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Desastres naturales: parte del risk management

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Las catástrofes naturales son frecuentes en América Latina y otras economías emergentes. A pesar de que los efectos son nocivos para las empresas e industrias, todavía hay mucho camino por recorrer en las acciones y medidas que ayuden a mitigar los riesgos.

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Hace poco más de un año la costa oeste de EE.UU. sufrió por el huracán Sandy, de cuyos daños muchos todavía no se recuperan. Al sur del continente, el terremoto que estremeció a los chilenos en febrero de 2010 ha dejado cicatrices en la geografía, y la economía. En Japón aún lidian con los problemas con Fukushima. Estas son algunas de las catástrofes cuyas imágenes recorrieron el mundo por su dramatismo, y provocaron pérdidas millonarias a niveles locales y nacionales.

A la lista se suman muchos más eventos. Además de huracanes y terremotos, las regiones están expuestas a sufrir las consecuencias de inundaciones, tormentas locales, sequías, tornados o nevadas. Un estudio reciente de Euromonitor International demostró el grado en que los desastres naturales afectan las economías emergentes, explicando cuánta disrupción sufren las cadenas de suministro y distribución, la producción agrícola y las finanzas, entre otros, impactando el consumo doméstico, las exportaciones internacionales y por tanto los negocios a nivel doméstico y global.

A pesar de las amenazas potenciales a raíz del cambio climático y del riesgo latente en zonas sísmicas, llama la atención que el sector privado aún no toma todas las medidas posibles para prevenir en lo posible los daños, y trazar estrategias de reacción a las crisis que garanticen la continuidad de operación y por tanto la sostenibilidad de los negocios.

Desastres naturales y manejo del riesgo

Jorge Ayala, profesor de Management estratégico en la Escuela Graduada de Administración de Empresas (EGAE), de la Universidad de Puerto Rico, indica que “el objetivo principal de la gestión de riesgo y continuidad del negocio es establecer las estrategias y controles necesarios para prevenir o minimizar los trastornos en las operaciones por eventos riesgosos”. En este sentido, “el manejo del riesgo es un área de creciente importancia para las organizaciones, la mayor parte de las firmas ya cuentan con equipos dedicados a este aspecto”, dice David L. Kelly, director de Estudios de Postgrado del Departamento de Economía de la UM Business School.

Ciertamente, desde la crisis financiera de 2008 las empresas han dado pasos para controlar el riesgo financiero, pero aún queda trabajo por hacer en cuanto a la prevención y reacción ante desastres naturales. Con todo, no es porque las pérdidas sean reducidas.

Businessweek reporta que en EE.UU. alrededor de una cuarta parte de los negocios dañados por algún desastre natural fracasa como resultado. Mientras, en Chile, Luis  Cifuentes, director del Centro Nacional de Investigación para la Gestión Integrada de Desastres Naturales de la Universidad de Chile, advierte que “el sismo de 2010 ocasionó daños valorados entre los 20 o 30 mil millones de dólares a la economía, mitad del sector privado y la otra del sector público. Sin embargo, el total asegurado fue sólo de 4 mil millones”.

Ayala señala que “uno de los pasos fundamentales es la identificación y priorización de riesgos. Dependiendo de la complejidad del entorno de la empresa, su capacidad para recolectar y analizar información sobre eventos adversos acontecidos y su sistema de planificación operacional, la identificación de riesgos podría ser un proceso formal y exhaustivo, como podría ser un informal y simple. La priorización se realiza utilizando el famoso binomio probabilidad-e-impacto, donde a cada riesgo identificado se le asigna una probabilidad de que el mismo se materialice y, de ser así, cuál sería el posible impacto”.

Kelly ilustra cómo puede variar la medición de los riesgos. El profesor de UM pone el ejemplo de Royal Caribbean, firma que ofrece servicios turísticos de viajes en cruceros, la cual ya “ha dado pasos para proteger sus naves y demás recursos del efecto de huracanes, pero todavía encuentra desafíos para controlar el riesgo de un potencial contagio en uno de los barcos, o el fallo de un motor en alta mar”.

Tomando el proceso de priorización descrito por Ayala, llama la atención que las empresas de buena parte de los países latinoamericanos aún tienen labor que realizar y conciencia que ganar. Cifuentes comenta que las normas de construcción en Chile han mejorado a niveles óptimos con el paso de los años, pero otras áreas carecen de normas. Por ejemplo, “no hay normas de confiabilidad ni desempeño de las telecomunicaciones que garanticen el funcionamiento durante un desastre”.

Para los pequeños negocios la preparación puede ser un factor decisivo en su sostenibilidad. Existen estrategias que pueden ayudar a transferir parte del riesgo y mitigar el posible impacto. A veces acciones simples pueden ayudar a minimizar los riesgos. Por ejemplo, mantener respaldo de información en archivos en la nube puede ahorrar dolores de cabezas ante la pérdida de hardware. En cualquier caso, Ayala explica que luego de que la empresa ha evaluado la disponibilidad de sus recursos, debe pasar a “estimar la asignación de estos, tipo y estrategia de respuesta y otros elementos de contingencia”. Con todo, las pymes suelen limitarse a seguir las regulaciones establecidas en su lugar de operaciones, sean seguros de propiedad o fuerza laboral flexible.

Para ayudar en la priorización de riesgos, Kelly comenta que las empresas pueden ayudarse de los datos y estadísticas que evalúan la relación entre la probabilidad y el tamaño del impacto. En este sentido, advierte que es más sencillo protegerse de los eventos cuyas consecuencias son conocidas, que de los menos estudiados. “Desastres naturales como los huracanes son relativamente fáciles de controlar, porque los riesgos son bien conocidos. Sin embargo, otros riesgos son más complejos de manejar debido a que las probabilidades no están claras, ni los impactos se pueden documentar para establecer patrones. Seguramente BP tenía muy poca idea de la trayectoria dramática que tomaría el derrame en el Golfo de México”.

Otro elemento interesante es que la investigación de management dentro de la academia todavía no dedica la suficiente atención a este tipo de temas, según indica Cifuentes. “No hay una línea de investigación académica al respecto en el país, a excepción de algunos proyectos aislados de profesores específicos. A nivel gubernamental el ministro de vivienda está dedicando el grupo de riesgos catastróficos a hacer estimaciones, pero los esfuerzos son iniciales aún”.

Por su parte, entre los intereses de investigación de Kelly se incluye determinar las variables de probabilidad e impacto de los riesgos menos conocidos y encontrar fórmulas que ayuden a aminorarlos. Por ejemplo, a nivel financiero una empresa puede invertir en acciones de una aerolínea y una petrolera. “De esta forma, si los costos del combustible suben, el accionista pierde con la aerolínea, pero sus pérdidas son mitigadas por las ganancias que reporta la petrolera”, comenta Kelly. 

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