Innovación

Níckolas Laport y la iniciativa de UDD para introducir la innovación en pregrado

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La iniciativa de la chilena universidad del Desarrollo es en palabras del subdirector académico de iCubo y encargado de la iniciativa, “única”, al menos en Chile. En este programa denominado dLab, los estudiantes de pregrado de Economía y Negocios, Diseño, e Ingeniería pueden elegir pasar el último año de su carrera en este laboratorio, donde se gradúan certificados en innovación.

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Cambiaron la malla de las facultades de Diseño, Economía y Negocios, e Ingeniería, y hoy, con una generación ya graduada, varias empresas están interesadas en participar del proceso. 

Se trata del programa de la chilena Universidad del Desarrollo, a través del Instituto de Innovación Interdisciplinaria-iCubo, denominado dLab, en la que estudiantes de cuarto año de su carrera pueden escoger entre cursar el quinto año y último en el dLab o continuar el modelo tradicional. La ventaja de optar por el dLab es que los estudiantes se titulan y también obtienen una certificación en innovación.

El programa se ideó en 2009, instancia en que las tres Facultades de la Universidad debieron “identificar ramos críticos, que se mantuvieron, y aquellos menos críticos, los que se convalidaron con las asignaturas del dLab”, relata Níckolas Laport, encargado del programa. Si esta tarea fue compleja, también lo fue el primer año: “Partimos sin nada, sin oficinas. Ahora, además de oficinas poseemos un taller, que se puede utilizar todos los días. Se proyecta que de aquí a marzo de 2014 estén construidas tres salas en un nuevo edificio, con salas para seminarios”.

Actualmente, el programa, que es teórico -contempla 10 módulos- y práctico, se extiende por un año y se divide en dos semestres: el primero enfocado en la Universidad y el segundo en las empresas. En ambos la función consiste en resolver un problema. Para ello, los estudiantes conforman grupos compuestos por un economista, diseñador e ingeniero, junto a un tutor. La función de estos últimos, quienes también se postulan al programa, consiste en guiar a los grupos, tanto en su trabajo práctico como en la parte teórica, donde se llevan a cabo reuniones.

En estas instancias, relata Laport, cada grupo explica durante 5 minutos la problemática. Y los tutores orientan la conversación, para asegurar que se hablen los tópicos interesantes para todos. Tras 10 minutos de preguntas los tutores guían. “Es una metodología donde son los grupos los que deciden cuáles son los espacios de solución”. A través de estas conversaciones, se puede ver desde la experiencia de los otros cómo resolver su problema.

El perfil de estudiantes y tutores debe ser similar: cuestionar las cosas y querer cambiar el mundo. Esto es fundamental, explica Laport, pues “para nosotros el alumno ideal no es el más estudioso ni de mejores notas, sino cuestionador, que vea cómo están hechas las cosas, que quiera cambiarlas e implementarlas”. Por lo mismo, los postulantes deben presentar una carta de intención y presentarse a una entrevista, donde quedan más claros sus intereses.

El 2012, cuando debutó el programa, se graduaron 18 estudiantes y este año cuentan con 45 alumnos. Los pronósticos son positivos para 2014: “Este año ya tenemos 100 postulantes entre Concepción y Santiago”, las dos ciudades donde se dicta la iniciativa.

¿A qué necesidades responde el programa dLab?

Fue una necesidad de las tres escuelas de la Universidad (Ingeniería, Economía y Negocios, Diseño) sobre generar un programa único que se hiciera cargo de la innovación en pregrado. Porque hay muchos postgrados sobre este tema, pero ninguno incluido dentro de tres mallas distintas. Esto nace básicamente de ver a la disciplinariedad como la manera de enfrentar cualquier problema de innovación.

Y las tres escuelas hacen un cambio en su malla para dar la opción de un camino alternativo. Con su lado teórico, para la solución de problemas, y con una parte práctica, donde se hace uso de un taller para la innovación aplicada. Aquí los estudiantes ponen en práctica lo que han aprendido.

¿Cuáles son las ventajas de esta iniciativa?

Esto les permite sumergirse en una organización, dado que la lógica es única en su aprendizaje, porque fomenta la polinización cruzada, la coeducación. No hay profesores, sino que ellos mismos se enseñan y son críticos, pueden mirar de una manera muy distinta. Las empresas que trabajan con los estudiantes del programa, reciben un grupo de personas que cuestiona el funcionar de la organización, y esto hace único el programa.

¿Cómo funciona el trabajo con los tutores?

No tenemos profesores. Sólo tutores. De esta forma se nutren todos, no es lineal, porque van probando, fallan y avanzan. Tenemos muchos tutores interesados en integrarse, porque es una situación de aprendizaje y el programa es bastante único.
El mismo requisito que usamos para admitir a los estudiantes lo aplicamos para los tutores. Es decir, que sean cuestionadores.

Mezclamos tutores de la academia y con experiencia empresarial. Se pueden repetir cuando son buenos, se van manteniendo, lo que implica mayor responsabilidad. Porque al principio los más nuevos aprenden de los más experimentados, y así tienen más experiencia de habilidades para solucionar problemas en tiempo real.

Nosotros forzamos la interdisciplinariedad, la proponemos como la herramienta. No existe algo similar, sí sé que hay algo así en Stanford y en Asia.

Al igual que los estudiantes postulan mediante carta de intención, ¿las empresas también deben cumplir algunos requisitos?

El primer año las buscamos, pero dado el éxito, estas ahora postulan. De ellas, ocho están trabajando.

Para llevar a cabo el trabajo de los alumnos en las organizaciones, debe existir un compromiso de parte de los ejecutivos, ¿se da esto?

Los estudiantes tienen tutor y una contaparte en la organización, que se preocupa de ellos. Se encarga de apoyarlos desde dentro.

Según lo observado en este programa, ¿cómo calificaría el conocimiento sobre innovación de parte de las empresas y el manejo de expectativas en cuanto al tema?

He notado que las organizaciones tienen ciertas expectativas de lo que los estudiantes pueden lograr, pero esas expecativas se ven más que superadas. Les piden cosas muy pequeñas y los alumnos llegan con una gran solución. En general, esperan un impacto reducido.

¿Qué se espera que aprendan los estudiantes?

Muchas cosas, en lo relacionado con los conocimientos declarativos, que puedan manejar herramientas de la innovación, creatividad, generación de ideas, construcción de prototitos. En lo actitudinal, que sean líderes de cambio y que desarrollen una actitud frente a las problemáticas como una oportunidad y no como un problema.

Trabajamos con empresas externas sobre qué tanto del mindset ha sido desarrollado. Dado lo raro del programa, la evalución es distinta, estamos construyendo algo que mida conocimiento.

En el caso de los estudiantes, ¿cómo cambian las expectativas antes, durante y luego del programa?

Ellos pasan por la curva de la bañera, con una alta expectativa y poco conocimiento. Como queremos generar una estructura mental, se da mucho error y aprendizaje, lo que provoca que en general el nivel de frustración sea bastante alto.

Pero pasa el tiempo y ellos participan más dependiendo cómo ven que se concretan las ideas, y se entusiasman. Ahí encuentran sentido a lo que vivieron.

¿Cree que existirá a corto plazo la suficiente demanda de profesionales especializados en innovación?¿a qué se dedican los egresados cerficados en innovación de la UDD?

Hemos visto que los de la primera generación siguen dos caminos: en empresas ligadas en innovación (Prochile, Entel) o dedicados a la generación de proyectos propios. Son emprendedores e innovadores, pues el mercado es un tema. Queremos que sean agentes de cambio en todo sentido. Al final del día, si tienen una idea, que la hagan, están los espacios y el apoyo técnico.

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