Management

El Ageism y su impacto en la productividad de una empresa

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Por Noel Vila, gerente general de la productora de contenidos Jotax y directora de Comunicación de Grupo América de Argentina.

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El ageism consiste en discriminar, estereotipar o sostener prejuicios hacia una persona por su edad. Según el European Social Survey, el ageism es el tipo de discriminación predominante en Europa. Por su parte, la American Association of Retired Persons, reporta que dos de cada tres empleados de 45 años o más, han visto o vivido discriminación etaria en el trabajo. Cerca de los 60 años, muchos ejecutivos comienzan a sentirse desvalorizados durante el proceso de toma de decisión. Muchas veces no se contrata o directamente se despide a empleados mayores e incluso en los casos en los que hay un grupo de gente de esta franja etaria en una empresa, trabajan separados del equipo más joven. Lamentablemente, el ageism es un sesgo y problema habitual en el mundo de las empresas.

Sabemos que la experiencia nos ayuda en el proceso intelectual de toma de decisión. Gracias al “ya pasé por ahí”, “conozco ese camino” y también “he probado caminos alternativos”, nuestra capacidad de decidir es más rápida y certera. Por eso, el mejor camino para obtener resultados de manera eficiente es precisamente lograr una plena integración intergeneracional.

A veces nos quedamos con aspectos superficiales como el tradicional choque generacional: los jóvenes sosteniendo que los más grandes no entienden el mundo actual y los más grandes que los jóvenes no entendemos nada. El prejuicio existe en ambos lados, y superarlo es un desafío para todos. Sin embargo no es más que eso: un prejuicio. Tal vez una persona de mayor edad no esté familiarizada con las últimas tecnologías, o con ciertos modelos sociales, pero sí conoce perfectamente cómo definir, evaluar ideas; detectar o prevenir fallas de un modelo de negocio. Una persona joven, por otro lado, tal vez no tiene en cuenta o desconoce riesgos a la hora de pensar un plan de negocios, aunque conoce en profundidad las últimas tecnologías para poder implementarlo. Por eso el punto es hacer foco en el beneficio que surge de la integración, estas diferencias son justamente las que enriquecen al equipo y nos ayudan a lograr mejores resultados. Quedarse sólo con el choque de formas generacional es caer en una trampa, se necesitan ambas visiones para que una compañía crezca y alcance el éxito.

Es evidente -y estudios lo prueban-  que las empresas que tienen este sesgo pierden enormes oportunidades y generan equipos menos eficientes o que provocan mayores costos por falta de experiencia.

Hablamos mucho sobre la importancia de equivocarse. En teoría, es fantástico. Pero equivocarse comprometiendo las finanzas de una empresa implica poner en riesgo su viabilidad y por ende el sostén de muchas familias. El margen de maniobra y la posibilidad de tomar riesgos se reducen necesariamente en empresas maduras. Por eso reivindico el valor de la experiencia. Contratar personas experimentadas es tan fundamental como incorporar gente joven si queremos tener una empresa exitosa.

Afortunadamente en las empresas en las que trabajo la inclusión de gente de todas las edades se da de manera natural. He comprobado que cuando en el equipo existe interacción intergeneracional es posible llegar a una verdadera potenciación de nuestras capacidades. Sin embargo, no sirve de nada contar con gente de mucha experiencia si se la aísla en un pequeño grupo desconectado. Debe existir una integración real en la que pueda darse un intercambio respetuoso y enriquecedor.

Hasta la industria en la que trabajo empezó a tomar nota: cada vez vemos más roles para mujeres y hombres mayores de 65, vemos revistas internacionales tomando el tema, y es desde mi lugar que valoro el aporte de hombres y mujeres de más de 60 que me rodean profesionalmente: actrices, actores, periodistas, conductores, mentores.

Evitar la discriminación etaria va a requerir trabajar la concientización colectiva, como el movimiento de las mujeres lo ha hecho por el empoderamiento y el respeto. Poner este tema sobre la mesa es el primer paso para poder combatir el ageism. Muchas veces la discriminación etaria se hace de forma inconsciente y hay que estar alertas para no caer en estas prácticas.

Gran parte del rol del liderazgo consiste en enseñar a aprovechar la riqueza del trabajo intergeneracional y promover una cultura de respeto entre todas las generaciones.

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