Comercio

Cómo las Universidades aprovechan la propiedad intelectual

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Aunque los radicales aún critican la aplicación de regulaciones de propiedad intelectual a la producción académica, lo cierto es que su empleo ha generado un clima mucho más colaborativo y seguro en universidades del mundo y América Latina.

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En comparación con el resto del mundo, América Latina no sobresale en temas de comprensión o respeto a la propiedad intelectual. En lo relacionado al trabajo de universidades y otras instituciones de educación superior, ciertamente está mucho más avanzado, pero aún se existen áreas susceptibles a mejorar. Es una cuestión compleja que levanta polémicas, en tanto el debate continúa acerca de en qué medida los productos del conocimiento deben ser de acceso abierto, o cómo proteger y garantizar la remuneración del investigador y creador de ese conocimiento. 

En lo específicamente concerniente a cómo las escuelas de negocio toman en cuenta estos marcos regulatorios, y cómo las investigaciones de sus claustros y los aportes de los estudiantes pueden afectarse por las pautas de esas leyes, se genera aun otro tema a debatir. Sin dudas, mucho del trabajo de emprendedores y ejecutivos, de las relaciones entre las escuelas y el sector privado y público, así como los proyectos estudiantiles y del claustro van a regirse y deben observar las regulaciones de la propiedad intelectual.

En el estudio Gestión de Propiedad Intelectual e Industrial en Instituciones de Educación Superior, publicado por la brasileña Universidad de Campinas en 2009, se define propiedad intelectual como “lo que tiene que ver con las creaciones de la mente: invenciones, obras literarias y artísticas, símbolos, nombres, imágenes, dibujos y modelos utilizados en el comercio”. Dentro de esa definición amplia, se desprenden infinidad de pautas establecidas que contemplan innovaciones de todo tipo, desde software hasta soluciones organizacionales del flujo de trabajo, desde invenciones biotecnológicas a los descubrimientos de investigaciones realizadas por candidatos a programas de doctorado en todas las universidades.

Innovación, patentes, investigaciones

En cualquiera de las escuelas más importantes del mundo o regionales, se encontrarán contribuciones significativas hechas en cualquiera de las áreas de innovación, patentes, y las investigaciones. Por ejemplo, resulta de sobra conocido cómo la evolución de Silicon Valley está ligada a la Universidad de Stanford y cómo Boston se ha convertido en hervidero de emprendimientos por la presencia de MIT. En otros lugares también se nota esta mutua influencia: Barcelona, Tel Aviv, Londres, Santiago, Miami... Un ejemplo interesante es el desarrollo que más recientemente se nota en la ciudad mexicana de Querétaro, donde también se sitúan campus del Tec de Monterrey, la Anáhuac, además de la Universidad Autónoma de Querétaro, por mencionar algunas.

La zona de Valparaíso y Viña del Mar, en Chile, ya aparece en los mapas por su potencial de crecimiento, la efectividad de costos, su puerto privilegiado y la mejora de sus infraestructuras. En Valparaíso precisamente está localizada la Universidad Técnica Federico Santa María (USM). La USM es reconocida en la región por los continuos aportes de sus alumnos en temas de innovación y las investigaciones del claustro. Tomás Santibáñez, Director General de Investigación y Postgrado de la USM, señala que “la universidad involucra y apoya a sus estudiantes en los procesos de generación de tecnologías y protección de la propiedad industrial. Una regla actual indica indica que debe considerarse cuando 'la invención provenga de una tesis y la idea sea del alumno', y toma en cuenta la participación de este en las ganancias potenciales que produzca una patente”.

Otro ámbito que se ve influido por estas normas son las colaboraciones en investigación entre profesores de distintos países, donde los marcos regulatorios pueden ser distintos. En este sentido, Santibáñez describe cómo “normalmente las colaboraciones comienzan con acuerdos macros, los cuales luego van derivando en proyectos más específicos donde se tratan de forma más específica aspectos como propiedad intelectual e industrial”.

Ciertamente, el paso acelerado de la globalización hace que las escuelas locales y globales actúen para estimular las investigaciones conjuntas. En el caso de la Darden School of Business, de la Universidad de Virginia en EE.UU., S. Venkataraman, decano asociado al claustro y la investigación, dice que “la escuela no limita a los profesores en sus colaboraciones con académicos de otras universidades o escuelas de negocio, de hecho muchas de sus publicaciones comparten créditos con profesorado de otros centros, aunque los miembros de Darden sí deben obtener el permiso del decano cuando se trata de enseñar fuera de la escuela”.

Pero incluso las investigaciones y obras internas producidas por personal no sólo de Darden, sino en general de la Universidad de Virginia, deben regirso por políticas ya sancionadas durante tiempo. Según Eric L. Fletcher, director de Enterprise Compliance en la oficina del decano, en la universidad se “mantiene una política de 'no exclusividad', 'libre de beneficios', cuando el uso de los trabajos o productos es para fines no comerciales. En el caso que devenguen beneficios de trabajos sujetos a leyes de derecho de autor, la parte de la escuela es usada a discresión del vicepresidente de investigación para apoyar la continuidad de la misma, y otras actividades escolares”.

¿Secretos y plagios?

Mucho se ha avanzado para proteger el trabajo tanto de alumnos como de académicos de robos de ideas. La mayoría de los profesores y expertos indican que por lo general los investigadores se sienten en libertad de discutir sus proyectos sin temor.

Fletcher observa que dentro del campus de Darden se percibe “un ambiente colaborativo, donde las ideas, conceptos y proyectos se comparten hasta como material de cursos. También están en pie normas académicas rígidas que exigen la citación de otros materiales”. Eric añade que en el caso de los estudiantes, el avance de la tecnología ha facilitado el uso de software de revisión y otras herramientas de verificación que hacen muy efectivo el proceso de evitar y detectar plagios.

La situación varía un poco en el escenario latinoamericano. Santibáñez refiere que en Chile y América Latina “el tema de la propiedad intelectual históricamente no ha tenido la importancia que posee en otros países desarrollados. Si bien las obras se protegen, es práctica común que estas se copien. Basta considerar el comercio informal que opera en la comercialización de obras literarias, musicales, cinematográficas entre otras”.

Las razones son históricas y culturales. Sólo hasta comienzos de la década de 2000 se comenzó a poner énfasis en el tema y a trabajar seriamente por generar conciencia al respecto. “En general existe mucho desconocimiento, por otra parte, no se puede dejar de señalar que estudios realizados han determinado que por ejemplo, muchas patentes de invenciones de grandes empresas multinacionales provienen de conocimiento generado inicialmente en Chile”, concluye el director de investigaciones en USM.

Por otro lado, Venkataraman llama la atención sobre un aspecto que también genera debate cuando se toca el tema de la propiedad intelectual. Tiene que ver con conflictos internos que enfrentan los investigadores puestos en la disyuntiva de recibir ganancias y restringir el uso a un descubrimiento que potencialmente podría ser útil y generar mejoras a la calidad de vida de multitudes. “En el caso específico de las escuelas de negocio, a diferencia de facultades de ciencias o ingenierías, no se ven conflictos de esta naturaleza. Los investigadores están más interesados en publicar sus estudios en dominio público, ya que así ganan más reputación académica y se dan a conocer servidores del bien común. Cuando sus ideas se vuelven populares, los profesores suelen recibir más beneficios en forma de pagos por presentaciones en conferencias, o servicios de consultorías a otras organizaciones. O en el caso que publiquen libros sí reciben los pagos por derechos de autor. Muy pocas investigaciones en las escuelas de negocio conducen a productos patentables”.

Por esta línea se dirigen cada vez más escuelas de negocios, las cuales están facilitando el acceso masivo a cursos y conferencias de sus profesores (MOOC) y obras publicadas. Recientemente destacan los ejemplos de Yale, MIT y Stanford.

Fletcher advierte que desde su perspectiva, “las escuelas más inteligentes están usando todas las avenidas y canales disponibles para distribuir sus investigaciones y materiales. Facilitar un acceso más amplio es el objetivo detrás de iniciativas como los MOOCs, los iTunes U, los canales en YouTube y la presencia en los social media”.

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