Finanzas

Necesidad de una nueva conversación

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Por Ravi Ravindra, economista de origen indio.

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A lo largo de la historia de la humanidad, la riqueza, el poder y el sexo han sido las grandes luminarias o avatares, como Cristo o Buda, estuvieron sujetos a más de una tentación, las que continúan asaltando a todo ser humano, incluidos por supuesto los hombres de negocios.

Los líderes empresariales tienen mayor poder que cualquier otra persona en la sociedad y, por lo tanto, enfrentan las mayores tentaciones de ambición y poder. Dado que las empresas operan globalmente, la posibilidad de producir el bien o el mal es también a escala global. El calentamiento global, los desastres ecológicos, el colapso financiero de la economía mundial, el incremento de los precios de los alimentos, la desintegración social, la escala de violencia, el creciente número de familias desamparadas y los grandes cambios políticos en el mundo pueden llevar al resquebrajamiento del sentidos colectivo del “nosotros” y a la destrucción literal de nuestro planeta.

La humanidad sufre, y con ella el resto de la creación. Esto plantea no sólo un dilema ético, sino también fundamentalmente espiritual. Si uno piensa en el mejor interés de la humanidad y del planeta, resulta crucial abordar el uso del poder y la ambición.

¿Qué vemos en muchas empresas? Una marcada línea entre gerencia y empleados. ¿Qué es lo que más cuenta? Inversionistas, clientes, mayor participación de mercado, acabar con la competencia, mayores sueldos para los altos gerentes, maximizar las utilidades. Pareciera que estos fueran los únicos objetivos. Pero el dinero es una forma de energía. Los empleados son energía. Las compañías son energía. Y lo que hacen en el mundo tiene importancia, no solo para sus resultados, sino también para el bien mayor de la sociedad. Tener utilidades sin equidad, a fin de cuentas, significa que alguien va a sufrir.

Las corporaciones han acumulado un poder inmenso. Sus tentáculos económicos y políticos le dan forma al mundo en el que vivimos y a la calidad de nuestros vidas. El sistema que vivimos ha asaltado nuestra conexión con la naturaleza, con la vida, con Dios. Estamos acercándonos a un umbral que puede resultar catastrófico.

¿Cómo se puede mitigar esto?¿Cómo cambiarlo? Se requiere de una perspectiva mayor. Se requiere de una actitud nueva, de una transformación en el mercado global. Se requiere de educación, pero no cualquier educación. Precisamos de una enseñanza nueva que ayude a los líderes empresariales a entender el contexto mayor del cual son parte.

Que los ayude a entender su poder. Que les dé un entendimiento de por qué el usarlo sabiamente los beneficia. Es tanto una enseñanza espiritual como práctica que establece ( o por lo menos intenta establecer) un nuevo abordaje en la toma de decisiones; de cómo las compañías interactúan con sus empleados, con sus comunidades y con el planeta. Las pequeñas y las grandes empresas desempeñan el mismo papel a escalas diferentes.

Esta antigua pero “nueva” enseñanza es necesaria en el ambiente empresarial y en el mundo. Pero requiere de un lenguaje contemporáneo para poder transmitirla. Ahora, aquello que se requiere puede llegar a nosotros como una imposición, que sea resultado de nuestra locura y estupidez colectivas cuando nuestra supervivencia esté en juego; o puede emerger dentro del pensamiento prevaleciente como la intencionalidad de aquellos que ven el peligro y quieren ser útiles en lo que será el punto de quiebre en la evolución de la especie humana.

Mahatma Gandhi habló de los siguientes “siete pecados sociales”: (1) conocimiento sin carácter, (2) ciencia sin humanidad, (3) riqueza sin trabajo, (4) comercio sin moral, (5) política sin principios, (6) placer sin conciencia, (7) adoración sin sacrificio personal.

Aparentemente se podría pensar que algunos de estos pecados no están relacionados con la gente de negocios. Pero si los entendemos de manera integral, veremos que cada uno de estos “pecados” -y sus correspondientes contrapartidas- son relevantes para los empresarios. Tenemos que invitar a las personas conscientes a explorar estos asuntos.

Gandhi dio una sugerencia práctica: “Piensen en la persona más pobre que hayan visto y pregúntense si vuestro siguiente acto tendrá alguna utilidad para ella”. Si pudiéramos seguir tan sensata sugerencia, tan solo en el 1% de nuestras decisiones importantes, toda la humanidad sería más feliz.

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