Innovación

María Elena Carballo: la ex ministra que agrega cultura a los negocios

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Esta profesora de Incae y ex secretaria de Estado de Cultura de Costa Rica plantea que los libros y el cine sirven como los mejores estudios de caso para desarrollar el liderazgo y la toma de decisiones.

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La linguista y profesora de Incae Business School María Elena Carballo, quien fue ministra de Cultura y Juventud de Costa Rica durante la presidencia de Oscar Arias entre 2006 y 2010 , está convencida de que el aprendizaje que se puede lograr a través de la literatura es fundamental para los hombres de negocios.

¿Cómo llega una profesora de literatura a hacer clases en una escuela de negocios?

Ésta ha sido una de las experiencias de las más interesantes de mi vida. Yo antes era profesora de literatura para estudiantes de literatura. Llegué a trabajar a Incae gracias a la inspiración visionaria de Eduardo Montiel (ex decano de Incae y ex ministro de finanzas de Nicaragua). 

Él decía que como en Incae se buscaba a un líder de negocios diferente, que estudia el contexto económico, político, y tecnológico, hacía falta la dimensión cultural y el estudio de la cultura para la toma decisiones. 

Eso, mezclado con la crisis mundial de principios de los 90, con actuaciones poco éticas de egresados de grandes escuelas de negocios estadounidenses, permitieron la incorporación de la dimensión cultural, ética y valórica en la escuela. Para que los gerentes sepan cómo tomar decisiones sin recibir exactamente un código de conducta, y nada mejor que la literatura para ponerlo a pensar a uno. 

Ahí fuimos diseñando poco a poco los cursos, como “Cultura y Valores a través del Cine y la Literatura”, que tiende a que nos hagamos preguntas acerca de la dimensión social, moral y ética de los negocios, o “Liderato y Literatura”, en que se analizan casos de liderazgo. 

Y yo creo que los autores que estudiamos, como Shakespeare, Gabriel García Márquez, Sor Juana Inés de la Cruz o Isabel Allende, son los grandes casos del mundo. Recurrir a la literatura y estudiarla como un caso, es trabajar sobre la herencia cultural occidental de mayor peso.

¿Cómo reaccionaron los estudiantes a la incorporación de este tipo de cursos?

Al principio fue difícil porque había resistencia de parte de ellos. Sin embargo ahora Liderato y Literatura, que es obligatorio, es uno de los cursos mejor evaluados. Pero fue un reto, porque al principio se veía como una pérdida de tiempo. 

A medida que la literatura se percibió como relevante para la vida de los negocios, ofreció un insight, y a la gente le fue gustando cada vez más. La gente evaluaba que era la mejor manera de aprender sobre los seres humanos. 

Por otra parte, para mi fue una experiencia extraordinaria ver a estudiantes que reaccionaban más espontáneamente, sin buscar las críticas de moda al mensaje humano de la literatura, como yo lo veía con los estudiantes de literatura. Para mí eso fue reencontrarme profesionalmente.

¿Y cómo se da ese quiebre en que los estudiantes empiezan a gustar de los libros?

Como en dos años. Mucho tuvo que ver el liderazgo de los estudiantes. Cuando los mejores alumnos comenzaron a interesarse, hicieron todo un trabajo de valoración sin proponérselo. Y los mejores estudiantes son muy diversificados, no sólo les interesan las finanzas sino que también la política y la cultura. Y el hecho de que se revirtiera el asunto tuvo que ver con los mejores estudiantes, y también con mi búsqueda incesante por encontrar las obras que les interesen.

¿Y cómo eligió los libros? ¿haciendo analogías de sus personajes con los hombres de negocios?

Primero fue una prueba de ensayo y error. Pero por ejemplo en "Hamlet", estudiamos los retos y temores del líder joven. Ellos están a punto de graduarse cuando lo ven y llegan a una situación muy parecida. Existe un mundo ya hecho por la gente adulta y que ellos llegan a manejar. La parálisis en el análisis les resulta muy interesante. 

Luego estudiamos los retos del líder maduro y la impaciencia por cumplir sus metas con "Macbeth", la impaciencia alrededor de sus 40 años que los lleva a precipitarse y tomar pésimas decisiones, las que tampoco favorecen a su reino. 

También estudiamos “El rey Lear”, que en su senilidad toma caprichosamente decisiones que causan problemas a su familia y a su reino. Es un momento muy lindo para examinar transiciones en negocios familiares. 

Hay un crítico de Yale que se llama Harold Bloom, que dice que Shakespeare inventó al hombre moderno, porque nosotros seguimos pensando el amor, la política y la ambición tal y como él los pensó.

Con "Otello" vimos el tema de los celos desde el punto de vista del líder expatriado, que ellos también van a ver: las inseguridades del líder expatriado, los peligros y preocupaciones.

Tengo entendido que también hace clases de cine.

Este es un optativo llamado “Modelos Morales y Sociales a través del Cine la y la Literatura”. Usamos con mucho éxito “El Ciudadano Kane”, que es extraordinario para ver cómo un empresario exitoso toma sus decisiones, y cuál es la historia y los valores que lo hacen tomarlas de un modo o de otro. 

También estudiamos “The Quiz Show”, una película de Robert Redford de un caso real de los años 50: un engaño masivo que hizo la televisión. También obras de Woody Allen, como "Matchpoint" y "Crimes and Misdemeanors", donde vemos qué tanto pesa la posibilidad de ser castigado sobre las decisiones incorrectas o criminales.

Vimos además “El Último Emperador”, de Bertolucci, para ver la educación del líder y las repercusiones que tiene. Eso, entre muchos otros casos...

¿Cuál es la importancia de que los estudiantes tengan un acervo cultural amplio?

Es importantísimo. Los seres humanos tenemos dos maneras de aprender: una es por modelos matemáticos, físicos y la otra es por historias o cuentos. Y la literatura ha ayudado mucho a los grandes aprendizajes de los seres humanos.

Creo que hay una laguna importante en la gente que sólo aprende a través de modelos. El contenido analítico se fortalece más analizando historias. Por eso el modelo de los estudios de caso que usan escuelas como Incae y Harvard son tan exitosos, porque ayudan a la gente a pensar multidimensionalmente y a desarrollar la creatividad de forma extraordinaria.

Un ejemplo es McDonalds, que tuvo a un gerente general egresado de lenguas clásicas y que fue exitoso por mucho tiempo. Y hay mucha gente que viene de carreras menos convencionales, porque la creatividad desarrolla destrezas analíticas que inciden sobre la toma de decisiones. Hay decisiones que son viables políticamente pero no culturalmente. Y como las artes y la literatura fomentan la creatividad, para la cabeza de una empresa ayudan a la innovación. 

Una persona de negocios no puede perder de vista que no conocer la cultura del país con el que hace negocios es una desventaja, y en cambio es una ventaja para quien la conoce.

¿Y al revés, cuál es la importancia de tener una educación de negocios para ser ministra de cultura?

Para tener éxito en el ministerio, ha sido clave poder llevar mis conocimientos de administración aprendidos gracias a mis colegas de Incae. Gracias a eso pude tener una gestión exitosa. Fíjese que nosotros comenzamos con un tercio del presupuesto del que terminamos.

Ese presupuesto lo usamos en proyectos concretos, hicimos cosas que sólo se pueden hacer por una persona que tiene formación en negocios.

Triplicamos el presupuesto porque yo le podía hablar al ministro de Hacienda en su lenguaje. Le hablaba del lenguaje de desarrollo, no sólo de las artes. Podía decirle qué significa que la cohesión social favorezca el desarrollo en los pueblos, y podía documentárselo con estudios del BID y PNUD.

Entonces, hablando en ese lenguaje, se estableció un círculo virtuoso: mejor ejecutábamos y más nos daban (Hacienda). Más nos daban y mejor ejecutábamos.

Gracias a eso definimos acciones estratégicas, como la creación de escuelas de música. Está comprobado científicamente que los niños con formación musical, tienen un mejor desarrollo intelectual y un mejor desempeño académico.

Entonces, si Costa Rica quiere competir por conocimiento, estas escuelas son fundamentales porque el cerebro se desarrolla mejor. Los niños aprenden idiomas más fácilmente, por ejemplo.

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