Economía

La inútil guerra solar: La lucha entre el clima y la avaricia

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Por Doaa Abdel Motaal, Miembro del grupo Evian @Brains Trust y el profesor Maury Peiperl, de la escuela de negocios suiza IMD.

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Hace diez o veinte años, la energía solar era considerada un sueño remoto, a pesar de que el sol es una de las fuentes de energía más abundantes del mundo. Hoy en día, el sueño se está convirtiendo en una realidad ya que los precios de la energía solar han bajado rápidamente, haciendo posible que en unos pocos años, esta fuente de energía compita con la energía eléctrica generada por los combustibles fósil. El costo de las celdas solares y de los microchips ha bajado en gran medida por la saturación del suministro de la materia prima que compone estas celdas: el polisilicón. Los precios se han desplomado en 93% en los últimos tres años de US$ 475 a US$ 33 el kilogramo, en la medida que los fabricantes principales globales han aumentado masivamente su producción.

De acuerdo con el Instituto de Políticas de la Tierra, las compañías dedicadas a la manufactura de celdas fotovoltaicas solares (PV, por sus siglas en inglés), durante 2010, fabricaron una cifra récord de 24.000 megavatios de celdas PV en todo el mundo, más del doble de lo que se había fabricado el año anterior. En general, la producción de PV ha crecido casi 100 veces desde el año 2000 y los países siguen aumentando su consumo de energía solar. También la instalación de PV impuso un nuevo récord en 2010 con 16.000 megavatios instalados en más de 100 países.

Para el clima de nuestro planeta, estas son muy buenas noticias. Sin embargo, algunos políticos han recibido estas noticias de manera bastante escéptica. Temen que la caída de los precios elimine a los contendientes menos eficientes de la industria, llevándose consigo valiosos empleos en lo que ya se considera un año de recesión. Los empleos ahora se encuentran en el centro de la "Guerra Solar" entre los países que emiten las cantidades más elevadas de dióxido de carbono (CO2) hacia la atmósfera. 

En noviembre, el mundo despertó con la noticia de que el Departamento de Comercio de los Estados Unidos había aceptado una petición de SolarWorld Industries Americas, Inc. para investigar la venta de paneles solares chinos a los EUA con descuentos desleales y con el argumento que estas empresas chinas pudieron haber recibido subsidios ilegales bajo las reglas del comercio mundial. Dos semanas después, China lanzó una sonda a los subsidios estadounidenses para las empresas de energía renovable y productos de cobertura solar, eólica e hidráulica. Ninguna de estas noticias es agradable para nuestro clima. Las investigaciones de los argumentos mencionados anteriormente –si llegasen a prevalecer– encarecerían el precio de esta energía si las prácticas "anti-dumping" afectasen a los paneles solares y sus componentes.

Alarmados por la limitada comprensión de nuestra interconectividad global, la Asociación de Industrias de Energía Solar de EE.UU. emitió un informe el año pasado, demostrando que las restricciones comerciales pudieran ser una amenaza a la industria, casi como darse un tiro en el pie. El informe explicaba que, aunque los módulos de silicón se pueden ensamblar en los EE.UU. y etiquetarse como "Hecho en EE.UU.", la mayoría de los materiales empleados en su producción (vidrio, encapsulantes, aislantes y cajas de conexiones) tienen su origen en China, Japón y/o Europa. Más aún, mientras la mayoría de las celdas PV y obleas de silicio se producen en China y Taiwán, y llevan la etiqueta "Hecho en China" o "Hecho en Taiwán", mucho del capital invertido en equipo es importado de Alemania, Suiza y EE.UU.

Con el mensaje clave argumentando que restringir las importaciones para proteger los empleos sólo puede impactar en países que realizan estas prácticas, la mayoría de los componentes y equipo provienen de diferentes partes del mundo.

Una mirada más detallada a la Guerra Solar revela también que SolarWorld Industries America Inc., no es en realidad una empresa estadounidense. Es la subsidiaria en los Estados Unidos de una empresa alemana, SolarWorld AG, que compite desde dentro de territorio norteamericano. Y es esta empresa la que se encuentra en pie de guerra para crear una barrera arancelaria para protegerse de China. Cómo es que los intereses de los consumidores o el ambiente se ven beneficiados por estas acciones sigue siendo una pregunta abierta, incluso si algunos empleos se crean o protegen. De acuerdo con información de su sitio web, la empresa da empleo a más de mil trabajadores en EE.UU.

Pero incluso, el argumento de los empleos merece un escrutinio más específico. La Coalición Estadounidense de Energía Solar Accesible (CASE, por sus siglas en inglés) se ha opuesto a la investigación en contra de China basándose en que cientos de miles de empleos en la industria de EE.UU. pudieran estar amenazados al aumentar los precios y bajar la demanda de productos solares.

La evidencia también muestra que las distorsiones comerciales, ya sean aranceles a las importaciones de la competencia o subsidios a los fabricantes nacionales no necesariamente generan más empleos. En este año, la declaración de bancarrota del fabricante de paneles solares Solyndra, y la moratoria resultante del préstamo federal por US$ 258 millones nos pone a pensar. Los gobiernos no pueden inventar empleos ecológicos protegiendo a los fabricantes de estos productos. Lo que pueden y deben hacer es incorporar el costo ambiental de la quema de combustibles fósiles en el precio de estos para que la energía renovable sea competitiva.

Las restricciones comerciales también son un objetivo en movimiento. Dos de las empresas que pudieran verse afectadas por las prácticas anti-dumping de los Estados Unidos, como resultado de las disputas que se avecinan son LDK Solar y JA Solar Holdings, quienes han indicado que podrían mover sus operaciones fuera del país para evitar colocar la etiqueta de "Hecho en China" y provocar a las autoridades estadounidenses. 

Jack Lai, administrador financiero de LDK Solar, comentó: "Si las condiciones del negocio lo permiten, valoraremos realizar los ensambles en Norteamérica en incluso en África o Europa, si los clientes sugieren este tipo de demandas." Si esto ocurriera, entonces los fabricantes de energía solar de China y Alemania tendrían que simplemente enfrentarse dentro de las fronteras estadounidenses (sin protección alguna), lo que nos demuestra la inutilidad de las guerras comerciales en un área interconectada.

Hoy en día, los fabricantes chinos dominan la industria mundial de energía solar, acercándose a una producción de 11.000 megavatios de celdas PV. Taiwán viene en segundo lugar, seguido por Japón, Alemania y los EUA. Aunque los políticos tienen derecho a preocuparse sobre dónde se fabrica el equipo de energía solar, también deberían considerar en dónde se va a consumir. Aunque Alemania se encuentra en 4to. lugar en la fabricación de celdas solares, es el líder, por encima de los demás países, en la generación de electricidad a partir de la energía solar, seguida por España, Japón e Italia. ¿Será posible que tanto los EE.UU. como China, los emisores más grandes de CO2, no sólo queden rezagados en el consumo de energía solar, sino también conviertan la crisis climática mundial en una guerra de comercio de energía renovable?

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