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Resiliencia, una competencia indispensable de todo buen gerente

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Por Gabriel Rovayo, director general en IDE Business School y presidente de Roadmak Solutions.

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Hace un par de semanas, durante un foro de emprendimiento, me ocurrió algo curioso. Escuché historias de empresas de todo tipo y dimensión. Unas relevaban la estrategia; otras, el modelo de negocio y, la mayoría, el perfil del emprendedor. El público estaba eufórico. Sin embargo, un hombre sencillo, sentado a mi lado, se me acercó y me dijo como en confidencia: “No
me gustan estos cuentos de Cenicienta con final feliz. Hacer empresa implica sacrificios, derrotas, fracasos, quiebras. Eso es lo que hay que contar, de lo contrario, los potenciales emprendedores creen que hacer negocios es muy fácil y decaen ante la primera dificultad”.

Me quedé pensando. Esta persona tenía toda la razón y lo decía con conocimiento de causa: dos quiebras, varios embargos y un par de empresas liquidadas por falta de cumplimiento de los socios. Pese a tanta adversidad, seguía emprendiendo. “Mordió el polvo”, como él mismo me contó después con detalle, pero aprendió a levantarse y no le da vergüenza decirlo. Es más, cree que las escuelas de negocios deberíamos enseñar más con base en los errores que en los aciertos.

Su mirada es profunda, refleja la sabiduría de una vida curtida, con una capacidad inmensa de sobreponerse a la adversidad y salir fortalecido. Esta cualidad indispensable de todo directivo es la resiliencia. Este concepto pertenece originalmente a la Física y hace referencia a la capacidad que tienen los
materiales de volver a su forma cuando son forzados a deformarse por efecto de un choque. La resiliencia, aplicada a las ciencias sociales, destaca el proceso de una persona al enfrentar un trauma, el tránsito por un período crítico y la construcción de una nueva realidad. 

En este contexto, se puede decir que las empresas resilientes son aquellas capaces de absorber cambios y rupturas, internos o externos, con una flexibilidad tal que gracias a una rápida adaptación a nuevos escenarios evitan afectaciones en su rentabilidad e, incluso, logran beneficios extras.

Sin duda, la resiliencia es ahora una competencia clave en toda organización, por ello es necesario promoverla a través de la reflexión y el desarrollo de aspectos profundos como la ética, el
autoestima, la autorregulación emocional, entre otros. Lo primero que hay que considerar, en la primera línea directiva, es que siempre es necesario ver el gran cuadro (Don’t forget the big picture!). Recordemos que las crisis ponen a las personas ante situaciones de estrés y ansiedad tales que su claridad mental y emocional se afectan significativamente. 

En consecuencia, las decisiones que se toman en esas circunstancias suelen estar sesgadas, responden a la coyuntura y pueden alejarse del objetivo principal. Para evitar errores de dirección, observe, pida el análisis de terceros no involucrados, acuda a expertos y decida en cuerpo colegiado.

Las personas resilientes tienen una visión abierta y positiva, sacan conclusiones sobre bases amplias y evitan trampas de pensamiento. Sobre esta base, gestione los siguientes tres principios hasta interiorizarlos:

1. Sobre la permanencia: “La crisis es un evento temporal, no perpetuo, va a pasar”.

2. Sobre la ubicuidad: “Esta es una situación peculiar, sus características no se pueden generalizar a todos los casos”.

3. Sobre la identidad: “Ponga todo en perspectiva, póngase en los zapatos de los otros e identifique responsabilidades con asertividad”.

El modo de afrontar una situación adversa depende de la propia personalidad, pero también de la experiencia, la cultura y el entorno. Debemos estar claros en que lo único permanente es el cambio, así que los mejores directivos serán quienes mejor se adapten a ellos, quienes más oportunidades identifiquen en el proceso y aquellos que mejor gestionen los riesgos en períodos de crisis.

Mi nuevo amigo tenía razón. Las dificultades son la mejor escuela, por ello, la resiliencia se ha convertido en una competencia cada vez más apreciada entre los ejecutivos, quienes deben enfrentar a menudo cambios sustanciales en sus planes estratégicos sin desmayar y manteniendo la
motivación de sus respectivos equipos.

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