Cuando llega el momento, lidera el cambio

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Por Laura Chicurel, CEO de Innova360.

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Últimamente nos hemos visto convulsionados por el quiebre del sistema y, en muchos casos, de algunos de los pilares que sustentan nuestra sociedad. Esto conlleva un luto por la pérdida, el dolor de lo que quedó atrás y moviliza a cambios intrínsecos en la manera de ver las cosas. Son cambios que convulsionan, desorientan, sacuden, pero que luego conllevan a una nueva realidad…y como en toda crisis y ley de caos, luego viene el orden. Es un sentido de urgencia y nos enfrentamos a una realidad inminente que nos atrapa sorpresivamente, al no haberse precavido con antelación y con altura de miras.

El tiempo es valioso y lo que pasa en nuestras sociedades puede ser fácilmente replicable en las empresas. ¿Es necesario realmente actuar de manera “reactiva” y esperar a que las amenazas sean tan inminentes que nos llegan a paralizar, tomando decisiones apresuradas para luego arrepentirse de lo que no se hizo con anticipación y mesura? ¿Dónde queda el pensamiento analítico que percibe, observa, escucha y cuestiona repetitivamente, permitiendo de esta manera percibir con antelación los cambios requeridos o las tendencias externas que amenazan nuestras organizaciones? 

Debemos poder ver más allá… dejando atrás miradas sesgadas y limitantes, cortoplacistas y de beneficio inmediato, para lograr percibir que lo verdadero, lo que perdura, se construye teniendo una visión más amplia de las cosas, con un propósito mayor. Pero esto requiere ciertas habilidades, como la capacidad de analizar y escuchar permanentemente… empáticamente.

Estamos frente a una gran oportunidad de reformular y replantearnos como reconstruir nuestras organizaciones con una nueva mirada, cambiando paradigmas. Podemos volver a formular la visión de las empresas y los valores que la sostienen, para poder coexistir con el entorno, pero esto requiere un nuevo estilo de liderazgo que lo conduzca y sepa encauzar a las empresas en esta dirección.

Requerimos en nuestras organizaciones líderes que estén dispuestos a replantear lo establecido, que logren vencer los miedos, y estén dispuestos a dejar atrás los convencionalismos de las estructuras que han conducido a las organizaciones a no ser lo suficientemente permeables para incorporar los cambios necesarios; nuevas culturas de trabajo donde lo que prime sea la capacidad de estar permanentemente cuestionando el “status quo” e integrando, en el más profundo sentido de la palabra, el poder “escuchar” y ver las señales: internas a la organización, externas e individuales.

Dichos líderes requerirán la capacidad de liderar a un nivel más alto de conciencia y de conciencia colectiva. Es aquí donde surge la interrogante de si realmente contamos en nuestras organizaciones con dichos líderes, o si se cuenta con las estructuras necesarias para fomentar el desarrollo de éstos.

Esto debiese abrir un espacio para evaluar los métodos de contratación actuales, en los que debiesen primar dichas habilidades de pensamiento crítico más que conocimientos técnicos, experiencia más que estudios, fomentar la meritocracia... celebrándola activa y abiertamente, dar énfasis en la educación de quienes integran las organizaciones y generando los espacios necesarios a la creación para que éstos puedan germinar.

El camino siempre es duro para llegar arriba y sabemos que los grandes, los que llegan lejos, no es porque de alguna u otra forma lo hayan ‘heredado’. Los que verdaderamente triunfan son aquellos en los que prima el coraje, la tenacidad, perseverancia, disciplina y pasión para desafiar y crear.

Valoremos y fomentemos aquellas habilidades que permitirán construir las organizaciones y sociedades del mañana, abramos el espacio para la recreación, incorporando lo ya aprendido y no dejemos que el miedo nos frene.

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