Finanzas

Empoderamiento Económico, la otra revolución de las mujeres

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Por Fernanda Vicente, presidenta de Mujeres del Pacífico.

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El próximo año, Chile, será sede de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). A la cita llegan los máximos líderes de estos países para analizar entre otros temas el de la mujer y crecimiento económico. Esta es la primera vez que se nos da relevancia en la cumbre y el eje de discusión será la participación de la mujer en la economía y el comercio internacional.

Que éste sea el tema a analizar no sólo es un acierto para Chile y la región que en estos momentos está remecido por movimientos de mujeres que buscan avanzar hacia la  igualdad, sino también por la creación de leyes o instrumentos públicos que fomenten la participación de la mujer en el mercado laboral, ya que hoy necesitamos generar herramientas de empoderamiento económico, punto en el que estamos muy rezagados.

En Chile, nuestra participación en el mercado laboral alcanza el 47%, dado que es la mujer en su mayoría, quien queda al cuidado de niños, enfermos o adultos mayores en el hogar; ganan un 25% menos que los hombres, por lo que su capacidad de ahorro es menor y todavía su sueldo es considerado como complemento al presupuesto familiar.

En la región el panorama no mejora mucho más. Según informe 2017 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la tasa de participación laboral femenina en esta región se ha estancado en torno al 53 % y el 78,1 % de las mujeres que trabajan lo hacen en sectores que la Cepal define como empleos de baja productividad, o sea bajos sueldos, poco acceso a tecnología, innovación y seguridad social.

Como consecuencia nos enfrentamos grandes brechas como una mayor aversión al riesgo por falta de conocimientos y herramientas; bajo acceso a redes de contacto y cadenas de valor; desconexión y desinformación, invisibilidad y desigualdad frente al financiamiento.

Para impulsar el avance de las mujeres y terminar con las asimetrías, debemos trabajar en su empoderamiento económico dándoles oportunidades para que puedan capacitarse e incluirse en la fuerza laboral o apoyarlas para emprender, pero emprender con calidad: con alto nivel de profesionalización, dando empleo con sueldos de mercado y por tanto, generando más valor social e impacto económico para sus familias, entorno y el país.

Ese empoderamiento económico debe partir en el colegio, con educación financiera; en los estudios superiores con herramientas o cursos de manejo de proyectos; promoviendo la inserción laboral; la educación temprana de habilidades digitales en las niñas; con el fomento de uso de plataformas de redes; con una política general de visibilizar más historias de mujeres que se han desarrollado. Más emprendedoras, significa menos asimetría y por tanto menos violencia de género; más paridad y también desarrollo país; porque cuando las mujeres avanzan no van solas, lo hacen con un entorno.

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