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Ashleigh Shelby Rosette habla sobre el racismo en la oficina

Según prueba un estudio reciente, los insultos raciales no desaparecen de los entornos corporativos como síntoma de la competencia entre grupos sociales. AméricaEconomía profundiza sobre las implicaciones y potencialidades de la investigación.

Autor: Jennifer P.Roig

1/07/2013

Ashleigh Shelby Rosette, profesora asociada de la Fuqua School of Business de la Duke University, es también parte de un equipo de investigadores de EE.UU., Canadá y Reino Unido, quienes unieron esfuerzos para conducir un estudio que abordó los insultos raciales como un problema que se mantiene vigente dentro de los contextos laborales. 

Publicado en Organization Science Journal con el título “Why Do Racial Slurs Remain Prevalent in the Workplace: Integrating Theory on Intergroup Behavior”, uno de los principales resultados identificados por el estudio apunta a que son los hombres blancos, como miembros del grupo social dominante dentro del entorno corporativo, los más propicios a emitir insultos raciales, o no reaccionar ante estos. 

Dada la relevancia del tema de las relaciones sociales entre distintos grupos étnicos, raciales y de género en un contexto como el de hoy, en el cual la globalización gana terreno y donde la diversidad se supone sea beneficiosa para maximizar los resultados de los equipos de trabajo, un estudio de esta naturaleza resulta muy relevante además de revelador.

¿Cuál fue el propósito que originó llevar a cabo el estudio?

El propósito original fue hacer un intento por entender mejor las dinámicas de relaciones que ayudan, permiten, o conducen al uso de insultos racistas en el centro de trabajo. 

¿Cuál puede ser la relevancia de realizar un estudio de este tipo dentro de un ambiente corporativo, en lugar de otro tipo de institución?

Fotografía: Ashleigh Shelby Rosette

Los insultos racistas, de alguna manera, llegan a ser lugar común en varios ambientes laborales. Sin embargo, la investigación acerca de este tema en particular es escasa dentro de contextos organizacionales. Es decir, los insultos raciales han constituido un tópico fundamental de estudio dentro de disciplinas como estudios legales, comunicacionales y psicología social, pero no abundan dentro de los estudios organizacionales. 

Por lo tanto, como autores nos dimos cuenta de que existía una visión relativamente incompleta sobre conceptos y experiencias relacionadas con los insultos raciales en ambientes corporativos y organizacionales. Entonces decidimos que este fuera el enfoque de la investigación con el objetivo de ayudar a cubrir este vacío de conocimiento, y ganar una comprensión más profunda acerca de la perpetuación de los insultos raciales en la oficina o centros de trabajo en general. 

Si se toma en cuenta que los insultos raciales, o de género, son una manifestación social de prejuicios que están inmersos en las culturas de las sociedades, ¿cómo usted cree que debería actuar un manager para limitar la repetición de estas actitudes y comportamientos en la oficina?

Nuestros resultados sugieren que cuando se comparan distintos grupos sociales, aquellos miembros de grupos socialmente dominantes son más proclives al uso de insultos raciales y también suelen pasarlos por alto o no reaccionan cuando estos tienen lugar en su presencia. 

En consecuencia, los managers deberían preocuparse por establecer relaciones y un clima de trabajo que minimizara los insultos raciales en particular y los prejuicios en general. Para ello, deben tener en cuenta que para este fin, lo más indicado es comenzar con los grupos socialmente dominantes. 

¿Cree que bajo managers mujeres se reduciría el uso y/o la reacción permisiva, al uso de insultos raciales en la oficina? ¿Cómo explica la diferencia entre el comportamiento de las mujeres y los hombres?

La razón es que los hombres son comúnmente los principales receptores de las recompensas y beneficios dentro del contexto organizacional. Por tanto, ellos son más propensos que las mujeres a tomar parte en la competencia intra-género y la agresión intra-género. 

A raíz de esto, tiene sentido que los hombres (blancos) empleen más los insultos raciales, como forma de agresión interpersonal, hacia otros hombres (negros) porque los insultos representan una manera simbólica de reforzar su posición dominante y de retener más recursos organizacionales, dígase estatus, poder y capital. 

¿Cree que estos resultados se remiten con exclusividad a los hombres blancos como grupo dominante, o también se podrían trasladar a cualquier otro grupo mayoritario o dominante en otros lugares del mundo, dentro de contextos culturales diferentes y otras composiciones raciales?

La premisa teórica que propusimos, y sobre la cual trabajamos, estuvo basada en la desigualdad social, una condición que define que distintas categorías de grupos sociales tendrían niveles desiguales de acceso a los recursos. La desigualdad social no se limita únicamente a las relaciones entre hombres negros y blancos, o con las mujeres, sino que es ubicua en el sentido que se traduce a la mayoría de las comunidades. Esto implica que la desigualdad social puede resultar de otras diferencias sean religiosas, de clase, edad, u orientación sexual. 

Lo que encontramos potencialmente puede ser aplicable a cualquier sociedad dentro de la cual existan grupos sociales posicionados distintamente, con un acceso desigual a los recursos materiales.

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