Educación

La educación de negocios en la encrucijada

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Por Horacio Arredondo, director Executive MBA, Escuela de Negocios UAI.

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Debemos retroceder más de un siglo para encontrar un momento histórico con cambios tan radicales como los que experimentamos hoy. La “Cuarta Revolución Industrial” estará caracterizada por la posibilidad de conectar campos antes inconexos. La inteligencia artificial, el machine learning, la robótica, la nanotecnología, la impresión 3D, la genética y la biotecnología nos permitirán no solo relacionarnos con la tecnología, sino que ésta sea parte, incluso, de nuestro organismo.

Los sistemas inteligentes crearán cambios disruptivos en la forma en que nos relacionamos, los modelos de negocios y el mercado laboral. En paralelo, la primera mitad de este siglo ha mostrado cambios significativos a nivel socioeconómico, geopolítico y demográfico, que han sido causa y consecuencia de los cambios tecnológicos.

Esta nueva realidad nos enfrenta a varios desafíos, entre ellos, el desafío del talento: cómo desarrollar talento nuevo, pero sobre todo, cómo reconvertir a la fuerza laboral para enfrentar el nuevo escenario. Aquí, la educación ejecutiva en negocios tiene un rol que jugar. Sin embargo, ésta se encuentra en una encrucijada. Debe romper con formas de enseñanza basadas en paradigmas de finales del siglo XIX, que fueron diseñadas para enfrentar los desafíos de principios del siglo XX.

Resulta crucial desarrollar el potencial del capital humano, para que sea capaz de navegar los cambios y disrupciones que se avecinan. Esto no se logrará con un management enmarcado en los antiguos modelos educativos; altamente especialistas y aislados de otras disciplinas, como la ingeniería y las artes liberales. La dicotomía entre humanidades y ciencias, junto con el foco puro en la teoría -en detrimento del contenido real aplicado- crean la necesidad de programas de management con nuevos paradigmas, tanto a nivel de contenido como de metodología.

Asimismo, la evidencia ha demostrado que la mera enseñanza de habilidades y competencias directivas no es suficiente. Un tercer elemento clave para que la tecnología entregue todo su potencial lo encontramos en la intersección entre cultura y ética. Los cambios culturales necesarios deben producirse con un norte ético claro, ya que corremos el riesgo de que la tecnología se utilice con fines cuestionables. Los casos de uso de big data para manipular votaciones son un claro ejemplo. Sin duda, esto se puede extrapolar a muchas realidades de negocio (de hecho, detrás de estas manipulaciones, han existido empresas dispuestas a hacerlo).

Entonces, ¿cuáles son los cambios que debe emprender la educación de negocios de posgrado?

En primer lugar, abandonar el “modelo instructivo”, en que el profesor transmitía conocimiento. Hoy este último es ubicuo: está disponible en distintos formatos y a un costo muy accesible. Esto hace que el rol de la sala y del profesor, cambien. Debemos transitar a un “modelo constructivista”, en el cual el conocimiento se reconstruye, logrando un relacionamiento experiencial con el mismo, dentro de un contexto histórico, social y personal.

Esto no es otra cosa que el “aprender haciendo”, en un contexto académico donde práctica y academia conversen. Y un paso más allá, no solo aprender a hacer, sino también ser capaz de aprender a desaprender. Esto no es nuevo. A principios de 1970 Alvin Toffler escribía: “Los analfabetos del siglo XXI no serán los que no saben leer ni escribir, sino los que no pueden aprender, desaprender y volver a aprender”. El momento de hacerlo ha llegado, y esto nos pone ante el segundo cambio relevante en la educación: ya no se trata únicamente de ayudar al estudiante a entender, repetir y aplicar; el desafío está en que desarrolle pensamiento crítico.

El Foro Económico Mundial, en su reporte The Future of Jobs de septiembre de 2018, establece cuáles serán las habilidades más demandadas en 2022. Entre ellas se destacan el análisis y pensamiento crítico, así como también, el ser innovador, creativo y capaz de aprender para resolver problemas complejos. Todo esto contando con liderazgo, inteligencia emocional e influencia social. El desafío radica en que las anteriores son habilidades de orden superior, que no se logran con el mero aprendizaje.

Por el contrario, su logro requiere desarrollar competencias y formas de pensar que no se encuentran en una única disciplina, si no que en varias de ellas, en especial las humanidades. Esta realidad, más la disrupción tecnológica, hacen que estudiar negocios se vuelva una experiencia multidisciplinaria, en la cual ciencias, tecnología y humanidades deben ser comprendidas para desarrollar los negocios del futuro. La colaboración interdisciplinaria entre distintas Escuelas y Facultades se torna un imperativo ineludible para lograr una adecuada educación de negocios de posgrado.

Por último, la interacción que logramos entre la tecnología y seres humanos aún está lejos de entenderse. Hoy no somos capaces de comprender qué ocurrirá en los próximos años. Esto hace que probablemente lo aprendido hoy, aún cuando sea de vaguardia, puede volverse obsoleto en pocos años. Con ello el “aprendizaje continuo” será un must en el futuro. Ofrecerlo y estar en permanente actualización para poder hacerlo es otro gran desafío. Esto se logra con una interacción real con los egresados, y con un cuerpo docente capaz de empujar los límites del conocimiento de forma continua.

En resumen, estamos en un momento incierto, donde la sociedad tiene mucho que analizar y entender. La colaboración entre sociedad, academia, industria y gobierno será ineludible. En dicha colaboración, las Escuelas de Negocios deben dar un salto adelante en sus formas de enseñar si quieren estar a la altura de las circunstancias.  

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