Responsabilidad Social Empresarial

RSE: lo que el viento no se llevó

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Por Javier Zulueta, académico Universidad Diego Portales.

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Para muchos, la crisis financiera significaba un difícil obstáculo que superar para el avance de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE). El pesimismo versaba en el hecho de que en tiempos difíciles las "áreas blandas” de una compañía se verían fuertemente afectadas en recursos y foco, dándole mayor fuerza a las “más estratégicas”.

Hoy, las señales del mercado auguran que lo peor ya pasó y abren un espacio para evaluar el real impacto de la crisis sobre la evolución del rol de las empresas en su relación con el entorno y sus grupos de interés. Como veremos, más que representar un traspié, la crisis se ha transformado en un catalizador del concepto, redefiniendo su rol como estrategia corporativa y resaltando algunos aspectos fundamentales, pero poco desarrollados.

Las últimas semanas hemos visto continuas señales de que la crisis financiera (o de confianza) ya tocó fondo. La reactivación de las inversiones privadas pospuestas (principalmente en las áreas de energía, minería y construcción) y el estancamiento de la caída en el desempleo, son sendos ejemplos de esta realidad. Esta situación abre una ventana de oportunidad para evaluar el real impacto de la crisis sobre la RSE. Aún cuando muchos pronosticaron su caída, la realidad ha mostrado otra faceta. Tal como señalaba The Economist en mayo recién pasado, la crisis financiera se ha transformado en un “test ácido” para medir el real compromiso de las empresas para contribuir al desarrollo social y ambiental.

Para algunos críticos de la RSE, que malentienden la extensión del concepto, la falta de liquidez de las empresas generaría una reducción de los presupuestos de las áreas consideradas como menos estratégicas, en pos de evitar otras medidas más dolorosas. Esto a la larga redundaría en un retroceso en la extensión y profundidad de las prácticas responsables. Aún cuando, efectivamente es posible apreciar una reducción de las inversiones en RSE, éstas se han concentrado en aquellas actividades más periféricas al core business del negocio, principalmente en fondos destinados a la filantropía que no estaban sustentados en la estrategia de la empresa. Sin embargo, difícilmente ha significado un divorcio con el compromiso de éstas con sus grupos de interés y el medio ambiente.

Este resultado puede ser explicado bajo dos argumentos. Desde el punto de vista medioambiental, la crisis se ha transformado en un impulsor de prácticas innovadoras para un uso más eficiente de los insumos y recursos. Esta realidad es posible apreciarla tanto desde el desarrollo de nuevos procesos productivos eco eficiente hasta en otros como la minimización de los viajes de negocios (con su consiguiente reducción en la huella de carbono).

Por el lado del desempeño social, dado que la crisis ha sido percibida como generada por prácticas irresponsables de ciertas empresas, la RSE -a través de fomentar el compromiso de largo plazo con los grupos de interés- se ha visto como una forma de recuperar las confianzas con los clientes, los socios comerciales, los colaboradores, los entes reguladores y la sociedad como un todo. Para esto, conceptos como la transparencia en la gestión de relaciones, el accountability frente a los procesos y los resultados y las prácticas claras de gobierno corporativo han resurgido como valores fundamentales de la interacción empresa-sociedad.

Es por tanto que la crisis financiera más que significar una reducción de los esfuerzos por generar empresas más responsables con el entorno y sus grupos de interés, ha significado el “mejor aliado” para redefinirla y profundizarla. Por un lado, ha realzado la necesidad de desarrollar prácticas responsables más orientadas hacia la estrategia de negocios de la empresa, optimizando el uso de recursos hacia aquellas actividades que mitigan los impactos generados, potencian el desarrollo de relaciones de confianza y maximizan la contribución de la empresa al desarrollo social. Por otra parte, la crisis ha puesto de manifiesto la imperiosa necesidad de las empresas de profundizar en aspectos claves -aún cuando, poco explorados- de la RSE, tales como: la ética, la transparencia y el compromiso sostenido hacia los grupos de interés.

La crisis ya ha mostrado su peor cara y ha sido más que benigna para el desarrollo de la RSE. No solamente no frenó su crecimiento, sino que al contrario, realzó su categoría de estrategia de negocios fundamental para generar ventajas competitivas sostenibles. El desafío, por tanto, está en que las empresas la consideren como tal y la implementen como cualquier otro enfoque de negocios.

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