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De la caridad pasiva a la filantropía estratégica

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Por Rosa Madera Núñez, socia fundadora de Empatthy, firma de Filantropía Estratégica, y ex directora ejecutiva de la Fundación Familiar Ibáñez Atkinson.

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Warren Buffet inversor y empresario pensó mucho como donar su dinero y a quien, antes de hacer sus grandes aportes filantrópicos, incluso el Sr Buffet fue partidario de que el Estado norteamericano subiera los impuestos a los súper ricos para acabar con las inequidades existentes, sin embargo, no optó por esa idea.

¿Por qué? El filántropo es quien decide a qué causa se destina el dinero mientras que, en el caso del gobierno, es éste quien establece sus prioridades, en función de los impuestos. Sin embargo, Buffet creyó que donar a la fundación de su amigo Bill Gates y su esposa iba a ser más efectivo y eficiente, ya que ésta reunía un conjunto de características que harían más efectiva su donación. El caso es que su gran aporte hizo reestructurar los programas de la institución para ser más ambiciosos en sus metas, ya que no se contaba con su aporte de 1.500 millones de dólares. Nos encontramos aquí con un caso de filantropía estratégica.

Mi experiencia coincide con el caso antes señalado, que también se relaciona con la llamada Filantropía Estratégica o con impacto. A través de ella se logran cambios muy transformadores y duraderos, ya que a la decisión de dichas donaciones le anteceden estudios rigurosos, visitas de campo reveladoras y estudios de modelos exitosos, de forma que incluso se mejoran en su adaptación.

Las buenas intenciones ya no bastan. En los últimos años se ha acumulado mucha literatura y experimentos prácticos que ilustran la importancia de medir el impacto de manera rigurosa. No basta con ayudar. La ayuda tiene que dar resultados significativos a un costo razonable. La historia reciente de la filantropía está llena de ejemplos de buenas intenciones que no tienen resultado o que lo tienen a un costo estratosférico.

Para lograr un buen impacto quien quiera hacer filantropía estratégica debe considerar un conjunto de pasos:

Precisar el tema estableciendo el reto que se quiere conseguir, teniendo a la vista la comunidad a la que -en concreto-se dirigirán los fondos, su localización geográfica, las características de sus habitantes, etc. (Un ejemplo general puede ser cómo mejorar la comprensión lectora de los niños o, más específicamente, cómo hacerlo en una comunidad rural).

Estrechar el campo de actuación estableciendo los focos de atención en donde pueden iniciar los temas con los que vibran (por edades de los niños, por colegios).

Definir el objetivo a seguir, ya que no es suficiente tener claro cuál es el reto que se quiere alcanzar, sino que hay que pensar también, desde un inicio, cómo será el resultado a obtener, fijando indicadores (por ejemplo, llegar a cuarto básico con un vocabulario determinado).

Las fundaciones familiares con presupuestos más generosos, las empresas dentro de su responsabilidad social empresarial con la nueva mirada de ser marcas con conciencia y ciudadanos corporativos, los empresarios, los family office que hacen inversiones con impacto y todo el sector sin ánimo de lucro deben estar alineados a esta nueva mirada para conseguir hacer los cambios que persiguen y que se necesitan.    

Resulta primordial por tanto mejorar la realización de estudios de medición del impacto generado por las obras filantrópicas y la eficacia y eficiencia, orientándolas hacia una nueva visión estratégica.

Para que las fundaciones utilicen todo su potencial como generadoras de progreso social, Porter &Kramer (1999) sugieren cuatros caminos a seguir que tiene mucha relación con lo que hemos llamado la Filantropía Estratégica. Estos caminos son:

1. Selección de los mejores receptores de ayudas: las fundaciones deben hacer un gran esfuerzo a la hora de evaluar y seleccionar a las instituciones receptoras de los recursos. Se debe primar aquellas que actúen de una manera más eficiente a la hora de paliar problemas sociales. De este modo, la fundación se asegura de que los fondos se utilizan de la forma más productiva posible.

2. Ligado con el punto anterior, el buen uso de técnicas de evaluación y selección debe servir a la fundación para señalizar su modo eficiente de trabajar y que ello sirva de ejemplo para otros donantes. Mi experiencia es que la evaluación es el, método que predomina en el sector sin ánimo de lucro. En ella se comparan los objetivos planteados con los resultados obtenidos y en este caso es necesario que los objetivos sean concretos y cuantificables. También se evalúan los procesos: analizando en detalle el proceso y se identifican los puntos a corregir. Otro indicador cada vez más presente es el ROI social (Social Return on investments) ratio que mide la relación entre los fondos invertidos en un proyecto y los beneficios obtenidos (es decir, el rendimiento de una inversión). Esto puede ser útil para tomar decisiones entre varios programas.

3. Mejora del desempeño de las instituciones receptoras: el rol de las fundaciones, empresarios y empresas no debe limitarse a dar dinero, sino que a conseguir un mejor uso de estos fondos. Tienen que implicarse en la actividad de los receptores, ayudando a garantizar el uso eficiente de los recursos, esto es lo que yo llamo Filantropía involucrada.

4. Promoción de la investigación: la mejor forma de crear valor social es mediante el fomento de la investigación, que busque las formas más eficientes de solventar los problemas sociales.

En función de lo anterior, ¿hacia dónde debería ir la filantropía, si quiere ser realmente estratégica? En primer lugar, debe aplicarse y preocuparse de los puntos débiles de la inversión, que hemos logrado identificar como una mejor focalización y definición de los proyectos, por una parte, así como un mayor esfuerzo en la seria evaluación de los resultados, por otro.

Como muchos apuntan, se trata de aplicar métodos empresariales ya existentes que lleven a una mejor gestión de los fondos invertidos. Además, los empresarios deben tener en cuenta que las actividades filantrópicas de sus empresas tienen una repercusión positiva sobre los resultados de las mismas. Las empresas tiene que estar abiertas a escuchar y dar una respuesta a las demandas sociales de sus clientes y partners e igualmente deben abrirse al exterior para difundir sus principios e influir sobre la transformación de su cadena de valor. Tienen que tener una visión a largo plazo que va más allá de los puros objetivos económicos cortoplacistas y tratar de desarrollar relaciones sostenibles con sus stakeholders y su entorno.

En definitiva, la Filantropía Estratégica es el camino que se está siguiendo en EE.UU. y en muchos países europeos. Chile y el resto de América Latina tendrán que incorporarla rápidamente. No sólo permite un mejor rendimiento de las donaciones, logrando mejores efectos en las distintas áreas escogidas en tiempos de presupuestos ajustados, sino que también contribuye a relegitimar el rol de la empresa en las comunidades y en el desarrollo de sus países.

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