Conócete a ti mismo

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Por Rafael Ortega Ryberg, principal LTC, Korn/Ferry International, Colombia & Ecuador.

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Para la mayoría de nosotros, es frecuente sorprendernos al encontrar que los demás nos perciben de una manera diferente a la manera en que nos percibimos.

Si bien se habla con frecuencia acerca de la importancia del autoconocimiento, en la práctica esta capacidad es más bien escasa. Y no debería serlo. Un estudio reciente concluye que la capacidad de vernos a nosotros mismos de igual manera a como nos ven los demás, es la variable que mejor predice el logro de altas evaluaciones de desempeño. En otras palabras, el nivel de conocimiento de uno mismo está relacionado con el éxito profesional.

A pesar de que tenemos conciencia de algunos de nuestros comportamientos, tenemos una fuerte tendencia a dejarnos llevar por los hábitos que hemos desarrollado a lo largo de los años. Operamos por piloto automático y como resultado, no somos plenamente conscientes de nuestras acciones y del impacto que éstas tienen sobre los demás. Varios estudios sugieren que si bien las auto evaluaciones tienden a representar relativamente mejor nuestras fortalezas, en general no son un buen reflejo de la calidad de nuestras habilidades interpersonales y del nivel de nuestro desempeño, debemos complementarlas con la visión de otras personas como resultado de la interacción frecuente.

En cuanto a nuestras fortalezas, el buen conocimiento debería abarcar las cosas en las que somos buenos, en las que tenemos un desempeño promedio, y aquellas en las que somos fuertes pero que tendemos a utilizar en exceso. También debemos ser conscientes de aquellas cosas en las que somos malos y en especial, identificar nuestros puntos ciegos, aquello en lo que creemos que somos buenos cuando en realidad no lo somos. Finalmente deberíamos tomar conciencia de las cosas que aún no hemos tenido la oportunidad de experimentar y desconocemos cuál será nuestro desempeño en ellas.

Es muy importante tomar conciencia de cuáles son nuestros puntos ciegos, puesto que éstos pueden llegar a ser más peligrosos que nuestras debilidades. Cuando creemos que somos buenos en algo cuando en realidad no lo somos y actuamos con base en esta creencia, nuestra actitud confiada invita al desastre. Incursionamos en áreas en las que deberíamos actuar con humildad y precaución, y en lugar de ello, podríamos estar haciéndolo de manera imprudente y arrogante.

Para mejorar podríamos seguir algunas prácticas. En primer lugar, tener la capacidad de pedir retroalimentación negativa de manera explícita. En general las personas son renuentes a darnos retroalimentación, aún más cuando es negativa y la mejor manera de obtenerla consiste en solicitarla explícitamente, lo cual naturalmente requiere que seamos seguros de nosotros mismos. Es probable que en respuesta a nuestra intención de buscar y aceptar esta retroalimentación, las personas tengan a su vez una actitud más positiva hacia nosotros.

Segundo, deberíamos buscar retroalimentación de más de una fuente. Puesto que diferentes grupos de personas tienden a percibir mejor ciertas competencias que otras. Nuestros jefes pueden evaluar mejor nuestra capacidad para analizar problemas y nuestro nivel de comodidad al interactuar con la alta dirección.

Nuestros clientes internos o externos, nuestra habilidad para escuchar. Nuestros pares, la capacidad para mantener nuestras promesas. Nuestros subalternos saben de primera mano qué tan asequibles somos, qué tan bien manejamos nuestras emociones bajo presión y qué tan bien delegamos.

En tercer lugar, es importante asegurar la relevancia de las personas a quienes pedimos retroalimentación. Idealmente, son personas con las que interactuamos de manera repetitiva.

No deberíamos perder de vista que tanto nuestros amigos como nuestros enemigos son relevantes para este ejercicio. Si bien nuestros amigos tienden a ser más generosos en sus apreciaciones, estudios sugieren que ambos tienden a identificar de manera consistente nuestras fortalezas y debilidades.

Finalmente, debemos procurar mantener nuestra arrogancia bajo control. La verdad es que tendemos a ser menos abiertos a la retroalimentación cuando hemos logrado acumular muchos éxitos de manera continua. Si las personas piensan que somos arrogantes, probablemente serán más duros en sus apreciaciones hacia nosotros. En realidad el ejercicio de autoconocimiento nunca termina. No podemos perder de vista que su relevancia consiste en qué tan constructivamente lo utilizamos en nuestra vida profesional y personal que obtenemos a través del tiempo.

Conócete a ti mismo La capacidad de vernos como nos ven los demás, es la variable que mejor predice el logro de altas evaluaciones de desempeño.

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