Economía

¿El acuerdo con el FMI es el principio o el fin de una nueva era para Ecuador?

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Gabriel Rovayo, CEO de EFQM South America Pacific.

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Concuerdo con algunos analistas que dicen: que nuestra historia, como República, ha habido una larga lista de préstamos, deudas unas más impagas que otras por sus montos excesivos o por compromisos adquiridos sin saber si podríamos afrontarlos o no como nación.

Nos metimos en uno que otro lío y, como pudimos, salimos de ellos. Y cuando encontramos petróleo en nuestro territorio pensamos que todos nuestros problemas habían terminado ¡por fin! Pero ninguna fortuna dura para siempre si no se la administra adecuadamente. Y, nuestro papel como administradores, nunca ha sido nuestro fuerte.

Por décadas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) fue nuestro salvador en las épocas de economía en emergencia. Pero, con el tiempo, fuimos desarrollando con este organismo una relación de amor-odio que hizo que, finalmente, en la década de revoluciones ciudadanas y socialismos del siglo XXI, nos alejáramos de este nuestro antiguo bienhechor.

Hasta hace una semana, cuando el FMI aceptó conceder un préstamo por $4.200 millones, luego de una petición expresa de Ecuador y la firma de una carta de intención.  El Gobierno aspira, con este préstamo, iniciar un proceso de ajuste que para equilibrar la economía. La carta de intención firmada por Ecuador dice que este monto (que será desembolsado por partes) será destinado (en su primer pago de $230 millones) irán al Plan Anual de Inversiones (PAI).

Es decir, irá a un área descuidada, por no decir abandonada, pues en los últimos meses el manejo de la economía se limitó tan solo a apagar incendios. A mi criterio se necesita ir reparando lo que se ha ido dañando con el uso, para hablar en términos coloquiales.

En la carta de intención dirigida al FMI se habla del Plan de Prosperidad. El mismo que es descrito por el Gobierno como: (…) Coherente con los objetivos de nuestro Plan Nacional de Desarrollo y con los Objetivos de Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas para el año 2030 (…).

Estos cuatro pilares fundamentales lo sustentan: (…) i) reconstruir y fortalecer los cimientos institucionales de la dolarización; ii) generar empleo y crecimiento a través de mayor competitividad; iii) promover igualdad de oportunidades y proteger a los pobres y vulnerables; y iv) garantizar un clima de transparencia y buen gobierno. Para fortalecer el sistema de dolarización se requerirán acciones en los siguientes frentes: restaurar la prudencia en la política fiscal, fortalecer el marco institucional del Banco Central, aumentar la solidez del sistema financiero, y apoyar la generación de empleo con base en mayor competitividad y crecimiento

Pero, sobre todo, bajo mi punto de vista: intentar no caer en lo que ya caímos por los malos manejos de la última década, la recesión y la iliquidez. De allí que el reto es mantener liquidez en la economía y mantener a raya el déficit fiscal. Pues de no ser así, de no lograrlo se iría aumentando las carencias de sectores estratégicos como salud y educación. Y seguiría habiendo una extra salida de divisas, tan necesarias en un sistema dolarizado.

También creo prioritario destinar este préstamo, que viene con un mensaje de confianza hacia el país, al sector primario (producción básica): Agricultura, ganadería, pesca, minería, producción energética. Y al sector secundario (producción de bienes): Industria, construcción o manufactura. Porque si queremos recuperar la liquidez hay que producir. No funciona de otra manera.

En tiempos de recesión lo importante y urgente es procurar inyectar liquidez al sistema. Cuidando que los actores que lo reciban sean directos productores, que el sistema bancario convencional no vea mermada su competitividad, al ser afectada la tasa menor a la que se ingresan los recursos. Lo que provocaría solamente que el sector terciario se desincentive y provoque la salida de divisas. 

Las opiniones y voces sobre el acuerdo con el FMI son variadas, pero  es claro que ha sido casi como recurrir a nuestro último recurso. El FMI es la única entidad con la capacidad de crédito necesaria para proponer un programa de estabilización que nos permita ajustar los balances fiscales y externos en los próximos diez años.

El peor costo social de un país es  no tomar ninguna decisión, dejar la situación tal cual. La idea de buscar a los  organismos internacionales: Fondo Monetario Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo, nos permitirá tener los  fondos suficientes para que  esas reservas permitan impulsar el desarrollo del Ecuador.

Esto apenas empieza. La aceptación del FMI a otorgarnos un crédito de esta magnitud no significa que los tiempos de vacas flacas terminaron. Ahora empieza el reto de este Gobierno de administrar y hacer rendir eficiente esos recursos, demostrar que es posible ser buenos administradores, cambiar la historia.

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