Liderazgo

Líderes en la crisis: el corazón a prueba

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Por Roberto Machado, Managing Director de Michael Page Argentina.

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El pensador Honoré de Balzac dijo alguna vez que, en tiempos de crisis, “el corazón se rompe o se curte”. Las circunstancias laborales adversas sacan a la luz las virtudes y limitaciones de un profesional, de una empresa o de un mercado/país, lo cual explica la dificultad de muchos ejecutivos de ejercer positivamente el liderazgo en contextos de crisis.

Los ejecutivos de alta gerencia tienen un vínculo cercano con la estructura y el momento que atraviesa una empresa. Su contratación en tiempos de crisis presupone un riesgo, ya que en ese nivel el perfil buscado y su auto-motivación pueden cambiar dependiendo si la compañía se encuentra en un momento de crecimiento, downsizing, de fusión o de adquisición. Para cada escenario, la empresa necesita un diferente perfil en cada uno de sus puestos de dirección.

En este contexto, contará con una gran ventaja aquel ejecutivo que demuestre dotes de liderazgo reforzado con áreas de creatividad, flexibilidad, positivismo e iniciativa. En otras palabras, los perfiles preferidos son aquellos orientados a maximizar la performance de la empresa y la motivación de los empleados en una crisis, que los especializados en vender o producir mas o simplemente mantener el status quo del negocio. Quienes sepan afrontar esta realidad tienen mejor consideración.

En momentos de incertidumbres o crisis, comunes en países emergentes, el profesional debe estar siempre preparado para los cambios inesperados. La crisis demanda pensamiento analítico y estratégico, flexibilidad, y fuerte capacidad para tomar decisiones, sea en un contexto global o local.

En los últimos años, el perfil de top management en empresas multinacionales estaba más asociado a profesionales más jóvenes, de perfil más agresivo, tomadores de riesgo y altamente ambiciosos. Estas cualidades fueron muy requeridas durante momentos de fuerte crecimiento económico, expansión de actividad productiva de la empresa y de una carrera constante para remunerar los accionistas en un grado mayor que la competencia.

Casos frustrados de compras o fusiones de empresas, apertura de negocios que no eran “core” para la empresa, grandes perdidas de recursos con operaciones financieras ajenas al negocio (tales como monedas extranjeras, derivados, y/o subprime en el caso inmobiliario), quiebra de bancos de inversión y aumento de los controles internos, hicieron que el perfil del top management demandando globalmente haya cambiado.

En el contexto actual, las empresas están buscando mucho más la continuidad, perpetuidad o supervivencia y foco en los negocios claves, que altos ingresos a corto plazo, y a cualquier precio y riesgo.

El manejo de situaciones críticas, la capacidad de motivar al equipo de trabajo y la experiencia pasada en cuanto a la transformación o turn arounds de ciertas realidades, son otras virtudes fundamentales a tener en cuenta.

A su vez, el fuerte control de aspectos financieros (planeamiento de caja con restricciones de crédito y la cadena de pagos y el fuerte control de costos) y las cualidades en términos de relacionamiento con la casa matriz o el directorio se tornan cada vez más importantes.

El líder deberá dotar su gestión del más alto nivel de pragmatismo, tener un fuerte foco en los números (manejo del “P&L”), demostrar y ejercer un fuerte liderazgo transmitiendo un horizonte estratégico y calma en un momento que la economía real todavía no ha salido de la crisis.

Por otro lado, los ejecutivos que buscan reinsertarse en puestos de mandos altos se encuentran en una encrucijada, ya que la demanda de contratación en este nivel está actualmente muy limitada y los ejecutivos suelen tener un costo fijo personal/familiar alto. Con estas condiciones, es muy difícil rechazar una oferta laboral en plena época de crisis.

El desafío es decidir entre esperar un poco más por una mejor oportunidad dentro de lo que busca el profesional (remuneración, empresa, sector, proyecto o puesto) y arriesgarse a quedar mucho tiempo fuera del mercado laboral; o aceptar la propuesta laboral, cerrando las puertas para otra oportunidad mejor y teniendo un trabajo que no cumple con las expectativas y deseos del ejecutivo.

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