asegúrese de que entiendan que “está bien sentir algo".
  • Leerles libros sobre emociones y explicarles: Incluso en el mismo momento cuando están viendo una película o dibujos animados pueden ir comentando lo que les pasa a los protagonistas. También es bueno compartir experiencias desde una perspectiva empática. Eso hace que los niños se sientan entendidos y tengan la confianza para seguir conversando.
  • Transmitirles calma. Ante el contexto en que vivimos y/o las malas noticias, deben asegurarle que lo que está pasando no es su culpa, y es posible solucionarlo y salir adelante. Esto, siempre y cuando usted también se encuentre en una situación tranquila para poder gestionar sus emociones, como el estrés, la ansiedad, el fastidio y el aburrimiento.
  • Leerles libros sobre emociones y explicarles: Incluso en el mismo momento cuando están viendo una película o dibujos animados pueden ir comentando lo que les pasa a los protagonistas. También es bueno compartir experiencias desde una perspectiva empática. Eso hace que los niños se sientan entendidos y tengan la confianza para seguir conversando.
  • Manejar un vocabulario emocional: Al tener todos características individuales, cada niño asume las situaciones de manera diferente. Recuerde preguntarles qué sienten y dónde lo sienten; y si es que lo quieren dibujar, por ejemplo. Cuando son más grandes es más fácil para los niños identificar y expresar sus emociones. Sin embargo, aún así, los mismos adolescentes suelen decir que “no quieren nada”, “les llega todo” y se encierran en su cuarto.
  • Mantenerse atento a los cambios en los patrones de comportamiento de los niños: Es vital reconocer lo que es natural en cada etapa de vida, de lo que es demasiado para esa edad. Por ejemplo, que esté muy callado, comiendo mucho, durmiendo demasiado o si cambia algo en el juego (porque los niños elaboran sus emociones, experiencias e ideas mediante el juego). Un niño que deja de jugar es preocupante, al igual, si juega siempre lo mismo. Si comienza a realizar todos los días pataletas o berrinches, hay que prestar más atención. Cada uno conoce a sus hijos, así que deben ir midiendo lo que es esperado para cada etapa de vida y lo que se escapa de eso.
  • Comunicarles lo que se siente: Los niños pueden ver a un papá ansioso, tenso, fastidiado y preocupado, sin saber lo que le pasa. Entonces, sentirán que algo no anda bien y es posible que se pongan ansiosos, fastidiados y abrumados, porque creen que puede ser su responsabilidad. Si uno no dice lo que piensa o lo que le pasa, los niños pueden imaginar explicaciones erróneas. Es importante ser sinceros y decirles, con el lenguaje más sencillo y tomando en cuenta la edad, lo que está pasando, siempre recordándoles que son queridos, que sus padres están ahí y que los van a cuidar.

Debemos reconocer que todos estamos pasando por una etapa complicada que está desatando diferentes emociones. Y, en cuanto a la educación emocional, se trata de cómo ocuparse mejor de los niños para poder enseñarles un mejor modelo de resolución de problemas que los ayudará en sus vidas. Aprenderlo ahora, a los 5 o 7 años, será mejor que aprenderlo más adelante.

 

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