El papel de las escuelas de negocio

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Por Alberto Fernández Terricabras, profesor del IESE, Universidad de Navarra y director de Finaves.

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"Las cosas te pueden ir bien o mal, pero pase lo que pase, la formación que hayas tenido siempre te acompañará." Recuerdo las palabras de un colega mío hace unos años y mi señal de aprobación. La formación es algo importante en nuestras vidas; también lo es para el buen hacer de los directivos. Eso sí, ha de ser una buena formación: en temas relevantes, de forma rigurosa y con valores.

Relevancia. La relevancia requiere de programas bien diseñados atendiendo a las características de los alumnos y de profesores que conozcan bien la realidad de las empresas y del mundo en el que viven y que enseñen ideas útiles para el futuro trabajo de los directivos que se forman en las aulas. 

Por eso en el IESE el método fundamental de docencia es el método del caso en que los alumnos guiados por el profesor discuten sobre problemas reales que se encuentran otros directivos y sobre los que han de tomar decisiones. En los últimos años han ido apareciendo nuevas metodologías, como por ejemplo, las simulaciones, la educación a distancia a través del ordenador, pero los casos de empresas reales con problemas reales debatidos en un aula entre directivos o futuros directivos sigue siendo, en mi opinión, el método más adecuado para la formación de directivos.

Análisis riguroso. Uno de los grandes problemas de los directivos es dedicar tiempo a pensar y analizar de forma objetiva los pros y contras de cada decisión. En las escuelas de negocio hemos de formar para que piensen de forma rigurosa, lo cual requiere de herramientas de gestión pero también de enseñar a pensar con propiedad y precisión, es decir, con rigor, valorando pros y contras de cada alternativa de decisión y estableciendo planes de acción adecuados. 

En el IESE, por ejemplo, uno de los cursos que se imparte al inicio de los programas es Análisis de Situaciones de Negocio que tiene como objetivo enseñar a analizar con rigor los problemas hasta llegar a las decisiones y los planes de acción.

Formación con valores. La formación en las escuelas de negocio ha de tener claro que por delante de hacer negocios están las personas. Las personas son principio y fin en las empresas. Son el principio porque sin personas coordinadas buscando un fin común no habría empresas. Y porque todos sabemos que detrás de empresas exitosas hay personas con talento, capaces y buenos profesionales. Son el final porque uno de los objetivos de cualquier organización ha de ser velar por el desarrollo profesional y humano de las personas que en ella trabajan. En el IESE tenemos claro que formamos a las personas en conocimientos, actitudes y valores.

Las escuelas de negocio pueden tener programas más específicos (en el IESE son los programas enfocados) pero han de ser fundamentalmente generalistas, pues el trabajo del directivo también lo es. Más allá de que tenga una responsabilidad en una función determinada, la realidad a la que se enfrenta es multidimensional y compleja y requiere saber o, como mínimo, tener nociones, de temas muy diversos.

Un tema que siempre ha existido pero que se ha potenciado en las escuelas de negocio en los últimos años, es el del emprendimiento. Más aún, con la crisis, en que las posibilidades de buscar trabajos con remuneración por cuenta ajena, se han reducido. En los cursos del MBA del IESE, el número de cursos y sesiones de emprendimiento han aumentado. Los alumnos tienen la oportunidad, a lo largo del programa de pensar en ideas de negocio y desarrollarlas en un plan de negocio. Muchas escuelas de negocio, como el IESE, ofrecen además ayudas en forma de financiación y de consejos a sus alumnos para el lanzamiento de sus empresas.

Cuando se habla de emprendimiento y de crear empresas, muchos son los que consideran que la motivación principal de los emprendedores es ganar dinero. No es así. En la inmensa mayoría de casos, los objetivos principales que mueven a los emprendedores a tomar riesgos son el proporcionar a la sociedad productos y servicios útiles, y el dar trabajo a personas. Esto tiene que ver, en gran manera con lo de los valores. Una buena formación en valores ha de ayudar a que los actuales y futuros directivos, interioricen que han de poner su talento al servicio de la sociedad, velando por los intereses de todas las personas que tienen relación con las organizaciones en las que trabajan. ¿Cuál debe ser el objetivo de las escuelas de negocio? Ayudar a construir un mundo mejor.

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