Responsabilidad Social Empresarial

Repensar posibles nuevos consumidores

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Por Cristina Hube, directora de la Escuela de Ingeniería Comercial Universidad Diego Portales.

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En la actualidad existen 4.000 millones de hombres y mujeres, dos tercios de la población mundial, que viven con menos de 4 dólares al día, resulta ser una lamentable realidad que estas personas no pueden acceder o adquirir productos y servicios de buena calidad, carecen de información adecuada y los costos de endeudamiento para este grupo son generalmente mayores, ello debido al riesgo que implica prestar fondos a aquellos segmentos. A su vez, las empresas no son capaces o no tienen interés en satisfacer las necesidades de este grupo de la población, viendo a estos segmentos como víctimas sin poder adquisitivo y considerando que las únicas acciones posibles de realizar son bajo las prácticas filantrópicas tan utilizadas por algunas empresas, que finalmente no son sostenibles en el tiempo.

 Chile ha avanzado en los últimos años en mejorar la calidad de vida de los segmentos más desposeídos y se han realizado enormes esfuerzos para cumplir con las metas del milenio, no obstante seguimos teniendo un porcentaje no despreciable de personas que viven en situaciones precarias o bajo la línea de la pobreza. Y en ciertos países de Latinoamérica la realidad incluso puede ser, aún más devastadora, con niños que cuidan de sus hermanos pequeños o que deben elegir entre trabajar o ir a la escuela, entre muchos otros temas que nuestras sociedades no han logrado aún resolver.

 Frente a este escenario, tenemos dos alternativas: ser una sociedad que descansa en las políticas implementadas por sus gobiernos, o que asume como una legítima responsabilidad ciudadana, el apoyo y creación de iniciativas que logren mejorar la calidad de vida de miles de personas que no tienen acceso a oportunidades, y menos aún a la adquisición de bienes y servicios de calidad.

 Es así como, cada vez más empresarios y empresarias, han repensando la forma en cómo hacen negocios, sus modelos de creación de valor y la incorporación de nuevos segmentos de mercado. De ello surge el concepto de “negocios de inclusión”, idea que representa el genuino interés en realizar una inversión rentable para los dueños de la empresa y sus accionistas, y que en adición contribuya al bienestar de la sociedad en su conjunto, y en especial a grupos de consumidores de bajos recursos.

 Es a través de acciones de responsabilidad social corporativa, que la empresa es capaz de involucrarse en los problemas sociales y de la comunidad en la cual ella está inserta, asumiendo de tal manera un rol más activo en el desarrollo del país.

 Son cinco las áreas que involucra la responsabilidad social empresarial y que dice relación con el trabajo que deben realizar los ejecutivos en virtud de la ética en la toma de decisiones, la preocupación por la calidad de vida laboral de sus colaboradores, el cuidado del medio ambiente, un irrestricto compromiso con la comunidad en la cual están insertas y por último, estrategias de marketing responsable y transparencia en la información sobre tasas de interés y costo de la deuda. Comprender que las decisiones pueden impactar en forma positiva o negativa a la comunidad, el entorno, personas y colaboradores.

 Una compañía con políticas empresariales responsables, es una organización inteligente, que está resuelta para poder interactuar en escenarios complejos, capaces de agregar valor a la actividad productiva, a la industria en la cual se desarrolla, la relación con la comunidad y que además es capaz de incorporar a los sectores más vulnerables a su cadena de valor. ¿Qué empresa puede apreciarse de ser exitosa en una sociedad donde un grupo importante de personas no tienen iguales oportunidades y menos logran acceder a bienes y servicios de calidad?

Por otra parte, no tendríamos por qué asumir que las personas de los estratos más pobres fueran, por lo tanto, personas que no tengan necesidades de productos y servicios de buena calidad o en definitiva por el hecho de tener bajos ingresos ser malos pagadores. Quizás una de las principales causas de la pobreza tiene que ver con que en reiteradas ocasiones la sociedad ha sido incapaz de brindar igualdad de oportunidades y construir redes de apoyo para los sectores vulnerables.

 Sumado a lo anterior, existe un nivel de desconfianza y discriminación compartida que no permite romper aquella barrera sicológica entre los grupos más vulnerables y acomodados de nuestra sociedad, situación que se refleja también en la relación que se establece entre la empresa privada y los sectores más desposeídos de nuestro país.

 Mi invitación es para todos quienes dirigen o trabajan en las universidades, especialmente en las escuelas de negocios, para que incorporemos a nuestro quehacer académico la promoción de estos valores en nuestros futuros profesionales, tanto en los programas de docencia como de investigación, y con ello podamos motivar a nuestros alumnos y alumnas para que asuman el compromiso que tienen con la sociedad en la que viven.

 Y mi esperanza es con aquellos empresarios y empresarias, que creen que el bienestar de una sociedad es una responsabilidad de todos quienes la componemos, desde los lugares que nos toca ocupar en ella.

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