Gestión de Carrera

Deconstruir la felicidad para alcanzar la plenitud laboral

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Margarita Álvarez, CEO y fundadora de Working for Happiness, nos entrega las claves para entender cómo los factores laborales y cotidianos nos afectan para alcanzar la deseada felicidad.

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Ser feliz en el trabajo y en la vida cotidiana, ¿se puede? Es cierto que parecen dos mundos opuestos, pero la verdad es que no podemos dividirnos. Somos el uno y el otro. Las emociones son parte de nuestra vida y rutina, por ende, las llevaremos para donde vayamos: a la casa u oficina, da igual. 

En la última versión de "Hoy es Marketing" de ESIC Business & Marketing School, la CEO y fundadora de Working for Happiness, Margarita Álvarez, abarcó este concepto desde su esencia, logrando rescatar sus básicos, con el fin de deconstruirla para alcanzarla. 

La experta conversó con AméricaEconomía respecto de la búsqueda de la felicidad en lo laboral, su relación con el liderazgo, las estrategias para potenciarla y la influencia del pesimismo. Sus respuestas, a continuación.  

- ¿Es posible ser feliz en lo laboral y en lo personal de forma simultánea? 

No hay otra opción, ojalá pudiésemos ser seres que dijeran “estoy 8 horas amargado en mi oficina pero cuando llego a casa ahí sí soy feliz”. Todos los problemas, todas las emociones nos las llevamos de un sitio a otro. Lo que nos pasa en casa lo llevamos al trabajo y lo que nos pasa en el trabajo, nos lo llevamos a casa. 

Hay dos cosas cuando hablamos de felicidad laboral. Está la parte personal, donde debo encontrar mi vocación y disfrute de lo que hago, y luego hay una parte que es el entorno donde trabajo, cómo es mi equipo de trabajo, cómo es la empresa, a qué se dedica. Son dos elementos diferentes pero  tienen que combinarse. Es impensable que una persona diga que es feliz en su vida, pero amargado en su trabajo. Los humanos somos seres emocionales.

- ¿Cuál es la solución para congeniar de la mejor manera estos dos mundos?

Aquí pueden pasar muchas cosas. Cuando hablamos de la felicidad laboral, hay dos elementos: la responsabilidad que tenemos nosotros, ¿a qué me quiero dedicar? ¿cuál es mi vocación? Y es que a lo mejor me estoy dedicando a algo que no me gusta. Pero el otro elemento depende de la empresa. Una vez que yo decido qué es lo que me gusta y el lugar donde quiero trabajar, la empresa tiene que poner las herramientas a mi alcance para que eso suceda. Tiene que asegurarse de que exista un buen ambiente, que exista un reconocimiento, que pueda desarrollarme, que las personas con las que trabajo estén formadas para gestionar equipos.

- ¿Cuál es la relación entre un buen liderazgo y la felicidad?

Las personas no se van de las empresas, se van de los jefes. Tu te vas porque tu día a día con la persona que tienes trato directo, es insoportable. Ser un líder es tener la capacidad de desarrollar a la gente que trabaja contigo, verlos crecer, hacerles encontrar sus sueños contigo, que desarrollen una carrera que les haga disfrutar, de asegurarte que te ocupas y te preocupas. Ser un líder es abonar el terreno para que esas 20 personas a tu cargo tengan buenas ideas.

- ¿Qué estrategias podría implementar Recursos Humanos para potenciar la felicidad de los empleados?

Hay una parte importantísima que es escuchar. Preguntarles a las personas qué necesitan, qué les hace falta. No preguntamos porque nos da miedo, porque sabemos que de las 10 cosas que nos van a pedir hay seis que no vamos a poder darles. Pero la gente no es tonta, la gente entiende. Cuando pones las cartas encima de la mesa, eres transparente, honesto y sincero, las personas lo entienden, lo interiorizan y lo hacen suyo.

Lo primero es escuchar y lo segundo es preocuparse por la persona: qué hay detrás, qué sueños tiene, hacia dónde quiere ir y qué crecimiento busca. Eso solo lo puede hacer la persona que trabaja directamente con ellos, su jefe. Luego, está el reconocimiento, porque las personas necesitan reconocimiento y cariño. 

Ahora, ¿de quién es la labor? De todos. Recursos Humanos es quien tiene que gestionar cómo se hace esto, pero la persona que reconoce a los otros y les permite crecer es el jefe y el equipo.  Recursos Humanos es quien debe sentar las bases, pero debe ser algo que forme parte de la cultura de una empresa.

- ¿Construir o deconstruir la felicidad?

Para mí, deconstruirla por un motivo. Creo que la hemos banalizado, llevándola a un territorio que no es. Es importante deconstruirla para poner encima de la mesa los ingredientes que tiene y le afecta, porque la receta de la felicidad, o lo que a mí me hace feliz, varía ligeramente de acuerdo al peso que las personas le dan a unas cosas y a otras no. 

Cuando se deconstruyes, las personas entienden cuánto les afecta. Y así es mucho más sencillo ser feliz. Es importante desconstruirla para volver a los básicos, a las cosas que tienen sentido común. 

- ¿Cuáles son las principales señales que apuntan a la felicidad?

La felicidad es una cosa subjetiva y declarada. La depresión es algo que se diagnostica cuando las personas cuentan cómo se sienten, es exactamente igual de subjetiva. Entonces, al ser un concepto tan subjetivo, es algo que cada uno de nosotros sentimos o no sentimos, lo valoramos o no lo valoramos. Cuanto más la entiendes, más eres capaz de valorar el decir “es que yo no estoy mal, tengo motivos más que suficientes para sentirme mucho mejor de lo que me siento”.

Al empezar a ser conscientes de que hay muchas cosas en la vida que se pasan desapercibidas, es posible decir: "Este día ha sido buenísimo, tengo un montón de cosas”. El ser consciente ayuda muchísimo, pero la mayoría de las personas no lo son porque son temas que ni se hablan, nadie nos habla de emociones, de felicidad o del optimismo. No somos conscientes.

- ¿Qué tan relevante es el pesimismo de nuestro entorno? ¿cómo nos afecta en el desempeño y la productividad?

Las emociones positivas y negativas se contagian rapidísimo. Hay un debate de si se contagian más las negativas que las positivas, a mí me da igual, se contagian rapidísimo las dos.

Hay un ejercicio en el que una persona entra a a una sala y saca a la mitad de los participantes. A los que se quedan le indica que cuando vuelvan sus compañeros debe quedarse mirando sin decir palabra ni gesto. A los que están afuera les dice qu al entrar deben sonreír. Y es instantáneo, a los tres segundos la sala está muerta de risa, porque se contagia muy rápido. Pero lo negativo también. Llega un momento en que el espiral de contagio de emociones negativas acaba arrastrándote.

Lo que ya sabemos es que el optimista es más realista que el pesimista, porque su cerebro tiende a enfocarse en lo negativo a corto plazo. El optimista lo que hace es balancear, no es irracional. Un optimista razonable lo que hace es poner en la balanza lo bueno y malo. Lleva su cerebro hacia el otro lado, pero el pesimista no. El pesimismo es más sencillo, es una cosa de no hacer ningún esfuerzo, todo va fatal y no es culpa de él. El pesimismo es más sencillo, pues se extiende rápido.

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