El valor del humanismo en la formación académica

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Por Amybel Sánchez, directora de Educación Continua, Internacional, Sostenibilidad y Seguimiento al Graduado de la U. San Martín de Porres.

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La cumbre World Academic Summit, realizada a finales de 2019 en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (Suiza), concluyó que diferentes universidades se encuentran en constante presión por exhibir cifras y porcentajes de sus operaciones. No hay duda de que los logros cuantitativos son referentes para el constante mejoramiento de la institución universitaria y hacen factible el posicionamiento dentro de los ránkings más prestigiosos. Sin embargo, no se debe dejar de lado la calidad y, sobre todo, la excelencia universitaria.

Es por eso que las universidades deberían centrarse más en hallar el talento, tarea que debería estar acompañada de la impartición de una base ética y moral a los estudiantes, con el fin de que sus decisiones como profesionales no sean meramente guiadas por razones transaccionales o economicistas. Asimismo, gracias a la filosofía los estudiantes estarán más propensos a investigar y comprender los diversos aspectos del mundo, a nutrir su conciencia crítica y a entender los orígenes de los conflictos. Esto se concatena con el desarrollo de la creatividad. Al cambiar de percepciones, tanto empresarios como académicos pueden aprender a gestionar el cambio de los entornos que los rodean. Además de las habilidades de comunicación y empoderamiento, el gestor o académico debe seguir un propósito ético. Esa es la fuerza fundamental de convencimiento si es que desea cambiar los hábitos de su personal y de otros líderes.

Una encuesta realizada durante el desarrollo de la cumbre demostró que la ambición es el factor más importante para la consecución del éxito en una investigación universitaria, lo cual da a entender que la predisposición por adquirir mayor conocimiento actualizado potencia el talento inherente de una persona. Esto se puede extrapolar con mayor claridad en el contexto laboral, donde se yergue la inteligencia artificial como una fuerza aparentemente avasallante en las diferentes ocupaciones. En esa línea, podría afirmarse que el trabajo cambiará su manera de desarrollarse en el largo plazo gracias a la introducción de las nuevas tecnologías en la cadena de producción, lo cual obligará a redefinir las concepciones tradicionales del salario, horarios, funciones del puesto e incluso los alcances del teletrabajo.

Con la finalidad de lidiar con esta realidad, se hizo hincapié en el llamado “aprendizaje 4.0”, en alianza con las últimas tendencias tecnológicas que aseguren un aprendizaje ágil, con modelos que proporcionen nuevas plataformas para la experimentación y la innovación educativa. Del mismo modo, la aplicación de los “recursos humanos 4.0” cambiaría la concepción sobre cómo se valora e invierte en el capital humano. Ante las nuevas exigencias, a lo largo de la cumbre se enumeraron una serie de habilidades requeridas por los empleadores, entre las que destacan aquellas que desencadenan el pensamiento analítico e innovador, y las que responden a las estrategias de aprendizaje y active learning; la creatividad, la originalidad y la iniciativa a la hora de plantear proyectos.  

Se están valorando cada vez más las ocupaciones caracterizadas por el aprendizaje continuo y la gestión de personas, nutridas de pensamiento crítico y creatividad. Por ese motivo, resulta esencial contar con un sistema educativo universitario de calidad y excelencia, que prepare a los futuros estudiantes para innovaciones futuras. Si no se establece un espíritu de investigación-acción predicado con el ejemplo, el panorama actual puede revertirse hacia un aislacionismo o inmovilismo peligroso. Del mismo modo, la ciencia no puede divorciarse de la práctica ética y de los aportes propios de las humanidades. Un divorcio entre estas dimensiones sólo tendría como resultado un constructo irracional, salvaje y ciego ante la alarmante necesidad de justicia y bienestar que desprende la ciudadanía y el cosmopolitismo global.

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