Innovación

Chile: Pymes son las que más han usado Ley I+D a un año de vigor

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Conrad von Igel, gerente de innovación de la estatal Corfo, evalúa la nueva norma en entrevista con AméricaEconomía. “Uno de sus efectos es el de abrir las puertas a las Pymes, lo que se ha reflejado en que más del 50% de los proyectos provienen de pequeñas y medianas empresas”, asegura.

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En septiembre próximo la llamada Ley de Incentivo a la Investigación y Desarrollo cumplirá un año de vigencia en Chile. Transcurrido ese plazo, el Gobierno del país andino califica favorablemente la recepción que ha tenido la nueva norma en el mundo empresarial. “En general, y sin ser exitista, creo que la evaluación es extremadamente positiva”, dice Conrad von Igel, gerente de innovación de la estatal Corporación de Fomento de la Producción (Corfo).

En entrevista con AméricaEconomía.com agrega que las compañías reaccionaron positivamente ante el recién introducido cuerpo jurídico que, en definitiva, busca mejorar la capacidad competitiva de las empresas en Chile. Esto, a través del establecimiento de un incentivo tributario que les permite rebajar, vía impuesto de primera categoría, el 35% de los recursos destinados a actividades de investigación y desarrollo, mientras que el 65% restante puede ser considerado como gasto necesario para producir la renta. 

Asimismo, el articulado eleva en tres veces el monto total máximo de crédito tributario por año y da la posibilidad de acceder al beneficio, previa certificación de Corfo, con iniciativas de I+D desarrolladas tanto al interior de las firmas como fuera de ellas.

“En lo numérico hemos visto un salto importante en las postulaciones. A julio de este año, es decir, a nueve meses de haber entrado en vigor la nueva Ley, llevamos el 70% de lo que se certificó en cuatro años con la norma anterior. El incremento es de casi cinco veces”, declara Von Igel.

El ingeniero industrial de la Universidad Católica de Chile (PUC) y máster en políticas públicas y administración por la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, valora la dinámica generada por las medidas de flexibilización, destacando entre ellas la posibilidad de contar con este beneficio tributario al hacer I+D al interior de las empresas. “Esto naturaliza la innovación porque lo normal es partir haciéndola dentro de la compañía para luego, si está en actividades más complejas y sofisticadas, subcontratar algunos servicios afuera. Así, uno de los efectos es el de abrir las puertas a las Pymes, lo que se ha reflejado en que más del 50% de los proyectos provienen de pequeñas y medianas empresas”, sostiene.

Recientemente, el ministro de Economía, Félix de Vicente, señaló que las grandes corporaciones lo habían utilizado en un 78,3% y las de menor tamaño en un 21,7%. ¿Hay un error en las cifras?

Es probable que ese dato sea según los montos y no por número de contratos. De acuerdo a la cantidad de proyectos tenemos que las Pymes lo han usado más del 50%. 

Ahora bien, esto nos lleva justamente a analizar otro efecto de la nueva Ley y tiene que ver con que en Chile las grandes empresas adolecen de dos problemas: uno es que, ciertamente, estas entidades hacen muy poca I+D, y dos, que eso obedece muchas veces a que, en general, no tienen en su interior una tradición, un equipo, un área o un laboratorio destinado a hacer innovación. Lo que estamos viendo ahora es que hay proyectos de gran envergadura que se están presentando a la certificación, lo que es muy positivo si lo analizamos desde la posibilidad de que instalen capacidades permanentes (...).

¿Qué puede significar para la sociedad chilena el que haya más Pymes haciendo I+D?

Es fundamental entender que los conceptos de agregar valor y de la economía del conocimiento no son vacíos. Los hechos concretos que se requieren para que eso se refleje en un impacto real en la sociedad es que exista un tejido de empresas privadas, grandes y pequeñas, que tengan una base tecnológica mayor. Es decir, si yo soy una gran compañía y quiero hacer un desarrollo sofisticado, lo normal es que no pueda o no quiera hacerlo todo con capacidad interna; por lo tanto, voy a requerir un laboratorio avanzado que haga una parte, una Pyme especializada en diseñar prototipos o un proveedor de insumos, etcétera. Todos esos procesos necesitan de pequeñas y medianas empresas que estén aportando soluciones más complejas.

Otro aspecto es que, cuando uno categoriza a las firmas como Pymes o no Pymes, es definirlas por su volumen actual de ventas. Pero lo que no se está diciendo es qué tan nuevas son. A lo que voy es que esta herramienta abre una posibilidad a todo ese mundo de empresas de menor escala para que, ojalá, en pocos años más sean grandes. Ese tejido es el que estamos favoreciendo con esta Ley y otras iniciativas como Startup Chile y Go to Market.

En Chile, el gasto en I+D es de 0,5% del PIB. Este Gobierno se propuso como meta llegar a 0,8%. ¿Se va a cumplir ese objetivo?

En rigor, hoy la inversión en I+D es de 0,42% del Producto Interno Bruto, pues se corrigió desde el 0,5% al ajustarse la base del PIB. Ahora bien, creo que lo hemos incrementado significativamente y así lo reflejan el uso de la Ley I+D y las postulaciones a una serie de otros programas que tenemos de apoyo a la investigación y desarrollo. Si bien esto nos indica que la tendencia es hacia un aumento, si llegamos o no a la meta no lo vamos a saber hasta 2016, pues el punto de corte de 2014 (año en que culmina su gestión el Gobierno actual, comandando por Sebastián Piñera) se mide a fines de 2015 y se da a conocer a mediados de 2016. Creo que, en ese contexto, sería aventurado predecir si lo conseguimos o no.

Más allá de eso, el otro impacto que vemos y que tampoco es fácil de proyectar, es el efecto del propio crecimiento de nuestra economía respecto de estas cifras. Antes de la corrección (de 0,5% a 0,42%) decíamos ‘vamos por muy buen camino’ porque la cifra se había elevado; sin embargo, en realidad no era tanto debido a esa rectificación del PIB, que como es relativo y porcentual, derivó en una reducción. Hay una probabilidad de que no se vaya a lograr (la meta de 0,8%), pero pienso que lo importante es el esfuerzo que estamos haciendo como país y como Gobierno.

Con este nivel de gasto en I+D, ¿cómo se compara Chile con el resto de la región y con las naciones de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), club del que es miembro y donde el promedio de la inversión en este ítem es de 2,4% del PIB?

Versus la OCDE estamos al debe. Sobre eso no hay ningún cuestionamiento. Si llegamos al 0,8% es bueno, pero estaremos de todas formas a una gran distancia de los países de ese grupo. Lo importante es que tenemos que hacer mucho más para llegar a ese nivel. Se agradecen los esfuerzos como, por ejemplo, que este año tenemos un presupuesto histórico que supera el billón de dólares en innovación. Eso ayuda y es un trabajo que hace el Gobierno. Ahora, los estados en la OCDE hacen una contribución minoritaria del gasto en I+D, por lo que es muy importante lo que hace el sector privado.

Al compararnos con la región diría que hay que tener mucho cuidado con las cifras del subcontinente y de quién provienen las estadísticas. Me gustaría dejarlo ahí. Hay que ser cuidadoso de lo que uno dice de los vecinos.

Señalaba que en la OCDE la principal contribución provenía del rubro privado. ¿Cómo evalúa el aporte de ese sector en Chile?

No me gusta andar apuntando con el dedo y decir “mira, el sector privado no ha cumplido con lo que debería”. Creo que se debe entender por qué pasan las cosas y qué podemos hacer para cambiarlas o para que comiencen a ocurrir. 

Me parece que los incentivos nunca habían sido muy claros y precisos en cuanto a por qué es importante hacer I+D. Y eso tiene que ver con varias cosas. En primer lugar, con que hasta la fecha hacer negocios en Chile era relativamente fácil sin hacer investigación y desarrollo; es decir, a una empresa le podía ir bien sin hacer I+D. En segundo término, y desde el punto de vista de la estructura propia de Chile, había pocos incentivos a declarar lo que se hace en esta área porque, efectivamente, se podía tener problemas contables con el Servicio de Impuestos Internos (SII).

Otro factor tiene relación con lo cultural, con las tradiciones y el know-how. Para que las empresas hagan I+D, tienen que tener científicos o un profesional que ha hecho investigación y desarrollo, o conoció de ello en la universidad. Se tiene que producir una dinámica y darse lo del ecosistema; tienen que funcionar en su conjunto y ser eficientes en su manera de relacionarse. Y esa característica no la tenía el sector privado chileno; no porque fuera malo, sino porque simplemente no lo tenía.

Es por eso que hoy estamos generando ciertos cambios para que eso ocurra. Uno de ellos tienen que ver con la estructura de los incentivos. Otro, con la competencia, pues no cabe duda que hoy hay sectores que enfrentan cada vez más competencia y en los que, necesariamente, se va dando más innovación y más inversión en I+D. Son procesos lentos.

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